domingo, 25 de febrero de 2018

Cuaresma: dos muros a derribar



Decía san Doroteo que “un muro de separación entre el hombre y Dios” solo puede ser destruido con la humildad. El principio de la Cuaresma siempre  hace plantearnos la relación con Dios. Los Miércoles de Ceniza se comprueba fácilmente la mayor asistencia de fieles en las Misas para recibir la imposición de la ceniza. Ponerse delante de un sacerdote, inclinar la cabeza y escuchar mientras se nos hace la señal de la cruz  “convertíos y creed en el Evangelio” o “acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”, es ya una manera humilde de reconocer nuestras miserias. Es una buena acción no obligatoria, pero sí recomendada para plantearnos que la conversión es el principal objetivo de este tiempo litúrgico en el que la Iglesia nos invita a participar plenamente. 

La Cuaresma pretende prepararnos para vivir con hondo sentido participativo, sobre todo espiritualmente, el significado de la Semana Santa. Un texto que te puede ayudar mucho  es el Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma de este año. Con el tema “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría” (Mt. 24,12) el Santo Padre enfatiza sobre los falsos profetas a los que llama “encantadores de serpientes”, “charlatanes”, “estafadores”, entendiendo por falsos profetas quienes propugnan por diferentes medios y métodos  unos modos de vida con nocivos efectos secundarios. Porque no hay peor efecto que hacer creer a una sociedad que el bienestar humano y espiritual se consigue alcanzando bienes materiales o por placeres momentáneos. La felicidad, aquella que colma todas las necesidades del corazón del hombre, es la que trajo Jesucristo con el ofrecimiento de su vida para la salvación del mundo.

Desarraigados de Dios, hay otro muro que construimos que conduce a un aislamiento del prójimo, a fomentar indiferencias, generando animadversiones que abren la puerta a odios que ponen en peligro la convivencia pacífica con los demás. Todo a consecuencia de abandonar la fuente del amor que es Dios, a creer que nuestras conductas siempre son acertadas, y que la responsabilidad  de todo el mal que acontece es siempre del otro. Recuerda el título del mensaje del Papa, es más, te diría que lo pienses y lo repitas las veces que puedas a lo largo de los días que restan de Cuaresma: “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”. No cedas a la tentación que el mundo ofrece de formar parte de esa mayoría. Dios es quien calienta tu corazón, quien lo puede llenar de caridad para darla a los demás. Si Cristo padeció,  si crucificado perdonó a sus verdugos e intercedió por ellos ante el Padre, es para que tu corazón y el mío sea capaz de perdonar, de querer incluso a quienes nos hacen daño, y no porque se hagan dignos de ser queridos, sino porque tú yo seremos los principales beneficiados al cerrar el corazón al odio y al rencor.

Para derribar muros se necesita del instrumental adecuado. Por nosotros mismos no podemos destrozar la dura piedra, es preciso acometer el derribo con la herramienta adecuada.  En el Sacramento de la Confesión tenemos el principal arma. Si queremos perdonar tenemos que reconocer que también ofendemos. Con la Confesión no solo limpiamos el alma sino que la fortalecemos para luchar por no caer en lo que más nos cuesta.

Y siempre busca a la mejor aliada, como en todos los casos, la Virgen. Ella supo estar cerca de Jesús con un corazón abierto al perdón. Pídele todos los días salir de casa con una buena dosis de Avemarías o Acordaos en la hendidura de tu corazón,  para que cuando surja el sentimiento de la antipatía o animadversión  hacia el prójimo, las reces para librarte del mal y de paso hacer una obra de misericordia con el ofensor. Así estarás más cerca de Jesucristo en la Semana Santa  y esperarás con mayor gozo el Domingo de Resurrección. Y de paso habrás ganado la batalla al enemigo, del que daremos cuenta en el próximo post.

Este video te da unas cuantas recomendaciones para la Cuaresma. Muy útil para los aficionados a coger el coche y ponerse en ruta. 



domingo, 4 de febrero de 2018

Cien post y un aniversario



Me vais a permitir en este primer post – en castellano, texto escrito que se publica en internet, foros, redes sociales o blogs, como es este- de 2018 centrar parte del mismo en mi propia persona. Hay una satisfacción personal y un aniversario de por medio.

El 30/05/2011 publiqué mi primer post y este es, precisamente, el número… ¡100! Si quieres indagar sobre la motivación que me impulsó a tomar esta iniciativa te invito a que leas el post Vale la Pena con el que inicié este Canto del Sol Inagotable, título, te lo recuerdo, que lleva el mismo nombre que una de las poesías que componen Amore Infinito, un trabajo discográfico de Plácido Domingo inspirado en poesías compuestas en su juventud por Karol Wojtyla, que lanzó en 2008.   De todas formas te anticipo la idea: “Los cristianos estamos obligados a utilizar los mejores medios de comunicación a nuestro alcance en cada época para difundir el Evangelio de Cristo”. El consejo fue dado por san Juan Pablo II. 

En  2011 se cumplieron treinta años del atentado perpetrado contra su persona. Era un buen año para empezar la aventura, con este santo patrono al que me encomiendo cuando escribo y publico. Además, hubo un hecho altamente significativo el año anterior para mi vida que me indujo, como muestra de agradecimiento a Dios, a involucrarme fielmente en esta tarea. Han pasado casi seis años y medio, vamos ya camino de los siete, y el ánimo está intacto. Las visitas aumentan desde diversos países y es un aliciente para seguir con la misma idea, con el mismo estilo y, sobre todo, con la misma ilusión del primer post. La puerta de este blog sigue estando abierta de par en par para ti, a la vez que también  abro la de mi alma para examinar si vivo lo que escribo. Porque todos tenemos flaquezas que superar, luchas –contra uno mismo, contra el mundo y contra el demonio- que hay que afrontar que pelear y, ¡cómo no!, victorias que hay que saborear.

Y ahora voy con el aniversario.  He esperado a publicar el post número 100 para destacar uno de los principales acontecimientos de mi vida.  El 28 de agosto de 1992 Marimar y yo fuimos una de las 217.512 parejas que contrajimos matrimonio. Salen las cuentas: ¡estamos en el año de las bodas de plata! Mientras en España tuvieron lugar acontecimientos tan importantes como las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla, con gran repercusión a nivel nacional e internacional, para mi novia y yo el acontecimiento más trascendental para nuestras vidas tuvo lugar el mencionado día, en la Basílica Pontificia de San Miguel, en Madrid, evento que no trascendió más que para nosotros, nuestras familias y nuestros amigos. Fruto de ese matrimonio, somos padres de dos hijas, Elena y Alicia.

Dando un repaso a las estadística en este cuarto de siglo quienes apostamos por el modelo de convivencia tradicional no podemos sentirnos muy reconfortados. El número de matrimonios ha descendido hasta llegar a los 171.023, una quinta parte menos  de los que solo el 22% de los matrimonios se hacen por el rito católico. En España en los últimos quince años los divorcios se han triplicado (de 37.586 en 2001 a 114.019 en 2016). Es decir, que de cada diez matrimonios casi siete fracasan en el empeño de ser felices. No son buenas cifras para la institución familiar tan básica para el futuro de la sociedad, tan bien expresado por san Juan Pablo II: “El Creador del mundo estableció la sociedad conyugal como origen y fundamento de la sociedad humana; la familia es por ello la célula primera y vital de la sociedad”(1).

Agradezco a Dios no estar dentro de esas cifras que generan infelicidad, crispación y, cuando menos, separaciones cuyos principales perjudicados son los hijos. Durante estos veinticinco años el Señor me ha tendido muchas manos sin cansarse, ha consolidado mi matrimonio con un  pilar sólido como es mi esposa y dos anclas bien amarradas que son nuestras hijas. Se han vivido tiempos confortables, otros difíciles y comprometidos por diferentes cuestiones; nada extraño en una relación prolongada.  Buena razón llevaban esos esposos que celebraban sus bodas de oro,  cuando en una entrevista que leí hace años afirmaban que el día que se casaron entraron a la iglesia dos –en clara referencia a ellos- y salieron tres. Y es así, o así debería de ser por una razón que muchos futuros esposos debieran tener en cuenta a la hora de contraer nupcias: el sacramento del matrimonio confiere una gracia específica para vivir las virtudes humanas y cristianas en la convivencia conyugal. Así es como se forjan matrimonios felices y estables, en las alegrías y en las tristezas, en esas pruebas de la vida a las que el Papa Francisco se refería en la bendición apostólica que recibimos por nuestro 25 aniversario.

Para poner broche final a este post número 100, y porque creo que más que un convencionalismo social es un regalo que Dios ha hecho a hombres y mujeres, no sin antes  mostrar mi respecto a todas esas parejas casadas en ceremonia civil, a esas parejas sin papeles –así llamo a aquéllas que prefieren convivir sin ningún reconocimiento legal, porque ellos mismos piensan que “para vivir juntos no se necesitan firmar documentos”-, a los esposos que que tristemente han visto frustradas sus expectativas de felicidad, reivindico el matrimonio por la Iglesia porque “los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual, para estar de moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro moral y humano. Estaríamos privando al mundo de los valores que podemos y debemos aportar” (2).

Precisamente cierro este post con el vídeo mensual que recoge la intención del Papa Francisco. Es de lo más actual. 

Te espero en el siguiente post. Ya habré enterrado el ego y me dedicaré a no escribir sobre mí. Lo garantizo al menos hasta el número 200.

Y gracias a Marimar, a Elena y a Alicia por aguantar a un marido y a un padre cansino donde los haya. Y por dejarme tiempo libre para que tú sigas aguantándome desde esta parcelita colgada en el multitudinario mundo de internet. 

Sigo contando contigo.


domingo, 31 de diciembre de 2017

Ismael de Tomelloso en la Navidad de 1936



“La Nochebuena de 1936 la pasaron juntos Pedro Cuesta, José Antonio Martínez e Ismael… Cantaron villancicos hasta agotar el repertorio; meditaron y hablaron de aquel Niño hecho hombre por amor a los hombres y tan desconocido y perseguido por los hombres, que hasta mataban a sus fieles seguidores” (1). Y bien que vivió Ismael estas trágicas experiencias. El 16 de agosto de 1936  don Vicente Borrell Dolz (en la foto), párroco de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, sacerdote que le administró el bautismo, era asesinado en la tapia del cementerio municipal. Pocos días después, el 6 de septiembre de 1936, era don Bernabé Huertas Molina, consiliario de Acción Católica en Tomelloso y director espiritual del joven paisano, quien caía abatido en una cuneta fuera del término municipal tomellosero. Los dos morían mártires por odio a la fe.

A pesar de las  circunstancias trágicas padecidas, el ánimo de Ismael y sus más cercanos amigos en esta Navidad era elevado, gracias a ese sentido filial que hace sentir la proximidad de Dios a pesar de sufrir tan graves adversidades: “La tarde de Navidad, escribe Pedro, la pasamos juntos, hicimos una meditación y posteriormente versó la conversación del resto de la tarde sobre las innumerables gracias que habíamos de dar a Dios por habernos permitido reunirnos para celebrar la conmemoración de ese día en circunstancias tan peligrosas” (2).

No sé si has caído en la cuenta de las fiestas que se celebran días después de la Natividad del Señor. El día 26 se recuerda la memoria de San Esteban, primer mártir de toda la historia católica, y el 28 los Santos Inocentes de Belén y alrededores, aquellos infantes de dos años para abajo, que murieron en la persecución de Herodes para matar al Mesías. No es decisión caprichosa o malintencionada para quitar euforia a tan significativas fiestas; la Iglesia más bien nos quiere recordar que la adhesión al Salvador origina a muchos cristianos caer entre las tinieblas del mundo. Y así lo advirtió Jesús a sus discípulos: “Acordaros de la palabra que os dije: No es el siervo más que su señor. Si a mí me persiguieron también a vosotros os perseguirán” (Jn. 15, 20).

Estos días repaso los boletines de septiembre-noviembre de 2017 y diciembre-marzo de 2018 de la revista Ayuda a laIglesia Necesitada. Leo con mucha expectación la reciente experiencia de Rebeca, una joven nigeriana de 24 años, que ha sobrevivido a dos años de torturas infringidas por los terroristas de Boko Haram. Estaba embarazada de su tercer hijo cuando tuvo que huir de su casa en Baga, y le perdió en el campo de entrenamiento terrorista. La obligaban a ponerse de rodillas y recitar el Corán cinco veces al día, la forzaban a reza el tasbih (rosario musulmán); pero Rebeca no renunció a su fe en Jesucristo. Se resistió a ser esclava sexual, lo que le costó perder a otro hijo, Jonatan, quien fue arrebatado y lanzado al lago Chad donde pereció ahogado. Cuando ya le faltaron fuerzas fue violada y se quedó embarazada de un terrorista. Estando confinada se enteró de que su hijo mayor había sido asesinado. De su esposo no tenía noticias desde que se separaron para huir de su casa. Un día pudo escapar, salió corriendo con su hijo recién nacido, perdida y desorientada pudo llegar a un pueblo donde se reencontró con Bitrus, su marido, quien aceptó al nuevo hijo de Rebeca. Actualmente viven en un campo de desplazados en Maiduguri junto a otras veinticinco familias. Su testimonio dice tanto como sus sufrimientos pasados: “Ni un solo día me he apartado del amor de Dios. Siempre ha estado conmigo. No pudieron separarme de mi fe, a pesar de la violencia ejercida contra mí por no convertirme al Islam”.

No menos impresionante es el testimonio de los cristianos residentes en las poblaciones de la Llanura de Nínive. Hace tres años tuvieron que abandonar sus hogares para no ser víctimas de las masacres perpetradas por los terroristas de Daesh. Alrededor de 120.000 cristianos. La barbarie yihadista ha sido peor de lo esperado: 13.088 casas afectadas, 3.557 quemadas, 1.234 totalmente destrozadas y 8.297 parcialmente dañadas, así como 363 iglesias y propiedades eclesiales destruidas, altares destrozados, imágenes descabezadas, tumbas profanadas y un elenco incontable de atrocidades sufridas por estas pobres gentes, que no odian, que no buscan represalias, que no se manifiestan ante organismos internacionales para exigir justicia; tan solo desean olvidar y afrontar el reto de restablecer sus vidas en esas pequeñas poblaciones que les vio nacer.

Maryam Waleed es una niña cristiana refugiada que adquirió un gran protagonismo en redes sociales gracias a un video subido a You tube, donde expresaba el perdón hacia los terroristas musulmanes, a pesar de haber tenido que abandonar su tierra junto a su familia para evitar las siniestras represalias de los sanguinarios perseguidores de cristianos de su misma raza. Vencidos éstos, ahora Maryam quiere volver a casa: “La echo de menos. Si pudiera volvería mañana. Alguna vez lloro porque ya no estamos allí. Pero no estoy enfadada con Dios. Le rezo para que nos lleve de vuelta a casa y así seamos felices. Le estoy agradecida porque Él nos provee, también cuando estamos sufriendo”.

Cuando me pongo a pensar en la tranquilidad de una Nochebuena pasada al sosiego de un piso bien acondicionado, en compañía de mi esposa, hijas y hermano, con la cercanía de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, tantas horas abierta a lo largo del día para tener ocasión de asistir a Misa y acompañar a Jesús en el Sagrario, o cuando pienso a falta de pocas horas para despedir el año que termina y dar paso al que llega, rodeado de mi esposa, hijas, cuñados y sobrinos, teniendo también cercano al Señor por la proximidad de una iglesia, y me comparo a mis hermanos cristianos perseguidos por la fe en tantas partes del mundo, reconozco mi ingratitud ante Dios por todo lo que me da, y el olvido de recordar a tantos y tantos cristianos que se juegan la vida por su fe; como esas seis víctimas civiles y un oficial de policía muertos en atentado contra una iglesia copta en el sur de Egipto hace un par de días, o el de la treintena de fieles asesinados días antes por otro atentado perpetrado en El Cairo, reivindicado por el Estado Islámico.

A todos los que con su vida han dado este año testimonio de su fe, mi más profunda admiración por su aptitud heroica y ejemplar. Sirva este último post del año que publico para recordarles y admirarles. No hace falta rezar por ellos porque con su martirio ya son santos que gozan en el Cielo. Son más bien ellos los que deben pedir por nosotros, para que en cada momento y circunstancia de nuestra sepamos servir al Señor con la correspondencia que nos pida.

Termina el año 2017. El 1 de mayo comenzó la celebración del Centenario del nacimiento del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso. No fue perseguido. No fue martirizado. Tuvo que abandonar su pueblo para cumplir con los deberes propios de un joven que fue movilizado a filas por el ejército de la República. Murió de una enfermedad que le destrozó los pulmones en la cama de un hospital, el de Zaragoza, hecho prisionero por el ejército del bando nacional. No quiso tener preferencias a pesar de haberlas podido obtener fácilmente. Ofreció su juventud, su vida por Dios, por España y por las almas, de tantas almas que no quieren a Dios, que le persiguen sin saber que Él no pierde jamás batallas: porque el Amor siempre vence. 

Probablemente el Señor no nos pida a ti y a mí un suplicio como el sufrido por Ismael, pero quédate con esta frase que un día el Espíritu Santo quiso poner en su boca: “Cuántos serían santos si en su camino se encontraran otros santos”. La vida ordinaria donde cada uno tenemos asentado diariamente nuestra existencia, es el terreno donde Dios quiere que le seamos fieles. Puede ser un buen propósito para el año que va a comenzar. Fidelidad a la fe que profesamos, como fiel fue Ismael, Rebeca y tantos cristianos anónimos. Pero ejemplares.

¡Feliz Nochevieja! Y sobre todo: ¡Feliz año 2018! 

Cuelgo otro vídeo de los chicos de Tajamar con Los Secretos. Cumplen 40 años y lo han celebrado con el Coro de Tajamar, readaptando el éxito Pero a tu lado,. Vale la pena escucharla. Y no olvides que seguimos celebrando la Navidad, la mejor noticia: DIOS HA NACIDO.

domingo, 17 de diciembre de 2017

No hay puntada sin hilo


Seguramente habrás escuchado o leído en alguna ocasión la frase de “no hay puntada sin hilo”. Se emplea en referencia a que cuanto se habla o se hace tiene algún objetivo o intención beneficioso para su autor. Exponerse en Navidad a adulterar el sentido genuino de la fiesta y provocar reacciones adversas, no se hace ingenuamente desconociendo las posibilidades de ser centro y atención en medios de comunicación y redes sociales sin quererlo, sobre todo sabiendo la repercusión mediática que va a tener. En cualquier caso, siempre cabe la posibilidad de pedir disculpas por los mismos medios que se fomentan los hechos que dan lugar a las críticas; comportamiento éste que no suele darse, por lo que sin rectificación se da por hecho que las intenciones de estos promotores de acciones polémicas no son otras que crear discordias.

Los cristianos nos vamos acostumbrando año tras año en las fechas donde recordamos y esperamos el Nacimiento de Jesús –no es una incongruencia recordar y esperar, porque por tratarse de un hecho histórico lo celebramos, a la vez que esperamos la llegada de la Navidad para que cada año Cristo reine en nuestras almas de un modo más profundo-, a sobrellevar las puntadas contra el sentido religioso del que están compuestas. En este post voy a referirme a tres de ellas, aunque podríamos añadir muchas otras, ya que no puede tildarse de carácter excepcional cuando predominan a lo largo y ancho de la geografía española e incluso más allá de nuestras fronteras.

La primera se centra en Sevilla. El 25 de noviembre la Asociación de Belenistas de esta ciudad presentó el cartel anunciador de la Navidad. Sin entrar en detalles sobre la esencia artística del cartel –no merece la pena resaltar el contenido del mismo ni a su autor, por cuestión de buen gusto del que quiere presumir este blog- la citada Asociación ha hecho un guiño muy elocuente a cuantos trasgreden el sentido trascendental de estas entrañables y profundas fiestas cristianas. Dar preferencia publicitaria al enviado de Dios para dar a conocer a la Virgen el misterio de la Encarnación y del Nacimiento de Cristo es una posibilidad, pero la manera de imaginarse al Arcángel san Gabriel dista mucho de ser decente y piadosa. Si no has visto el cartel te invito a que lo hagas en internet para comprobar la deleznable imagen que tendrán que soportar los pobres sevillanos.

Para la segunda buscamos la noticia en La Coruña. El pasado 15 de diciembre se inauguró en el Palacio Municipal de María Pita el belén municipal, donde cuenta con las figuras de Marcela y Elisa, según parece las pioneras en España nada más y nada menos que del matrimonio homosexual femenino. Todos los años el señor alcalde, por la potestad que le confiere el cargo que ocupa, decide las nuevas figuras que se incorporan al belén del consistorio coruñes. Y este año la novedad está en  las famosas Marcela y Elisa, que en 1901 tuvieron la ingenua idea de engañar al cura que ofició la ceremonia, haciéndose pasar la segunda por un hombre -Mario- para contraer “matrimonio” entre dos mujeres. Una vez descubierta la atrevida acción tuvieron que huir a Portugal donde vivieron el resto de sus días. Pero eso sí el señor Ferreiro –así se apellida el alcalde coruñés- está convencido que es “la única boda católica de la que se tiene constancia entre dos mujeres”.

 Cruzamos nación y continente y nos vamos a Estados Unidos,  país de ejemplar y tolerante sentido del humor para algunos, donde la comediante y activista del movimiento homosexual Cameron Young Espósito, difundió a través de twitter la imagen de una especie de belén formado con dos figuras con vestimentas rosas, que representan a dos “San Josés” contemplando al Niño Jesús, una imagen sacrílega como la ha señalado Mons. Thomas J. Tobin, obispo de Providence (Rhode Island, EE. UU). Creo que no hace falta comentario alguno.

Dejo a tu elección si estas tres noticias son tan solo anécdotas espontáneas e inofensivas a las que debemos acostumbrarnos en épocas navideñas o, por el contrario, forman parte de comportamientos ideados de quienes forman una corriente ideológica donde se intenta suplantar a Dios como creador del género humano, sustituido por la criatura que puede elegir su sexo. 

Si eres de los que piensa que no hay puntada sin hilo, te sugiero que cuando estés delante de un belén donde se representa el Misterio  más grande que ha ocurrido en la humanidad, reconozcas tus propias miserias para penetrar en la maravillosa historia de amor de Dios con el hombre; y después pidas la conversión para los prevaricadores y rebeldes,  para los impíos y pecadores, para los irreligiosos y profanadores, para los parricidas y matricidas, para los asesinos, adúlteros, homosexuales, traficantes de esclavos, mentirosos, perjuros a los que hace alusión san Pablo (1 Tim. 1,8-10). Es un deber de caridad. Yo así lo haré, queriéndome convertir en un humilde pastor para dar gloria a Dios en la Navidad de 2017. Tenemos una semana todavía para afianzar el propósito.



Hoy, 17 de diciembre,  los católicos recordamos de un modo especial al Papa Francisco por su 81 cumpleaños. Esta mañana, comentado el Evangelio de este tercer domingo de Adviento ha pronunciado unas palabras que creo que nos pueden servir a ti y a mí de mucho. Las transcribo: "El cristiano, habiendo encontrado a Jesús, no puede ser profeta de desventuras, sino un testigo y un heraldo de alegría; una alegría para acompañar con los demás, una alegría contagiosa que hace mucho menos cansado el camino de la vida". Sabias palabras.

Te dejo con estos chicos del colegio Tajamar de Madrid. Ellos sí que contagian sana alegría. Y si no, compruébalo tú mismo. Con ellos caminamos a Belén.



viernes, 8 de diciembre de 2017

Bautismo, una reserva para entrar en el Cielo

Estamos ya inmersos en el mes de diciembre. Noviembre ya ha quedado atrás. Parece que hubiera una contraposición entre el mes pasado, dedicado a recordar y ofrecer sufragios por nuestros difuntos y este mes de diciembre, donde se resalta más el comienzo de la vida, merced a la llegada de la Navidad. Sin embargo, para un cristiano hay una relación muy estrecha, por cuanto la llegada al Cielo pasa por tener que abandonar este mundo, habiendo nacido y recibido -no importa si en los primeros días de vida como en los últimos, porque la misericordia del Señor no conoce fechas sino situaciones- el sacramento del Bautismo. Bien claro se lo dejó Jesús a Nicodemo: Te lo aseguro: quien no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios (Jn. 3,5).

Fue precisamente en una Misa a la que asistí el día de los Fieles Difuntos, donde escuché decir por el sacerdote celebrante que recibir el Bautismo es como reservar una estancia en el Cielo. Me gustó esta definición, muy acorde con los tiempos actuales, donde tanto nos gusta prever todo con antelación. Con el sacramento del Bautismo tendremos siempre la credencial para pasar al Cielo. 

Hace casi un mes asistí al bautizo de María, hija de Vanesa y Jorge, dos sobrinos por parte de la familia de mi esposa, a los que dediqué un post en su enlace matrimonial (La perla del amor: el matrimonio, 24-X-2012). Tuvo el privilegio de bautizarse con agua del río Jordán, el mismo río donde también quiso ser bautizado Jesucristo por Juan El Bautista para “cumplir con toda justicia” (Mt. 3,15).


Me llamó poderosamente la atención el ritual con el que comienza la ceremonia. Los padres y padrinos esperan a la puerta de la iglesia para ser recibidos. El sacerdote o diácono celebrante se dirige a ellos desde dentro de la iglesia para darles la bienvenida, y después de una breve oración les acompaña hasta el interior del templo. La Iglesia nos espera. La Iglesia nos acoge: “Creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en la Iglesia como si ella fuese el autor de nuestra salvación (Fausto de Riez, Spir. 1,2). Dios es quien salva; la Iglesia es el cauce. Y así seguirá siendo hasta el final de los tiempos, desde que en el siglo II se empezó esta práctica, tal y como está testimoniado, aunque es muy posible que el bautismo a los niños se viniera haciendo desde el comienzo de la predicación apostólica.  

Mi más sincera felicitación a María. Enhorabuena a Jorge y Vanesa porque habéis hecho el mejor regalo que se le puede proporcionar a vuestra hija. No es un regalo visible del que podáis presumir como padres, no es una entrega de esfuerzo físico como puede ser tenerla una madrugada entera en brazos hasta dormirla. Cuando la llevéis al pediatra comprobaréis que no habrá crecido ni engordado màs por el sacramento recibido el día 21 de noviembre. Insisto: nada de resultados visibles en María. Pero estar seguros que ese día el Cielo estuvo de fiesta porque el nombre de María, como el vuestro cuando fuisteis bautizados, quedó inscrito con un sello espiritual indeleble. ¿Para siempre? Sí, para siempre. Es un privilegio de Dios con nosotros. Conviene, eso sí, no olvidarse de ella. Con el bautismo el alma se abre a otros sacramentos que nos serán de gran ayuda a lo largo de la vida para que cuando esta acabe llevemos con nosotros la credencial para entrar en la vida eterna.

No podemos concluir este post sin destacar la fiesta de hoy, toda vez que guarda relación con el tema tratado. La Virgen María es la única persona -junto a Jesucristo- que no tuvo necesidad  su alma al nacer de ser limpiada para librarse del pecado original que cometieron nuestros primeros padres. En previsión del nacimiento de Jesús, desde el primer instante de su concepción, fue preservada de toda culpa original por singular privilegio de Dios. 



El 8 de diciembre de 1854, el beato Pio IX definió esta verdad dogmática, mandando construir una columna en dedicación a la Inmaculada en la Plaza de España de Roma. Y es que desde 1644 ya se venía celebrando esta fiesta en todo el territorio que formaba el Imperio Español. Fuimos la primera nación del mundo en defender el dogma de la Inmaculada Concepción. Es Patrona de España.

Comienzo de mes. Ineludiblemente el final de este post pasa por colgar el video del Papa por si quieres conocer su intención universal para diciembre. Puede venirnos muy bien para estas fiestas familiares que están por llegar.



domingo, 26 de noviembre de 2017

Revolución bolchevique: centenario de una trágica revolución


El pasado 7 de noviembre se cumplió el centenario de la toma de poder en Rusia por los bolcheviques bajo el mando de Vladimir Ilich Uliánov, más conocido por Lenin, cuyo cuerpo embalsamado sigue expuesto en el mausoleo de la Plaza Roja de Moscú desde su muerte en 1924. Cinco años de guerra civil condujo a que la “Gran Revolución Socialista de Octubre” triunfara en 1922, instalando el ideario de Karl Marx, padre del “socialismo científico”, como forma de fundamentar el Estado -marxismo- sobre una ideología materialista, atea y represora.

En 1997 se publicó El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión, escrito por profesores universitarios e investigadores europeos, con el propósito de dar a conocer los masivos crímenes cometidos en la U.R.S.S. y en los países vinculados a su órbita ideológica. El estudio cifra en torno a cien millones de muertes provocadas por el horror comunista, principalmente en la Unión Soviética (20 millones) y República Popular de China (65 millones). Entre sus víctimas se cuentan disidentes políticos, desertores del ejército, campesinos contrarios a la expropiación de tierras y, cómo no, católicos, ortodoxos y quienes profesaran públicamente una religión, porque la religión,  según Marx es “el opio del pueblo”; y la revolución debía acabar con Dios mediante el exterminio de los creyentes.

Meses antes del estallido de la revolución rusa, en un pueblecito de Portugal, la Virgen se aparecía a tres niños, Francisco, Jacinta y Lucía –los dos primeros canonizados en mayo de este año por el Papa Francisco en Fátima-. En la tercera de las seis apariciones acaecidas, advertía del peligro ruso para la paz en el mundo, pidiendo que el Santo Padre consagrara esta nación a su Inmaculado Corazón.

El bloque comunista empezó a desquebrajarse el 16 de octubre de 1978, cuando el cardenal Karol Wojtyla fue elegido Papa. En junio de 1979 hizo su primera visita como sucesor de Pedro a su tierra natal, haciendo un llamamiento a la historia y a la cultura de los polacos, a su verdadera identidad, lo que le convirtió en el principal enemigo mundial del sistema comunista. El pueblo polaco fue el primero en rebelarse contra el dominio marxista. En 1984, en la Plaza de San Pedro, ante la imagen de la Virgen de Fátima, conforme a los deseos de nuestra Señora, el Papa Wojtyla consagró todos los pueblos de Rusia a su Inmaculado Corazón. En sucesivos años las repúblicas soviéticas tiranizadas por el régimen comunista emprendieron el camino de la independencia del coloso ruso, hasta convertirse en países soberanos.

 El máximo exponente de la liberación del yugo comunista se produjo el 9 de noviembre de 1989 con la famosa caída  del vergonzoso muro de Berlín, construido por el régimen comunista alemán como “muro de protección antifascista” el 13 de agosto de 1961, que a decir verdad no era más que el impedimento material para que los alemanes del este de Berlín no pudieran huir a la zona berlinesa occidental. Berlín y Alemania volvían a ser una ciudad y una nación libre, unida veintiocho años después.

A pesar de que el mundo ya no corre peligro por la vigencia del “Telón de Acero”, los nefastos efectos de la aplicación ideológica del comunismo, continúa mostrándose en diversos países vulnerando los más elementales derechos individuales y colectivos, empobreciendo a las poblaciones que lo padecen  y negando cualquier posibilidad de dar opciones a iniciativas individuales a nivel político, económico o social. En términos categóricos, donde impera se sufre una dictadura en el más amplio sentido, supeditando vidas y haciendas al interés colectivo y coercitivo del Estado.

En los países donde no han acaparado el poder político, a los comunistas ya no se le conoce abiertamente por sus siglas, no pregonan arengas revolucionarias, no enarbolan el histórico emblema de la hoz y el martillo; han sustituido las fábricas por los platós de televisión y estudios radiofónicos; no necesitan imprenta para lanzar pasquines porque tienen las redes sociales para fomentar la demagogia y la mentira. Ahora son fácilmente distinguidos por su irrespetuosidad contra las personas e instituciones públicas, por sus algaradas callejeras contra el orden público y las leyes legítimas, su afán no es otro que demoler valores asentados en la convivencia pacífica de las sociedades a las que pertenecen. Siguen reivindicando la liberación de la clase trabajadora del capitalismo, pero viven de manera burguesa, acomodada y fastuosa. Son, realmente, el cinismo personificado.

La revolución de octubre de 1917 originó  la peor corriente ideológica que ha surgido en la humanidad, millones de personas fueron víctimas de esta barbarie, y la dignidad de millones de personas está sojuzgada  por ella.  Pervivirá hasta el final de los tiempos porque es la esencia del mal y su principal meta es destronar a Dios de las conciencias de los seres humanos. Con claridad meridiana lo expresaba Mijail Gorbachov en 1987 en un discurso pronunciado en Uzbekistán, en 1987: "El ataque a las religiones es el corazón de la revolución... No debe haber tregua en la guerra contra la religión, porque mientras la religión exista el comunismo no puede prevalecer". Para bien de la humanidad el ideólogo de la Perestroika se dio cuenta que el comunismo era un régimen fósil sostenido únicamente por la represión, convirtiéndose en uno de los dirigentes políticos más trascendentales de la historia, junto con Ronald Reagan y Margaret Thatcher.  

A finales de mes conviene recordar las intenciones del Papa Francisco para noviembre, próximo a concluir.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Madrid, entre una querella y una beatificación


Con los votos a favor de los concejales de Ahora Madrid -así se hace llamar la agrupación política Podemos, en la capital de España- y del PSOE, el pasado día 31 de octubre el pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobó la presentación de una querella criminal para que se investiguen los delitos cometidos en esta ciudad durante el franquismo. La vía judicial se abre ante el juzgado de guardia que corresponda para “determinar las circunstancias en las que fueron perpetrados; quienes fueron sus responsables directos e indirectos y, en su caso, que se proceda a su imputación, procesamiento, juicio y condena” para “contribuir a fortalecer la reivindicación de justicia para las víctimas”. Así se motiva en la página web del Ayuntamiento madrileño la decisión adoptada.

El 16 de octubre de 1977 se publicaba en el B.O.E. la Ley de Amnistía, que fue aprobada mayoritariamente en el Congreso de los Diputados por 296 votos a favor, 2 en contra, 18 abstenciones y 1 nulo. Esta ley abarcaba todos los delitos cometidos -incluso los de sangre- durante la guerra civil, el franquismo y los perpetrados hasta el 15 de diciembre de 1976. El conjunto de la izquierda española se mostró efusiva por su aprobación, partidos y sindicatos mostraron la necesidad de una ley tan amplia para asumir “el compromiso de reconciliación y perdón”. El principal y carismático líder del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, quería “hacer la cruz y raya sobre la guerra civil de una vez para siempre” y “superar definitivamente la división de los ciudadanos españoles en vencedores y vencidos de la guerra civil”. La querella, por tanto, desde el punto de vista jurídico choca frontalmente con esta ley, por lo que no cabe en modo alguno que prospere. La alcaldesa de Madrid, señora Carmena, jurista emérita de gran experiencia profesional, lo entiende perfectamente.

Llama poderosamente la atención esta prerrogativa municipal, precisamente en una ciudad con el peor pasado en cuanto a represalias cometidas en zona republicana desde el año 1936. Según datos aportados por distintos historiadores, durante la guerra civil española alrededor de 16.000 madrileños fueron víctimas de represión en Madrid en la zona republicana. Paracuellos del Jarama tiene el triste recuerdo de ser la población donde se abrió una fosa común para enterrar en torno a unos 5.000 madrileños asesinados por ser militares sin entrar en combate, intelectuales desafectos a la República, sacerdotes y religiosos sin más empeño que servir a Dios asistiendo a los pobres, o padres de familia que oían Misa habitualmente, como es el caso de Miguel Aguado, católico y miembro de la congregación vicenciana, que ha sido beatificado en el día de ayer junto a otros 59 mártires por odio a la fe, de los cuales 39 precisamente perdieron su vida en Madrid. En total 40 misioneros Paúles (24 curas y 16 hermanos), 2 Hijas de la Caridad, 13 laicos de asociaciones vicencianas y 5 sacerdotes diocesanos de Murcia, desde ayer 11 de noviembre, forman parte del elenco de hombres, mujeres y jóvenes considerados mártires, después de la ceremonia celebrada en el Palacio Vistalegre, presidida por el cardenal Ángel Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Murieron amando al prójimo, perdonando a sus verdugos y dando testimonio de que solo el perdón es capaz de vencer el odio y la venganza. Carmen, una de las hijas del mencionado mártir, recordaba que su madre todas las noches les hacía rezar a ella y a sus tres hermanos por su padre “para que esté en el Cielo y por el alma del asesino, para que Dios le convierta y le lleve al Cielo”. Y es que la paz, como ha dicho el arzobispo de Madrid, don Carlos Osoro, “tiene un nombre y un rostro: Jesucristo”.

Como católico español me alegra enormemente que la Iglesia reconozca oficialmente el martirio de estos españoles que entregaron su vida por amor a la fe, muchos de ellos frecuentaban la Basílica de la Milagrosa de Madrid, templo al que asisto los días cinco de cada mes para participar en la Misa que se celebra por la Causa de Canonización de mi paisano el Siervo de Dios Ismael de Tomelloso. Y como madrileño manifestar que me apena que la corporación municipal, que se supone debe representar al conjunto de madrileños sin distinción alguna, se empecine en querer remover heridas de un triste pasado, marcado por odios, rencores y represiones de los cuales la corriente ideológica que representan no está exenta de responsabilidades. 

Ahora si quieres te invito a dar un paseo por Madrid. Y ya sabes: de Madrid al Cielo.