lunes, 31 de julio de 2017

"¡Santiago y cierra, España!"

Según tradiciones medievales al Apóstol Santiago de Zebedeo, apodado también El Mayor, el grupo inicial de la Iglesia primitiva de Jerusalén le asignó evangelizar el territorio peninsular español, concretamente la entonces llamada Gallaecia. Después de designar a siete varones ordenados obispos por San Pedro regresó a Jerusalén, según los textos apócrifos, para acompañar a la Virgen en su lecho de muerte, quien pidió a Jesús resucitado morir rodeada de los Apóstoles dispersos por el mundo. Su Hijo le permitió ser ella misma quien se apareciera uno por uno a cada Apóstol. Esta sería la razón de su aparición en carne mortal a Santiago en el lugar donde se erigió la Basílica Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza.

Santiago fue el primer Apóstol que entregó su vida por el Evangelio. En el año 42 fue torturado y decapitado por el rey Herodes Agripa I, rey de Judea. Sus discípulos escaparon una noche con su cuerpo y le trasladaron en una barca hasta llegar al puerto de Iria Flavia (actual Padrón). En el año 813 un ermitaño llamado Paio, alertó al obispo de Iria Flavia de ver una potente y luminosa estrella en el monte Libredón. Allí se encontraron tres monumentos funerarios, conteniendo  uno de ellos un cuerpo con la cabeza bajo el brazo, y un letrero que decía: “Aquí yace Santiago, hijo de Zebedeo y de Salomé”. El lugar recibió el nombre de campus stellae, Campo de la Estrella, actual Santiago de Compostela. Informado del descubrimiento el rey galaico-astur Alfonso II el Casto, nombró patrono de su reino al Apóstol y mandó construir una iglesia en su honor. En el año 1630, siendo monarca Felipe IV, el Papa Urbano VIII decretó oficialmente que el Apóstol Santiago fuera considerado único Patrón de España.

De muchos y diferentes modos los españoles se han encomendado al Apóstol Santiago a lo largo de la historia de España. La invocación más conocida es la de “¡Santiago y cierra, España!”, de alto contenido militar, que proviene de los tiempos de la Reconquista, concretamente en la batalla de las Navas de Tolosa; y  servía para agruparse la infantería y caballería buscando acortar distancias con el enemigo y trabar combate.

Por los acontecimientos políticos que se están dando en Cataluña parece que las puertas de la unidad, que parecían bien cerradas desde la Reconquista a pesar de determinados episodios nacionalistas ocurridos en ciertos periodos pasados, ceden a las acometidas secesionistas de dirigentes regionalistas persistentes en su anhelo inconsecuente de segregarse de España. 


Como ha ocurrido en experiencias pasadas, el afán independentista siempre ha tenido como principal perjudicado al pueblo catalán. Una Cataluña independiente de España conllevaría a una exclusión de la Unión Europea, sin existir opción de reingreso al haber violado las leyes nacionales y europeas. Quedaría excluida de todas las organizaciones internacionales a las que España pertenece: Naciones Unidas, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundialde Comercio y de la OTAN, quedando fuera de todos los tratados internacionales suscritos por España. Sin poder pertenecer al Banco Central Europeo,  el euro no estaría reconocida como moneda de uso legal, y los catalanes no dispondrían de libre circulación de personas por el espacio Schengen.

Queda la esperanza de que la sociedad catalana el 1 de octubre de un rechazo a la propuesta  independentista, si es que en aplicación de las leyes constitucionales no se impide que prospere el referéndum. Y es que según el barómetro del Cente d´Estudis d´opinió de la Generalitat, el no a la secesión ha aumentado su ventaja sobre el sí; ahora la distancia es de 8 puntos. El 49, 4% votaría en contra de la independencia y el 41, 1% estaría a favor.

Prospere o no esta sinrazón, a pesar de tener la batalla histórica, política, económica e internacional perdida, el independentismo catalán habrá ganado la batalla social, porque una región de España como Cataluña está totalmente fragmentada a consecuencia de los desvaríos irresponsables de unos dirigentes regionalistas unidos por su odio a España. Y lo que es peor: las próximas generaciones serán víctimas de esta controversia innecesaria.

Hoy más que nunca parece haber llegado ese día al que hizo referencia Francisco de Quevedo: “Dios hizo a Santiago, Patrón de España, que no existía entonces, para que cuando llegue el día pudiera interceder por ella y volverla otra vez a la vida con su doctrina y con su espada”.

Y un humilde consejo para los cristianos españoles: no dejemos escondido nuestro amor a España, porque el patriotismo es una virtud cristiana, una virtud que "reconoce lo que la Patria le ha dado y le da. Le tributa el honor y los servicios debidos, reforzando y defendiendo el conjunto de valores que representa, teniendo a la vez por suyos los afanes nobles de todos los países" (1).

Para los que no hemos tenido ocasión de visitar la catedral de Santiago de Compostela, este vídeo nos ayuda a conocerla. Son algo más de cuatro minutos donde la vista y la imaginación se recrean.



(1) "La educación de las virtudes humanas". David Isaacs. Editorial Eunsa. Pág. 443.





domingo, 23 de julio de 2017

Uso y abusos de la libertad de expresión


Después de que el Observatorio contra la Homofobia denunciara ante el órgano competente catalán las palabras pronunciadas por el padre Custodio Ballester por  entender que emitió un discurso de odio porque “criminaliza y estigmatiza la homosexualidad al considerarla pecado”, pidiendo a la vez al Arzobispado de Barcelona su destitución, el pasado día 12 el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias de la Generalitat de Cataluña resolvió archivar  el expediente incoado por entender que “no era posible abrir un procedimiento administrativo sancionador”, reconociendo que las manifestaciones vertidas se sitúan “en el ámbito del ejercicio del derecho a la libertad de expresión”. Caso -uno más- resuelto por archivo. El artículo 34 de la ley contra la Homofobia 11/2014, de 10 de octubre, no ha sido vulnerado.

No creo que Eugeni Rodríguez, presidente del citado Observatorio, se haya sorprendido por la resolución a raíz de las declaraciones efectuadas posteriormente a la denuncia, donde esperaba que el expediente incoado “acabe en sanción, porque de lo contrario creará un malestar muy grande en el colectivo (gay), ya que la Generalitat ha abierto muchos expedientes, pero ninguno acaba en sanción”. Los expedientes administrativos concluyen en archivo cuando no hay materia sancionable. La realidad objetiva prevalece por encima del deseo subjetivo. Así debe ser para no conculcar derechos, como es el de la libertad de expresión reconocido en el art. 20, Título I de los derechos y deberes fundamentales, de la Constitución de 1978.


Como se recordará, el párroco de la iglesia de la Inmaculada Concepción de Hospitalet de Llobregat, el pasado día 24 de junio, en plena celebración en Madrid de la 5ª edición del llamado Word Pride, en la homilía que ofreció a los asistentes en la Misa dominical, expuso unas consideraciones respecto a conductas homosexuales y el posicionamiento moral de la Iglesia. He leído el contenido de la homilía, he escuchado íntegramente lo que el feligrés o "enviado" de parte interesada grabó y, sinceramente, no veo argumentos para haber llegado a incoar un procedimiento para sancionar a una persona que ostenta todos los derechos reconocidos por la Constitución. 

Es preciso concretar que no es el padre Custodio quien considera pecado la homosexualidad -y aquí hay que matizar que la Iglesia no reprueba la orientación homosexual de una persona, sino la realización de actos sexuales-, no da una opinión personal ante los fieles de su parroquia; lo que hace más bien es afirmar el contenido moral de estos actos, donde la Tradición de la Iglesia tiene en cuenta las enseñanzas morales del Antiguo y Nuevo Testamento. La Iglesia tiene el derecho y el deber de exponer lo que conviene y perjudica a sus hijos; y en lo referente a los pecados contra la castidad los heterosexuales, solteros y casados, ministros o laicos, estamos también llamados a vivir en plenitud lo que el Catecismo de la Iglesia Católica aconseja en relación al sexto mandamiento del Decálogo. 

El tema de la homosexualidad no es ajeno a mi vida cotidiana. Desde hace  varios meses comparto relación profesional con un compañero homosexual, padre de una criatura nacida de "un vientre de alquiler". Durante tres años he estado subordinado profesionalmente a un superior gay casado con otro hombre; y puedo asegurar que la relación ha sido, es y seguirá siendo respetuosa, cordial y distendida. Por encima de todo, la persona, en su concepto más amplio de ser humano. Y no me considero ninguna excepción, pues estoy plenamente convencido que los católicos, siguiendo el ejemplo de Cristo, actuamos con consideración hacia quienes no piensan o viven conforme a la doctrina cristiana. 


Prueba de ello ha sido la reacción ante el dibujo publicado en internet a través de la cuenta de Instagram de la pareja sentimental de un prestigioso cantante latino, donde un sacerdote católico se está masturbando. Meses antes un cantante español -también de la misma tendencia sexual-, celebrando conciertos en Quito y Guayaquil presentó una escenografía consistente en una pantalla gigante colocada detrás de él, donde la cara de la Virgen María con el Niño Jesús en brazos es sustituida por la suya. Y hablando de caras, la del cartel anunciador en la ciudad italiana de Perugia, utilizando la imagen de un transformista drag queen con la cara de la Virgen en actitud lasciva. Actos de reparación, desagravios, protestas pacíficas ha sido la respuesta de muchos católicos que se han sentido agraviados por estos comportamientos.

El derecho a la libertad de expresión conlleva también deberes que hay que asumir y acatar con independencia de quien sea la persona que lo ejerce. Tan criticable es perseguirlo como banalizarlo.

Inmersos en la última semana de julio, estamos a tiempo de dar a conocer la intención mensual del Papa Francisco para este mes. Habla de tristeza y belleza de la vida cristiana, te lo anticipo.

¡Felices vacaciones!



domingo, 2 de julio de 2017

El Amor no es amado


El mayor derroche de generosidad que puede efectuar una persona es dar la propia vida para salvar otra. Ha habido muchos casos donde actuaciones altamente altruistas han dado como resultado que la vida de quien más peligro corría la salvó, en perjuicio de quien la arriesgó hasta las últimas consecuencias. Seguirán dándose hechos donde se ponga de relieve el buen corazón de muchos en beneficio de otros. Por eso es muy posible que la gran mayoría de católicos cuando oímos o leemos que el Señor nos amó hasta el extremo, se nos venga la imagen de Cristo crucificado, muerto en la Cruz. Es el mejor modo de considerar una actuación divina con lógica humana.

Sin embargo, la homilía que escuché el domingo de la solemnidad del Corpus Christi, en el Real Oratorio Caballero de Gracia -si vives en Madrid o si en alguna ocasión estás de paso te recomiendo que lo visites, en este año se está celebrando el 500 aniversario, y el Papa Francisco ha concedido un Año Jubilar-, me hizo pensar sobre esta consideración. El sacerdote celebrante dijo que el derroche más grande del Señor por la humanidad fue quedarse en la Eucaristía. Palabras profundas, con mucho sentido. Así puede entenderse mejor esa promesa que Jesús hizo a los Apóstoles antes de subir al Cielo: “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20). Dejarse clavar en la Cruz, morir ignominiosamente para que tú y yo podamos heredar el Reino de los Cielos, no fue suficiente para Jesucristo. Ascender a los Cielos para preparar nuestras eternas moradas, tampoco. No. Quiso más. Una locura: transformar un trozo de pan en su Santísimo Cuerpo.

El resultado no es ficción: Jesús está ahí, muy cerca de tu casa, de tu escuela, de tu centro de trabajo, de tu lugar de ocio. En cada iglesia por la que pasas hay un Sagrario, y dentro del Sagrario está el Señor. Está con nosotros, para adorarle, para hablarle, para verle con los ojos de la fe, pero, sobre todo, está para alimentar tu alma y la mía. Jesucristo en la Eucaristía, en el sacrificio del Altar, donde recibimos la mayor fuente de gracia para nuestras almas.

Pero ya no recorre aldeas, no pasa por sinagogas, no sube al monte para exponer bienaventuranzas; ahora te necesita a ti, como necesitó a Andrés para ir a anunciar a su hermano Pedro el hallazgo que cambió su vida: “hemos encontrado al Mesías” (Jn. 1,40-41).


En la breve meditación que el cardenal arzobispo de Madrid, don Carlos Osoro, pronunció en la explanada de la Basílica de la Almudena, con el Santísimo expuesto después de recorrer las calles de Madrid, el domingo de la festividad del Corpus Christi, aludió al encuentro del Señor con la samaritana en el pozo de Jacob. Cuando descubre que tiene delante al Mesías deja el cántaro -deja lo que le sobra- y va a la ciudad para comunicar lo que ha visto, a quien ha encontrado, de manera que muchos samaritanos creyeron por el testimonio de esta mujer. Y pedía a los allí reunidos reaccionar como lo hizo esta mujer. Olvidarnos de lo que nos sujeta, de los planes propios, para ir en busca de esas personas que tratamos y conocemos para ponerles delante del Señor, ser “callejeros de la fe” como pide el Papa Francisco a los jóvenes, en uno de sus tuits diarios, teniendo en cuenta que “en el testimonio de fe no cuentan los éxitos, sino la fidelidad a Cristo, reconociendo en cualquier circunstancia, incluso la más problemática, el don inestimable de ser sus discípulos misioneros”(1)

Así contribuiremos a paliar el grito de san Francisco de Asis que ha dado título a este post. 

También con la música puede adorarse al Señor. Este vídeo así lo demuestra.


(1)         Papa Francisco, Ángelus 25/06/2017