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sábado, 19 de octubre de 2019

El mejor de los inalámbricos



Repaso la estadística de mi blog y veo que el último publicado fue en el mes de mayo. Y vuelvo a publicar en el mes de octubre. Mayo y octubre, son meses en los que los católicos recordamos de un modo especial a la Virgen. Me alegro de esta coincidencia. 

Octubre tiene una fecha muy significativa, el 7, celebración de Nuestra Señora del RosarioComo cristiano y español me gusta recordarlo. El origen de esta devoción tan arraigada en el pueblo cristiano data de 1208. La Virgen se apareció en la capilla a Santo Domingo de Guzmán, sosteniendo un rosario que enseñó a recitarlo con el encargo de que lo predicara por todo el mundo para obtener gracias abundantes y la conversión de muchos pecadores.


Tres siglos más tarde, se produjo un histórico hecho de indudable trascendencia. Estamos en el 7 de octubre de 1571. Tres semanas antes el Papa Pio V pidió a la cristiandad que se rezase el Santo Rosario ante la inminente invasión turca. Las tropas cristianas al mando de don Juan de Austria antes de entrar en contienda también lo rezaron. El panorama no era muy halagüeño. La superioridad del ejército invasor era notoria en todos los sentidos y estaba en juego el dominio del mar Mediterráneo, tan importante estratégicamente en aquella época.  Los dos ejércitos entraron en combate esa misma fecha. El resultado de la contienda lo comunicó a la cristiandad… ¡el mismo Papa! Guiado por una inspiración, salió de la capilla para anunciar que la Santísima Virgen había otorgado la victoria en la famosa batalla de Lepanto (en la costa occidental de Grecia, y toma su nombre del puerto de Lepanto). En agradecimiento a la Virgen el Papa San Pío V instituyó la fiesta para el primer domingo de octubre, pero sería el Papa San Pío X quien la fijaría para el 7 de octubre.


Seguro que lo sabes, cada día se considera un Misterio: los tradicionales gozosos, dolorosos, gloriosos, y los luminosos -giran en torno a la vida pública de Cristo-, desde que en 2002 san Juan Pablo II aconsejó meditarlos en su encíclica Rosarium Virginis Mariae. Poco más de veinte minutos se tarda en rezarlo. Este tiempo era el que dedicaba a hablar telefónicamente con mi madre desde que murió mi padre. Así noche tras noche durante diez años, exceptuando los días que nos veíamos. Un teléfono era lo que unía a mi madre y a mí para decirnos más o menos lo mismo cada día. Daba igual, lo importante era hablar, sentirnos cerca el uno del otro. El trato con la Virgen puede compararse al trato con mi madre. Sí, puede parecer una rutina pero no lo es, por una sencilla razón: demostrar el cariño de un hijo con su madre; y una madre siempre, siempre nos escucha y nos atiende.  Y además, que es lo màs trascendental, como recuerda el papa polaco en esa encíclica: "Rosario, bendito de María, cadena dulce que nos une con Dios".

Entiendo que pienses que comparar el Rosario con un teléfono puede resultar muy simple, tal vez inapropiado, pero valga la intención para animarte a emprender una divina relación con la Virgen.  Y si eres de los que rezas habitualmente el Rosario y percibes que rezas sin expresar lo que sientes por Ella, te aconsejo quedarte con esta reflexión que hacía el más entrañable de los directores espirituales que he tenido: el peor Rosario es el que no se reza. Y no olvidemos que en nuestra vida hay muchos lepantos y sintiéndonos próximos a María hay batallas que ganaremos. Seguro.


domingo, 26 de agosto de 2018

Andanzas tomelloseras (I): De romería en Pinilla



Nada mejor que escribir sobre algunas vivencias disfrutadas en la corta, pero intensa, estancia en mi pueblo en la primera semana de agosto, mientras en estas fechas se está celebrando  la feria y fiestas en torno a la patrona, la Santísima Virgen de las Viñas. 


Como ya es habitual cada mes de agosto aprovecho una mañana para convertirme en romero y visitar la ermita de Pinilla, situada a cuatro kilómetros del pueblo; allí  dedico tiempo a  estar, rezar y pedir a mi patrona, deleitándose la vista  con los campos que se pueden contemplar.  Peregrinación para estar con "Madre", como la llamamos los tomelloseros.

Así aprendí a hacerla gracias a un extraordinario tomellosero, Diego Rodríguez, al cual también le debo el amor por el pueblo.  De regreso de cada viaje siempre llegaba con la misma sensación: "¡Que alegría me entra cuando estoy llegando al pueblo!". Y cuantas veces me lo repetía. Creo recordar que la primera peregrinación que hice a  Pinilla fue en compañia de mi madre y de una queridísima amiga -¡tenías tantas y tan buenas!- Carmen,  esposa de Félix Yáñez. Han pasado ya unos cuantos años, pero las buenas costumbres no deben perderse.





Además, este años había un especial aliciente. Por primera vez he podido ver el cuadro de la artista y paisana María Jesús Martínez Serrano, alumna del prestigioso pintor tomellosero Antonio López García, situado en uno de los laterales de la capilla, desde que el pasado 29 de abril  se descubrió oficialmente. Con el título “El sueño de don Agustín” expresa bellamente el sueño que tuvo el párroco  de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, en la que la Virgen se aparecía sobre una cepa repleta de uvas sosteniendo en su mano derecha un racimo de uvas y en la izquierda al Niño Jesús, también con un racimo de uvas en su mano izquierda,  para revelarle que quería ser patrona de Tomelloso.

El Papa Pío XII en 1942 la proclamó Señora de las Viñas, Patrona de Tomelloso. Según los cronistas de la época fue el 7 de septiembre de 1942 cuando la imagen hizo entrada en nuestro pueblo. Gracias a los ruegos insistentes de las  mujeres tomelloseras, se celebró la primera Romería el 7 de mayo de 1944. En 1945 se empezó a construir la ermita en el paraje de Pinilla y merced al esfuerzo de la población se terminó el año 1949. Dentro del recinto se encuentra el Museo de la Virgen de las Viñas, donde se recogen muchos años de historia, tradiciones y costumbres de un pueblo volcado con su patrona, inaugurado el 14 de agosto de 2002, en un terreno donado por doña Encarnación Ramírez.

Recordar a una madre, no olvidarla, tenerla presente, es un sentimiento de afecto, agradecimiento y muestra de buen hijo. Ahora que Tomelloso disfruta de su Semana Grande, con la patrona en la parroquia "de la plaza", la misma en la que hace ya unos cuantos años don Agustín fue párroco, es fácil tenerla presente. Pero, ¿te parece suficiente?

Me acuerdo muy a menudo de mi madre cuando llegan las nueve de la noche, a esta hora solía llamarla por teléfono para  conversar unos minutos. Así todos los días, y si algún día me retrasaba ya  estaba ella para llamarme. Los cristianos también tenemos una hora especial para acordarnos de la Virgen. Son las 12. Seguro que lo has adivinado, la hora de rezar el Ángelus.

Es una oración sencilla y corta, que se puede rezar en cualquier lugar, con la facilidad de poder hacerlo si no te la sabes de memoria desde tu teléfono móvil.  Es una manera de saludar a María, recordando a la joven de Nazaret que antes de convertirse en tu madre y en la mía, quiso ser  Madre de Dios. Y no pienses que es  una oración de beatas, propia de nuestras abuelas; es dedicar un momento para acordarnos y agradecerle haber dicho sí para que Jesús naciera de su vientre. ¿Que no clavas la puntualidad?, ¿que se te olvida un día? No pasa nada. ¿Crees que una madre lo va a tener en cuenta? Basta la intención, la buena intención de un hijo que quiere tener presente a su madre. 

Con la fiesta de la Asunción que hemos celebrado el pasado día 15, la Virgen nos recuerda que esta vida es una romería, somos unos romeros que marchan al mejor  de los parajes posibles, el Cielo, para celebrar eternamente con su Hijo las maravillas que tenemos prometidas.

Ojo que no quiero incurrir en exclusivismos territoriales, la idea la hago extensible a tí amigo lector, amiga lectora, que no eres de Tomelloso, eso sí, te dejo con este video para que conozcas de pasada Tomelloso, "manantial del vino". Espero que te guste, te atraiga y comprendas que mi pueblo también quiero que sea el tuyo.



domingo, 27 de mayo de 2018

María, Madre de la Iglesia


El mes de mayo va tocando a su fin y no debemos olvidarnos de la Santísima Virgen. La devoción a la Virgen data de los primeros tiempos del cristianismo. En las catacumbas de Priscila, de San Pedro y San Marcelino, finales del siglo II, se hayan pinturas relacionadas con la veneración a la Virgen, dentro del culto dado a Jesucristo. San Epifanio, en el siglo IV, expresa muy bien, el sentir de los cristianos hacia la Madre de Jesús: “¡Sea honrada María! ¡Sea adorado el Señor!”.

Numerosos papas han hecho referencia en sus pontificados a mayo como el mes por excelencia para recordar y tratar más y mejor a María. El beato Pablo VI dedicó la encíclica Mense Mayo para referirse a la piedad a Nuestra Señora en este mes del año. San Juan Pablo II, en audiencia general de 2 de mayo de 1979 decía: “El mes de mayo nos estimula a pensar y a hablar de modo particular de Ella. En efecto, este es su mes. Así pues, el periodo del año litúrgico (Resurrección), y el corriente mes llaman e invitan nuestros corazones a abrirse de manera singular a María”.

Seguramente te lo habrás planteado en alguna ocasión: ¿por qué este mes elegido para guardar esta especial devoción a María? Hay estudiosos del tema que sostienen que la elección de este mes esta extraída de la cultura pagana. Mayo proviene de Maia, el nombre que se daba a la diosa de la primavera. En este mes se rendía culto a Artemisa, en Grecia, y a Flora, en Roma, las dos diosas de la fecundidad.

Y es que a veces se tacha a la Iglesia de poca originalidad por convertir fiestas paganas en celebraciones cristianas, como puede ocurrir con las fechas de Navidad y la de Todos los  Santos. Pero esto no debe movernos a asentir resignadamente frente a aquellos que sostienen estos argumentos. Todo lo contrario. Los cristianos debemos sazonar cada momento y circunstancia de nuestra vida con esa sal que da sabor sobrenatural nuestras actividades cotidianas. El trabajo, el estudio, la familia, las relaciones sociales, políticas, culturales, económicas; todas, cualquiera de ellas, deben estar impregnadas de ese sabor sobrenatural. La Virgen María pasó la mayor parte de su vida en la tierra realizando actividades propias de cualquier mujer, esposa y madre de su época. La más mínima acción que salga de nosotros, hecha con amor de Dios, se convierte en fruto que repercute en el mundo y en la Iglesia. Lo terrenal podemos convertirlo en sobrenatural. Esta puede ser la respuesta a esa aparente intromisión de la Iglesia en la cultura pagana. 

Y a propósito de la Iglesia. Este mes de mayo pasará a la historia como el primero en que se celebra oficialmente la fiesta de María, Madre de la Iglesia. El 3 de marzo el Papa Francisco firmó el decreto, que así comienza: “La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer (Gál. 4,4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”. El primer lunes después de Pentecostés será obligatoria la Memoria de María, Madre de la Iglesia.


Porque es en la Iglesia donde encontramos a Cristo. Hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, nos lo recuerda el Evangelio: “Me ha sido dado todo el poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 18-20). Esta es la misión de la Iglesia, con María a la cabeza.

Por el titulo de este video que te invito a ver puede parecer que no tiene mucha enjundia. O puede que sí... A lo mejor -y ese es mi deseo- te dice algo.


domingo, 11 de junio de 2017

Fátima, tres propósitos



Lo habrás experimentado varias veces. Cuando descorchas una bebida con mucho gas, éste sale expelido con gran fuerza y la bebida hay que tomarla pronto para que no pierda fuerza; de lo contrario, una vez abierta va perdiendo sabor y se termina por olvidar en la copa. Tú y yo debemos estar muy contentos de poder celebrar el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima, de que el Papa Francisco el día 13 canonizara a Francisco -hoy hace 107 años que nació- y a su hermana Jacinta, los primeros niños canonizados que no han sido mártires, y de que la Sierva de Dios sor Lucía viviera 87 años más, para dar a conocer lo que vio y oyó a la Santísima Virgen en las apariciones junto a sus primos -a Lucía la Virgen se le apareció cinco veces más, a saber en 1921, 1925, 1926, 1927 y 1929-. Pero, necesitamos priorizar los sentimientos e ilusiones, porque si no puede que todo quede en un recuerdo que, como tantos otros, se olvidan con el paso del tiempo.

Y quien puede aportarnos esos objetivos para mantener con fuerza las emociones vividas, precisamente, son Lucía, Jacinta y Francisco; y no por ser principales y únicos protagonistas de estos sucesos sobrenaturales que tanto ha significado para la Iglesia y para el mundo. La razón, este es mi parecer, la encontramos en las distintas formas de plasmar su vida interior a raíz de las revelaciones vividas.

Consolad a vuestro Dios” fueron las palabras del Ángel en su tercera aparición, antes de hacerlo la Santísima Virgen. Este mandato quedó bien impregnado en el alma de Francisco, que no tuvo más empeño para el resto de su vida que consolar y dar alegrías a Jesús. Sabiendo que era la plegaría preferida de la Virgen, le dijo en una de las apariciones: “¡Santísima Virgen, rezaré tantos rosarios como quieras! Tenía un gran amor al Santísimo Sacramento, llamándole Jesús Escondido. Ofreció su enfermedad para consolar al Señor.


Este santo empeño puede servirte para preguntarte si tú eres consuelo para Jesucristo. Si reparas por los agravios que sufre. Estás al tanto de las noticias, sabes que se le ultraja de palabra, que se cometen actos sacrílegos en iglesias, que, vamos a ser claros, hay mucha indiferencia entre los católicos hacia Jesús Sacramentado en tantos sagrarios, tal vez muy cercanos a dónde vives o trabajas. ¿Te acuerdas al pasar por una iglesia que está allí, posiblemente solo? ¿Le rezas oraciones cortas, jaculatorias, para reparar? ¿Sacas tiempo para visitarle y acompañarle un rato a lo largo del día? Este puede ser el primer propósito: tratar al Señor como a un amigo que tenemos muy cerca, y que necesita ser querido.

Jacinta tuvo una horrible visión del infierno. Su ideal de vida era convertir almas de pecadores para evitarles la condenación eterna. No solamente fue la visión que permitió la Virgen Santísima a Jacinta lo que hizo a los niños preocuparse por la salvación de las almas. Se lo pidió a los tres en una de las apariciones: “Rezad, rezad mucho y hacer sacrificios por los pecadores, pues muchas almas van al infierno porque no hay quien se sacrifique y pida por ellas”.



No sé las veces que habrás pensado en el infierno. No quiero asustarte. El demonio, anfitrión deleznable de las tinieblas, estará siempre dispuesto a mostrarse hospitalario contigo, ofreciéndote su asquerosa estancia como el mejor y más divertido de todos las posibles.  Si lo has descartado como eterna morada no te fíes, y pídele a Dios la gracia necesaria para no sucumbir a los reiterados devaneos con los que pueda obnubilarte.  Este puede ser el segundo propósito. Y eso sí, preocúpate también de las almas de las personas que forman parte de tu entorno. Reza y mortifícate por ellas. Y a nadie  le desees el infierno. Y a nadie es, ¡a nadie! No condenemos nunca. Dejemos todo en las mejores de las justicias, la Divina.

Lucía era quien más hablaba con la Virgen, y lo hacía con la confianza e ingenuidad que una niña se dirige a su madre. Se entristeció mucho cuando la Señora le dijo que Francisco y Jacinta irían pronto al Cielo. Fíjate qué dialogo más entrañable. Lucía le preguntó: “¿Me quedo aquí solita? La Virgen la consoló diciéndole: “No, hija. ¿Y tú sufres mucho por eso? ¡No te desanimes! Nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios”.  Profesó mucha devoción al Corazón Inmaculado de María, sufriente por las ofensas recibidas por los hombres.  Cuando ingresó con 39 años en el Carmelo de Coimbra, pasó a llamarse definitivamente María Lúcia de Jesús y del Corazón Inmaculado de María. Lucía se convirtió en la principal propagadora del Santo Rosario. Puede ser un nuevo propósito, el tercero, con el que alegrarás a María y te acercará a Dios, además de ayudarte para aumentar la devoción a su Inmaculado Corazón. Lucía murió el 13 de febrero de 2005 a los 97 años de edad. El 13 de febrero de 2008 el Papa Benedicto XVI autorizó la apertura de la Causa de Beatificación y el 13 de febrero de 2017 concluyó la fase diocesana del proceso pasando la causa al Vaticano.

Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces y especialmente cuando hagáis un sacrificio: “Oh, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de Maria”. En esta oración que la Virgen Santísima confió a los tres pastorcillos, en la aparición del 13 de julio de 1917 se condensan los propósitos que te sugiero. ¿Qué no sabes qué sacrificios puedes hacer? Te doy una pista. Una mañana Lucía estando en casa de sus primos se sorprendió de que Jacinta tomase un vaso de leche sin rechistar. Sorprendida le preguntó a qué se debía ese cambio, y Jacinta contestó que se lo ofrecía por estas intenciones que la Virgen les había pedido. El vaso de leche pasó de ser una horrible pesadez a un detalle de amor reparador. ¿Verdad que a lo largo del día también tienes que tomar muchos “vasos de leche” con el ceño fruncido? Pues ya sabes lo que tienes que hacer.

Te dejo con las intenciones del Papa para este mes de junio. 



domingo, 21 de mayo de 2017

Tenemos una Madre


Mayo de 2017, centenario de la primera aparición de la Santísima Virgen a tres niños en Fátima -Francisco, de 9 años; Jacinta, de 7 años y Lucía, de 10 años-, mientras pastoreaban un rebaño en la Comarca de Cova de Iría. Entenderás que es de imperiosa necesidad dedicar este post al acontecimiento de inusitada importancia para la Iglesia y el mundo. Y lo hago con san Juan Pablo II, posiblemente el cristiano que más devoción ha depositado en el misterio de la Virgen de Fátima. Desgranamos fechas y hechos en torno a este santo y a tan significativa fecha: 13 de mayo de 1917.


El 13 de mayo de 1981 el Papa Karol Wojtyla sufría un atentado en la mismísima Plaza de San Pedro, que a punto estuvo de costarle la vida. El turco Alí Agca disparó certeramente contra el cuerpo del Papa polaco, dejándolo gravemente herido. Se sabe quien lo perpetró pero no quien lo maquinó, aunque las sospechas e investigaciones siempre apuntaron a los servicios secretos de la U.R.S.S.

Justo un año después del atentado, el 13 de mayo de 1982, Juan Pablo II viajó por primera vez a Fátima “para agradecer a la Virgen su intervención para la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud”. Su cuerpo todavía padecía las secuelas de las heridas y la operación sufrida, pero quiso convertirse en un peregrino más por el amparo recibido de la Virgen.

En 1983 visitó a Alí Agca en el centro penitenciario donde cumplía condena. “¿Por qué no murió -le preguntó sorprendido el desconcertado hombre preparado para matarle-? ¿Yo sé que apunté el arma como debía y sé que la bala era devastadora y mortal? ¿Por qué entonces no murió? ¿Por qué todos hablan de Fátima?”. La respuesta siempre estuvo clara para san Juan Pablo II: “una mano materna intervino”, la de la Virgen María. En este mismo año, realizó un nuevo gesto de agradecimiento: donó al santuario de Fátima la bala que le extrajeron de su cuerpo, que curiosamente está perfectamente engarzada en la aureola de la corona de la Virgen, sin necesidad de haberla tenido que acondicionar para su cabida, como si la corona hubiera estado preparada desde un principio para albergar la bala que quiso acabar con su vida.


El 25 de marzo de 1984, fiesta de la Anunciación, san Juan Pablo II consagró a todos los hombres y pueblos del mundo, incluida Rusia, en unión con los obispos de los cinco continentes, a María Santísima. Así se dio cumplimiento a lo querido por la Virgen María en la tercera de las apariciones, el 13 de julio de 1917. Cinco años más tarde el mundo vivió uno de los acontecimientos más trascendentales del siglo XX: la caída del muro de Berlín y el derrumbe de una ideología que había sojuzgado, alienado y asesinado a millones de personas detrás del “telón de acero”. La promesa de la Virgen se cumplió.


En el año 2000, san Juan Pablo II viajó a Fátima para la beatificación de Francisco y Jacinta. El 26 de junio de ese año se hizo pública la “tercera parte” del secreto de Fátima, desvelando la relación entre este secreto y el atentado contra su persona. El entonces prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, cardenal Joseph Ratzinger, acató la propuesta del Papa Wojtyla, y con el beneplácito de sor Lucía -en una de las apariciones la Virgen le dijo que debía quedar esta parte oculta en el misterio-, el mundo conoció el contenido de la tercera parte del secreto que la Virgen desvelo a los tres niños pastorcillos. La primera fue la visión del infierno y la segunda el anuncio de la Segunda Guerra Mundial.


“Nós temos uma mãe”, tenemos una madre, así comenzaba la homilía el Papa Francisco el pasado día 13, durante la ceremonia de canonización de Jacinta y Francisco Marto, a pocos metros donde la “Señora muy bella”, como así la definían los niños videntes, se les apareció por vez primera a ellos y a su prima Lucía, hace cien años. Esa misma Señora que bajó del Cielo para dar a conocer a la humanidad un mensaje de conversión, paz y esperanza, es la misma que desvió la bala unos milímetros para que Karol Wojtyla sobreviviese al atentado preparado y perpetrado contra su vida, esa misma Señora es la que se ofrece a ti y a mí para ser nuestra madre, dispuesta a extender esa mano materna, porque con ese mismo corazón con el que amó y ama a Jesucristo es con el que te ama a ti y a mí. Atrévete a quererla como madre. Ella te quiere como hijo. Déjate ser buen hijo. Pídeselo a los nuevos santos Francisco y Jacinta Marto.

Aunque ha transcurrido buena parte de mayo, te dejo las intenciones del Papa Francisco para este mes tan mariano.

viernes, 19 de agosto de 2016

Dos madres en el Cielo


Decía el Papa Benedicto XVI en la homilía de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, en el año 2005, que en este día festejamos que tenemos una madre en el Cielo. Es una demostración del inmenso amor de Jesús por María. No podría ser de otra manera: el Hijo de Dios quería tener en cuerpo y alma a su Madre, una vez cumplido el tránsito del mundo terrenal al celestial. No quería únicamente estar con el alma de su madre; también deseaba tener cerca el cuerpo que le dio la existencia humana, el vientre que le llevó, los pechos que le amamantaron, los brazos que le acogieron, la sonrisa que tanto esperaba. Nada extraño que la Santísima Humanidad de Cristo quisiera lo mejor para María. Era perfecto Dios y también perfecto hombre. Un hijo agradecido a su madre.

Fue el Papa Pio XII quien proclamó el Dogma de la Asunción el 1 de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentissimus, declarando que “terminado el curso de su vida terrenal fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”. San Juan Pablo II exponía en una de sus homilías propias de esta fecha que “María Santísima nos muestra el destino final de quienes ´oyen la palabra de Dios y la cumplen´ (Lc. 11,28). Nos estimula a elevar nuestra mirada a las alturas, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha del Padre, y donde está también la humilde esclava de Nazaret, ya en la gloria celestial”.

Cielo. ¿Cuántas veces pensamos los cristianos que el objetivo por el que vivimos, o debemos vivir, está cruzando el umbral de la muerte? ¿Nos detenemos, amiga y amigo mío a pensar qué nos aguarda una vez que Jesús ha vencido a la muerte? Sí, ciertamente es complicado imaginarse el Cielo.  Estas palabras de Benedicto XVI nos pueden ayudar: “Hoy todos somos conscientes de que con el término ´cielo´ no nos referimos a un lugar cualquiera del universo, a una estrella o a algo parecido. No. Nos referimos a algo mucho mayor y difícil de definir con nuestros limitados conceptos humanos. Con este término ´cielo´ queremos afirmar que Dios, el Dios que se ha hecho cercano a nosotros, no nos abandona ni siquiera en la muerte y más allá de ella, sino que nos tiene reservado un lugar y nos da la eternidad; queremos afirmar que en Dios hay un lugar para nosotros”.

Con esta esperanza debió irse mi madre el pasado día 3. A sus 88 años se le juntaron las prisas -como suele decirse en mi pueblo- y “decidió” que había  llegado el momento de partir hacia la eternidad. Cuanto antes mejor.

Fue preparándose discretamente para entrar en la Casa del Padre y descubrir que hay una vida mejor, y para siempre, a pesar de “no haber vuelto nadie para contarlo”, como graciosamente recordaba que le decía su madre, cuando se albergaban dudas  de fe.  No quiso desvelar a sus hijos que intuía estar en las postrimerías de la vida (terrena). Tal vez ella misma pedía ya el adiós.  

Su confidente fue una mujer -una excelente mujer-, quien una vez por semana iba a limpiar el piso de mi hermano donde vivía. Se sentaba cerca de ella y mientras hacía las faenas de la casa y le daba conversación, abría el corazón a su confidente, y le contaba lo que su buena cabeza recordaba y su corazón le pedía.

Y junto a esta buena mujer otro confidente, el párroco de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora de Tomelloso, quien ha ejercido de pontífice desde que dejó de ir a Misa por no poder tirar de sus piernas y por el dolor “tonto” de la espalda, como llamaba a las molestias diarias por el desgaste de una de sus vértebras. Él era ese puente entre Dios y mi madre, el confidente espiritual con el que “hablaba de la vida” antes del momento álgido de la visita de los viernes: recibir la Comunión, y cuando el alma estaba más en carne viva el sacramento de la Reconciliación.

Un día antes del fallecimiento, el capellán del hospital de Tomelloso le administró la Unción de Enfermos. Rezamos con ella y por ella. Agradeció al joven sacerdote haberla visitado a última hora de la mañana, estando ya de vacaciones. No hubo dudas para el momento. Mi madre tenía todavía la capacidad mental suficinte para percibir que estaba recibiendo el Viático, el óleo santificado que se administra para fortaleza del enfermo ante el previsible y próximo trance de la muerte.

Pudo despedirse de la única hermana que vivía “gracias” a que mi prima decidió llevarla a urgencias para tratarse la herida en una pierna, sin saber todavía que su tía estaba ingresada, y que a pesar de la distancia de una y otra a lo largo del año surgió la ocasión de despedirse. Su hermana tirándole besos con la mano y mi madre despidiéndola con la mano levantada y soltándole un piropo: la llamó guapa.

Pero llevó una cruz. Llevaba nueve años cargando con ella. Solo ella sabía lo que pesaba. Una cruz que llevó en silencio. Rencores apagados con serenidad. Olvidos ajenos recobrados con recuerdos. Paz ante el desaliento. Podría haberse bajado de la cruz, agarrada a enojos y agravios que a la larga conducen a morder el polvo del odio. Pero no. Dios tenía otro plan, más divino. Ese silencio que viven las almas que están en sintonía con Dios. Como vivió el Siervo de Dios Ismael de Tomelloso en su corta vida y a la hora de la muerte. -“¡Madre mía del Pilar, sálvame!¡Dios mío, misericordia!¡Sagrado corazón de Jesús, en Vos…!”; y expiró el 5 de mayo de 1938. Mi hermana recuerda que las últimas palabras que pronunció con nitidez eran también oraciones.

Mi madre se ha ido a comienzos del mes de agosto, para no alterar las vacaciones de sus hijos y nietos. ¡Qué bien le han salido los planes! Detalles para no perjudicarnos. Como cuando la garrafa se llenaba del agua que en verano destila el aparato del aire acondicionado. Últimamente apagaba el aparato del aire para no llamar a mi hermano y tener que molestarse en tener que vaciar la garrafa.

Ana María ha partido en el Año Santo de la Misericordia. Perdonando, seguro estoy, a toda persona a la que podría haber hecho daño a lo largo de su vida. Seguro que hasta setenta veces siete. Dando buena cuenta del Padrenuestro: perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden...  Oía a diario Misa de lunes a sábado por televisión, y los domingos dos, el Rosario no faltaba a la tarde y por la noche  sus oraciones acostumbradas antes de  dormir. Ha estado siguiendo los actos retransmitidos de la Jornada Mundial de la Juventud y acordándose que una nieta estaba participando del encuentro de los jóvenes con el Papa Francisco.

Estoy convencido que la infinita misericordia de Dios mostró nada más morir complacencia con su alma. Muchas personas han rezado por ella. Y siguen rezando. Sacerdotes amigos ya han ofrecido sufragios por su alma.  Novena terminada en el Asilo de los Ancianos Desamparados de Tomelloso. Allí donde tanto ayudó en tareas domésticas. Su vida ha estado impregnada de mucho bien. Ha muerto con paz y en paz. Rostro sereno. Semblante apacible. La despedida, la misma que la que hice con mi padre: beso en la frente y un ¡nos vemos en el Cielo!




Se acabaron las conversaciones telefónicas diarias. El intervalo de las 9 a las 9.30 de la noche se me hace extraño. Era la hora fijada para hablar con ella. Ese detalle diario ya no es efectivo. No hace falta. La compensación es mejor: a partir de este año podré  celebrar en la fiesta de la Asunción de la Virgen María, que tengo dos madres en el Cielo. 

Te dejo este video con las intenciones del Papa Francisco para este mes de agosto. Como verás son muy olímpicas.






lunes, 12 de octubre de 2015

Mi querida España




Festividad  de la Virgen del Pilar, Patrona de España y de la Hispanidad (también de Zaragoza y de la Guardia Civil). Aparente normalidad en los actos oficiales. He llegado a casa y he presenciado el final del desfile militar. Los Reyes montados en coche saludan a los madrileños que se han convocado en una céntrica avenida de Madrid para saludar a los monarcas. Sin embargo, este año es distinto, detrás de la aparente normalidad se cierne la ventisca de ruptura de la unidad de España. Una entente de partidos secesionistas van a gobernar Cataluña, con el apoyo de otro partido que exige la declaración de independencia a cambio de apoyo parlamentario. Atravesamos posiblemente el momento histórico más convulsivo de la historia de España, desde que en 1978 fuera aprobada la Constitución. La unidad de España promovida por los Reyes Católicos, al constituir un Estado moderno está seriamente amenazada. Cientos de miles de españoles en Cataluña pueden convertirse en rehenes de unos dirigentes autonómicos empeñados en separarse de España para formar un estado aparte.

A lo largo de estas cincuenta y siete entradas publicadas la cuestión política ha sido escasa. No escribo para orientar políticamente a nadie. El afán es únicamente apostólico. Únicamente el 13 de octubre de 2012 publiqué una entrada refiriéndome a la situación de España, con el título Me duele España, que por cierto ha sido la más visitada. Cuando me refiero a España, lo hago con la preocupación profunda de quien se siente español, solamente priorizado por mi sentimiento católico. No puedo evitar mi preocupación por el futuro de mi nación, donde tanta sangre se ha derramado a lo largo de los siglos para vivir constituidos en patria común e indisoluble como expone el art. 2 de la Constitución.

Os diré que amo a España porque es la tierra donde Dios ha querido que nazca. Me ha dado una familia, un pueblo, una ciudad dentro de una nación a la que me siento orgulloso de pertenecer, y de la cual han nacido importantes figuras para el mundo de la cultura, de las ciencias, del arte, de las letras, de la pintura, de la escultura, de la religión... que tanto han contribuido a engrandecer a España y al mundo. Amo a España por la riqueza de sus costumbres, por el rico folclore en tantas regiones,  por la variedad y belleza de su geografía, por compartir un idioma con casi quinientos millones de hispano-parlantes, por abrazar sus costas dos océanos, por el sol radiante que durante gran parte del año ilumina desde el cielo, por la idiosincrasia propia de un pueblo que a lo largo de su historia ha dado cabida a diferentes civilizaciones. Amo a España porque es la tierra donde llegó Santiago el Mayor desde Judea a evangelizar, y en el que la Virgen María, allá por el año 40 después del nacimiento de su hijo, Jesucristo, se le apareció sobre un pilar de mármol, en un lugar donde a petición de la Madre de Dios se edificaría la actual basílica en Zaragoza, junto al río Ebro. Amo a España porque fue descubridora del Nuevo Mundo, en el que muchos compatriotas  llevados por el ambiente misionero de la época no dudaron en partir hacia tierras lejanas, exponiendo sus vidas para dar cumplimiento al mandato de Jesucristo de ir al mundo entero a proclamar el Evangelio a toda la creación. Precisamente, el pasado día 23 de septiembre, fue canonizado por el Papa Francisco  Miguel José Serra, franciscano que vivió en el siglo XVIII, quien cambió su nombre de pila por el de Junípero, a ejemplo de uno de los primeros compañeros de san Francisco: Junípero de Asís. Es conocido por el "apóstol de California", a quien Su Santidad ha llamado "santo de la catolicidad y especial protector de los hispano de América del Norte"  destacando que "la vida de fray Junípero evidencia tres aspectos: el empuje misionero, su devoción mariana y su testimonio de santidad". Amo a España, y siento profundo respeto por el himno nacional, por la bandera y por las instituciones que la representan, sin poder decir desgraciadamente que al igual que un francés, un ecuatoriano, un norteamericano o un australiano, porque aquí hay compatriotas que no solamente no se sienten españoles, sino que descalifican, agravian, ofenden, insultan y menosprecian unos símbolos propios que identifican la historia e identidad de cualquier estado moderno.
Pero te diré que no es momento de desalientos. Anteriormente citaba la aparición de la Virgen a Santiago. María aún vivía en la tierra donde nació, y donde Jesús vivió. Pero quiso presentarse milagrosamente a Santiago, porque según cuenta la tradición estaba desalentado por el infructuoso resultado que él y sus ocho acompañantes estaban obteniendo. Parece ser que la evangelización no arraigaba en los corazones de nuestros antepasados. Los resultados, veintiún siglos después, ya los sabemos.  San Juan Pablo II, en su quinto viaje apostólico a España se despidió con un "¡Hasta siempre, tierra de María!", dejándonos el compromiso a los católicos de preservar la España evangelizada y evangelizadora. Somos una nación eminentemente mariana. Basta repasar con cuantas advocaciones se le reconoce veneración a la Virgen María. Las festividades en honor de su nombre. Las raíces intrínsecas de cada pueblo y ciudad para ponerla como patrona. Somos, repito, una nación mariana. La Virgen se fijó en España. Jesucristo nos obsequió con el particular amor que un hijo deposita en su madre. La Madre de Dios, ¡es nuestra madre!

Amigo mío, amiga mía,  deseo que este día, festividad de la Virgen del Pilar, pueda ser el punto de partida para iniciar una andadura evangélica de la mano de María.  Ella prometió ayudar a todos quienes pidan su intercesión en ese lugar de la aparición, hasta el final de los tiempos. Y tú y yo, que tan a mano tenemos una imagen de la Virgen del Pilar, o cualquier otra imagen de la Virgen con distinta advocación, que la queremos llevar en el corazón como a una madre se lleva, ¿no vamos a intentar, al menos, hacer el firme propósito de levantar el ánimo para acercar el Reino de Dios a tantos compatriotas que andan descaminados? Con Santiago y ocho más fue posible. Se lo pedimos a María, pidiendo la intercesión de san Juan Pablo II, y de un alma más que está en el Cielo, la de mi paisano Ismael de Tomelloso, prisionero en la guerra civil, que murió ofreciendo su vida por Dios, por la paz en España y por todas las almas, en el Hospital Clínico de Zaragoza, pidiendo en las postrimerias de su vida lo que debiéramos pedir como hijos a una Madre Misericordiosa: ¡Madre mía del Pilar, sálvame!

Virgen del Pilar, haznos fuertes en la fe, seguros en la esperanza, generosos en el amor.

Te dejo con este video y esta canción que ha dado  título a este comentario. Me quedo con el estribillo y la ilusión de que sea una realidad para todos los españoles.



viernes, 21 de agosto de 2015

Nuestras fiestas patronales


Nada mejor para reanudar la actividad en este blog que referirme a la pasada fiesta del día 15, la Asunción de Nuestra Señora. EL mes de agosto español está plagado de fiestas patronales en diferentes ciudades y pueblos en honor de la Virgen María. España sigue siendo una nación donde a la Madre de Dios se la quiere y se la honra bajo distintas advocaciones. No obstante, admitamos que el fervor popular hace que fácilmente se oculte el profundo y trascendental sentido religioso.  

Reconsideremos que la Asunción de María es un dogma de fe afirmado por la Iglesia. María no conoció la corrupción de la carne. Nació inmaculada, sin pecado original, a lo largo de su vida vivió llena de gracia y a la hora de la muerte fue elevada al Cielo en cuerpo y alma.  La promesa de Jesucristo a toda la humanidad tiene en la Virgen María a la principal precursora.  

Las madres siempre adquieren un protagonismo imprescindible en la vida de todos; también, en la de los santos. Precisamente un día antes de esta fiesta, el 14, la Iglesia recuerda a Maximiliano Kolbe, nacido en Zdunska Wola (Polonia), el 8 de enero de 1894, franciscano, ordenado sacerdote en Roma el 28 de abril de 1918. El 14 de agosto de 1941 murió en el campo de concentración de Auschwitz, después de catorce días de agonía, ofreciendo su vida para salvar la de un padre de familia, que había sido seleccionado por el comandante del campo para asesinarle con otros nueve prisioneros, en represalia por el intento de huida de otro. En el año 1973 fue beatificado por el Beato Pablo VI y en 1982 san Juan Pablo II le canonizó como Mártir de la Caridad.

En su biografía se descubre un hecho que determinó el camino por el que Dios le llamaba gracias a su madre. Ingresó a los trece años en el Seminario de los padres franciscanos de la ciudad polaca de Lvov, junto con uno de sus hermanos. Poco tiempo después, una gran crisis de fe hizo que los dos dispusieran salirse de la orden para emprender la carrera militar. El día antes de ponerlo en conocimiento de sus superiores, su madre llegó ilusionada al convento para comunicarles que el hermano pequeño también quería ingresar. Esto hizo replantearse la situación a Maximiliano y a su hermano, permaneciendo en la orden el resto de sus vidas. El mártir polaco siempre tuvo en cuenta esta visita de su madre a la hora de desechar la idea de abandonar su vocación; es más, sirvió para arraigar mas su fe y su vocación. Así de providencial fue su visita.

No hay madre que no haya intercedido o implorado ayuda en casos de necesidad en momentos determinados.  María sigue intercediendo por nosotros en el Cielo. En la tierra ya lo hizo. Desde el día de la Asunción lo hace en presencia de Jesucristo. Si en las bodas de Caná imploró la acción de su hijo para convertir el agua en vino y evitar que decayera el ánimo en aquélla celebración, no podemos pensar que desde el Cielo está al margen de nuestras necesidades. Está muy cerca de nosotros porque está muy cerca de Dios.

Disfruta de las fiestas en honor de tu patrona si todavía no se han celebrado. María tiene que alegrarse de que sus hijos vivan con arraigo el fervor popular hacia ella. Cuando estés en el campo, en la ermita o en la parroquia con ella, pídele por esos buenos deseos que tienes para tí y para los tuyos; pero no olvides que el mayor anhelo de María es que seas buen hijo de Dios.

San Maximiliano Kolbe así entendía el trato con la Virgen: El único deseo de la Inmaculada es elevar el nivel de nuestra vida espiritual hasta las cumbres de la santidad. 









domingo, 11 de enero de 2015

De la mano de la Virgen en 2015





El futuro siempre preocupa, la incertidumbre es una cuestión que el hombre no sabe resolver para encontrar seguridad a lo que está por vivir. Intentamos planificar la vida en función de nuestros proyectos, pero siempre quedan condicionados a circunstancias que los pueden trastocar. Con la llegada de un nuevo año surgen propósitos, deseos, ilusiones, pero también inquietudes, intranquilidades, porque somos vulnerables y siempre quedarán dudas de si podremos alcanzar los propósitos anhelados. ¿Estamos seguros que todo depende únicamente de nuestros esfuerzos?

Para paliar las incertidumbres ante lo desconocido, aunque sea de manera inconsciente, por guardar las costumbres, estas fechas son propicias para dejarnos llevar por supersticiones chocantes y simpáticas como ponerse en Nochevieja alguna prenda de vestir roja, comerse las doce uvas -¡todas!-, echar un anillo en la copa de sidra o champagne, comer lentejas el último día del año… Y pedimos los mejores propósitos, metas a las que llegar, objetivos para cargarnos de ilusión. Lo pedimos, sí, después de un brindis en Nochevieja; pero ¿a quién? Al Año Nuevo. ¡Cuántas peticiones habrán salido para el año 2015! Una pregunta llamativa: ¿nos hemos parado a pensar que un año es tan solo el tiempo que tarda nuestro planeta Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol? Nos dirigimos a una medida temporal porque persiste esa inquietud en el hombre por reconocer que por nosotros mismos no somos capaces de labrarnos un futuro sin inquietudes y temores. Estamos necesitados de ayuda y protección. Un nuevo año parece que nos supera, que se nos va a hacer largo, que habrá momentos en los que marcharemos con paso firme, pero también trayectos que se harán cuesta arriba. Vemos ilusión, pero desasosiegos a la vez. No las tenemos todas consigo, podríamos decir.



Los cristianos tenemos más fácil a quien dirigirnos para dejar en buenas manos nuestras inquietudes y propósitos, para entrar en un nuevo año con ilusión y esperanza. El mismo día 1 de enero la Iglesia celebra la fiesta de Santa María, Madre de Dios, el título más preciado a consecuencia de la perfecta unión de la naturaleza divina y humana de Cristo desde el momento de la concepción. Comienza el año civil, y el principal anhelo para la humanidad es la paz; por esta razón también invocamos a María como Reina de la Paz. Deseamos la paz, en nuestros corazones; un corazón en paz consigo mismo y con el prójimo transmite alegría, felicidad, estado que todos buscamos.

Cuando san Juan Pablo II perdió a su madre siendo un adolescente, se puso de rodillas y le dijo a la Virgen que ahora que ya no tenía madre en la tierra, debería ser Ella quien le cuidara desde el Cielo. En Cruzando el Umbral de la Esperanza, nos describe el significado de la devoción mariana: Así pues redescubrí la nueva piedad mariana, y esta forma madura de devoción a la Madre de Dios me ha seguido a través de los años. La Virgen cuida de nosotros, se ocupa de nuestras preocupaciones, quiere estar muy cerca de cada uno de sus hijos porque ama con un corazón rebosante de gracia, con un alma llena de Dios. Llevó en sus entrañas al Salvador, le trajo a la tierra en su bendito vientre, le cuidó, le alimentó, le vistió, le protegió como cualquier buena madre hace con su hijo. Era el Hijo de Dios, pero necesitaba de una madre, precisaba unos brazos que le cogiesen, unos pechos que le amamantaran y el cariño propio para crecer en paz y alegría.

El comienzo de un nuevo año es propicio a formularnos reflexiones. Te propongo una: tenemos por madre a la Madre de Dios. Me gusta imaginarme  a la Virgen llevando de la mano al Niño Jesús en sus primeros pasos. Se sentiría seguro, sonreiría al descubrir que a pesar de la torpeza de sus pasos no se cae, se ve seguro, porque se sabe bien cogido por la mano de María. Así podemos vernos tú y yo en los inicios del año 2015. Niños pequeños, que vamos a lo largo de todos los próximos 365 días bien agarrados a la Virgen. Fíjate lo que se atrevió a escribir Santa Teresa del Niño Jesús, en Últimas Conversaciones : “ella no tuvo una Santísima Virgen a quien amar y eso es una dulzura más para nosotros y una dulzura menos para ella”. 

Tú y yo podemos amar a  la Virgen. Y para amarla hay que  tenerla presente, y hay que tenerla presente para amarla. Hay innumerables maneras de acordarnos diariamente: rezando el Avemaría, el Rosario u otras oraciones marianas, llevar una estampa en la cartera, tener bien a la vista en casa una imagen suya,  saludarla cuando salimos o entramos a casa. ¡Mil detalles! No esperes a que llegue la fecha de las fiestas patronales o la romería de tu pueblo o ciudad para mostrarle lo mucho que la quieres. Empieza ya, en los inicios de este año 2015. No quedarás defraudado. María desea que confiemos a ella nuestras ilusiones y buenos propósitos para este año; y también nuestros temores e inquietudes. Es natural: la Madre de Dios es nuestra madre.

¡Feliz Año 2015!


domingo, 31 de agosto de 2014

La Virgen y el "Niñete"






El mes de agosto nos deja una estela de fiestas que la Iglesia celebra con el fin de dar alabanza a la Madre de Dios. El día 2 recordamos a la Virgen bajo al advocación de Nuestra Señora de los Ángeles; el día 5 la Dedicación de la basílica de Santa María (Nuestra Señora de las Nieves); el día 15 la Asunción de la Virgen María y el 22 Santa María, Virgen Reina. Por encima de todas ellas destaca la del día 15. Benedicto XVI decía que en esta fecha festejamos que tenemos una madre en el Cielo. Y esa Madre es María, la Madre de Jesús. La iglesia oriental gusta llamar a esta fiesta la Dormición, porque la Virgen fue elevada a la gloria del Cielo sin conocer la corrupción de la carne. Si Jesucristo venció a la muerte, María no podía caer en su dominio.

Sé que no son las fechas más apropiadas para referirme  al destino de nuestro cuerpo, cuando estamos todavía en esta etapa estival en la que buscamos zonas y momentos para broncearlo, hidratarlo o buscar reconfortables lugares o medios para superar los calores de rigor; es más, asumo que no son pocos los que se preocupan hasta límites que rayan la idolatría en dar culto a un cuerpo que antes o después verá inexorablemente el deterioro propio del paso del tiempo. Sobra recordar cuál será el final de nuestros huesos. Pero, en plena canícula, la Iglesia nos recuerda este dogma de fe: la Virgen María está con su cuerpo glorioso en el Cielo; y este es el significado que la Iglesia resalta en esta fiesta. Un destino que Dios ha dado no solamente al cuerpo santísimo de la Virgen, sino al de todos los hombres por habernos rescatado de la muerte.

La fiesta de la Asunción de la Virgen María, por tanto, debe movernos a la admiración y a la esperanza. Admiración porque el tránsito de la tierra al Cielo de María fue en cuerpo y alma. El cuerpo que llevó nueve meses al Salvador no podía corromperse en el sepulcro, no podía sufrir la corrupción de la carne. Y debe conducirnos a la esperanza, porque tú y yo estamos llamados a que un día nuestros cuerpos resucitados adquieran por la gracia de Dios unas propiedades para gozar con el alma en el Cielo. Es una de las verdades del Credo: creemos en la resurrección de la carne.

¿Lo creemos verdaderamente? Así debería ser. Si Dios nos ha dado un cuerpo y un alma que lo anima, es para beneficio íntegro de nuestra persona. Carecería de lógica -de lógica divina- que Dios nos proporcionara un cuerpo como un envoltorio para que en el momento de la muerte se quedase en tierra o disperso en cenizas. Para un final así mejor crearnos seres celestiales como los ángeles. De esta manera no tendríamos dolores, ni limitaciones, ni contraeríamos enfermedades..., llegaría la hora en que Dios nos llamase, rendiríamos cuentas de nuestra vida espiritual, obtendríamos el premio o castigo merecido y punto. 

Pero no son estos los planes de Dios. Dios Padre y Creador nos ha dotado de un cuerpo porque forma parte junto con el alma un todo, la persona, y estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Y para redimirnos quiso dar importancia relevante a la carne: el Verbo se hizo carne a través del cuerpo de una joven, la Virgen María, derramando su sangre por todos nosotros para la remisión de nuestros pecados.

Escuchaba en una de las homilías pronunciadas por el cura-párroco de una de las parroquias de mi pueblo, Tomelloso, que precisamente se llama parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, en uno de los días previos a las Ferias y Fiestas en honor de la Patrona, que no debemos incurrir en preferencias a lo hora de guardar devoción a las patronas de nuestros pueblos, que la importancia de la Virgen es que nos debe aproximar al “niñete” que lleva en brazos. Porque, efectivamente, ese “niñete” es Dios, el Niño Dios, un Dios que se hace carne para que un día la nuestra pueda participar de la plenitud gloriosa. Podemos y debemos implorar ayuda a la Virgen; podemos y debemos rezarle con espíritu de hijos necesitados de su protección; podemos y debemos presumir de que la patrona de cada uno de los pueblos y ciudades donde vivimos es la más guapa y mejor engalanada, sin incurrir en apasionamientos folclóricos. Pero debemos pedirle, primordialmente, que nos ayude a acercarnos a su Hijo, Jesucristo, Dios y Señor nuestro. Solamente en el “Niñete” podemos encontrar significado a nuestras vidas. Sin Él, María no hubiera sido Madre de Dios, no le guardaríamos  hondas devociones, no tendríamos fiestas ni romerias en pueblos y ciudades, no se celebraría ni Navidad, ni Semana Santa; y lo que sería peor, no tendríamos esperanza. La esperanza de que también con nuestros cuerpos podamos dar gloria a Dios en el Cielo.

María dijo sí al plan de salvación propuesto desde la eternidad por Dios. Hágase en mí según tu palabra contestó al Arcángel San Gabriel (1). También el Señor sin coartar tu libertad y la mía quiere establecernos un plan de salvación adaptado particularmente a nuestras vidas. De ti y de mí depende el destino de tu alma y de la mía, de tu cuerpo y del mío. Digámosle confiadamente  sí. Un sí incondicional. Un sí diario. Un sí sabiendo que no nos abandonará jamás.

La imagen que acompaña el texto es de la patrona de mi pueblo, la Santísima Virgen de las Viñas. Ayer concluyeron las fiestas en su honor. Nada mejor que recordar con esta bonita estampa a Madre, como así la llamamos familiarmente.



























Lc. 1, 26-38