domingo, 26 de junio de 2016

OBRAS DE MISERICORDIA: Dar posada al peregrino (III)


Y vio Dios todo lo que había hecho; y he aquí que era muy bueno. Hubo tarde y hubo mañana: día sexto (Génesis, 1,31). Dios inventa de la nada el hábitat natural para que hombre y mujer reciban el "aliento" divino, para gozar de la vida y del bien que proviene de Dios (Génesis, 2.4-7; 16-25). El Paraiso terrenal fue la primera casa, el primer hogar, donde empezó la convivencia entre nuestros primeros padres. Dios se recrea con su obra. Se "asombra" de la perfección infinita, de la belleza sublime de un mundo, de una tierra destinada para la felicidad de sus criaturas.

El 11 de noviembre de 2011 se dieron a conocer las siete maravillas naturales del mundo, un concurso que partió del suizo Bernard Weber, fundador de la empresa New Open World Corporation (NOWC). Un panel de expertos eligió 28 finalistas de las 454 nominadas en el primer proyecto, y tras votación abierta controlada por la página web relacionada con la marca, las elegidas fueron las siguientes: Montaña de la Mesa (África), Cataratas del Iguazú y Amazonas (América del Sur), Bahía de Halong, Isla Jeju,  Parque Nacional de Komodo y Río Subterraneo de Puerto Princesa (Asia). Las siete han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad. 

Probablemente no hayas visitado ninguna de ellas; o tal vez sí. Al menos a través de internet te invito a contemplarlas y percibir esas señas de identidad del Creador.  Pero te lo pongo más fácil y natural. Descubre un amanecer, observa un atardecer, levanta la mirada en una noche estrellada, descubre la inmensidad del mar, escucha el afinado canto de un ruiseñor o huele el aroma de un lirio, y te dejarás llevar por ese misterio que hará preguntarte: ¿de quien parte tanta belleza? Arthur Compton (1892-1962), premio Nobel de Física en 1927, fue uno de tantos científicos que se rindieron ante la sublimidad del orden e inteligencia del cosmos: "Para mí, la fe comienza con la comprensión de que una inteligencia suprema dio el ser al universo y creó al hombre". 

Una creación perfecta, un paraiso terrenal. Una libertad perfecta para hombre y mujer indispensable para amar al Creador por encima de todas las cosas. Pero viene la caída. En el capítulo 3 del Génesis aparece la tentación. La serpiente induce a Eva no solo a tocar sino a comer del árbol que está en medio del jardín para ser conocedores del bien y del mal, para ser como Dios (2-5). Queremos ser como Dios, la criatura se revela ante el Creador, siente sentirse capacitada para imponer cuál es el bien y el mal.  La naturaleza también sufre el relativismo en el que el ser humano vive: contaminación de mares y atmósfera, deforestación, calentamiento de la tierra, extincion de especies animales... La casa común donde vivimos es presa de ese determinismo tecnológico irrespetuoso con las leyes de la naturaleza que, por otra parte, el hombre no las ha ideado; le han sido dadas.

Otra fecha. El pasado día 20 se celebró el Día Mundial de los Refugiados, coincidiendo con el aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. Según datos de ACNUR (Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados)  el número de personas desplazadas por las  guerras, violencia, persecución y violación de los Derechos Humanos alcanzó en 2015 la cifra de 65,3 millones de personas, 5,8 millones más que en 2014, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Entre estos millones de desvalidos, muchos cristianos que han dejado sus casas y huyen de la tierra que vio nacer a Jesucristo. Al igual que el Maestro no tienen donde reclinar la cabeza (Mt. 8,20). Otros han dejado sus vidas, han derramado su sangre hasta el martirio. Hasta tal punto llegan los odios, persecuciones, violaciones, matanzas indiscriminadas, que el pasado 4 de febrero el Parlamento Europeo reconoció el genocidio cometido sobre minorias religiosas, especialmente entre la población cristiana por quienes odian la religión del amor y el perdón, de la misericordia.


Surgen esas preguntas que desde muchos areópago modernos se formulan para mostrar que la unica explicacion es que el hombre está solo. ¿Es que Dios se ha olvidado del mundo tan perfecto creado? ¿Ha abandonado al correr de su suerte a su criatura? En la homilia de san Juan Pablo II al comienzo de su pontificado hacía esta petición de acogimiento a Cristo: "¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!...Abrid a su potestad salvadora a los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce lo que hay dentro del hombre. ¡Solo Él lo conoce!"

La muestra de que Dios sigue al lado del hombre es que buscó cobijo en el seno de una mujer, se hizo uno más entre nosotros y derramó su sangre para redimirnos del pecado y abrir las puertas de la Casa eterna del Padre. Somos huéspedes de esta casa común, peregrinos en busca de la morada eterna. No. Dios no abandona, no olvida; el hombre es su criatura preferida. El alejamiento entre el hombre y Dios, la violencia del hombre con la naturaleza y contra su propia existencia es consecuencia del rechazo de la criatura al Creador.  

Jesucrito ayer y hoy sigue llamando a las puertas de los corazones de todos los hombres, ¡de toda la humanidad! No hay otro camino: el mundo será la casa común de todos los seres humanos cuando abramos de par en par las puertas a Cristo. Y los cristianos somos quienes primero debemos tomar la palabra. Solo entonces seremos hospitalarios. Ofreceremos lo que tenemos, una vez derribado el muro del egoismo, y abriremos las puertas de nuestras casas, de nuestros hogares, de nosotros mismos para ofrecer lo que tenemos: Jesucristo.


Eileen Egan, amiga de Madre Teresa de Calcuta desde los años sesenta, hacía esta reflexión que nos debe hacer pensar y poner en acción: "¿No pudiera cambiar poderosamente la vida en nuestros tiempos para bien si millones de sus seguidores le tomaran la palabra a Jesús?".

Permíteme que finalmente te haga una recomendación, amiga mía, amigo mío. En este tiempo estival en el que estamos, donde puede que tengas más tiempo libre para descansar, la Carta Encíclica Laudato Si´, del Papa Francisco, puede ser un libro ideal para acercarte a la naturaleza y para estar más cerca de Dios. Si ya la has leído puede que haya algunos apartados que consideres oportuno releerlos. 

Te dejo con esta locura de amor. Viene muy a propósito del tema. Creo yo. A ver que te parece.


sábado, 4 de junio de 2016

OBRAS DE MISERICORDIA: Dar de beber al sediento (II)




El agua ha sido siempre un elemento indispensable en la historia de las  civilizaciones. Desde los primeros compases de su existencia, el ser humano ha buscado el agua para su desarrollo y supervivencia, instalándose a lo largo de las laderas de ríos y mares. De hecho, las grandes civilizaciones y metrópolis  crecieron y florecieron en las llanuras de los grandes ríos. 

Sabemos a ciencia cierta que aproximadamente el 70% de la tierra está cubierta por agua, pero solamente el 0,007 es agua dulce -93.000 kilómetros cúbicos- accesible para el hombre. La fuente es fiable, el Instituto Geológico y Minero de Estados Unidos. 


No menos importante es el agua para el organismo. El cuerpo humano está compuesto en un 70% de agua. Es fundamental en los procesos biológicos. Tiene una labor muy valiosa para transportar a través de la sangre material alimenticio y para expulsar del organismo el material de deshecho. Aunque los datos en este aspecto son menos fiables, el organismo puede estar dos o tres días sin agua y unos treinta o cuarenta sin ningún tipo de alimento. En los años cuarenta, Mahatma Ghandi, con 74 años, sobrevivió  a una huelga de hambre, 21 días, gracias a sorbos ocasionales de agua.

Parece claro, pues, que el agua es un bien indispensable para los seres vivos y muy especialmente para el hombre por el variado uso que hace de ella. Aunque mucho se ha avanzado en este bien de tanta necesidad, más de 760 millones de personas no tienen acceso a agua potable, según informe de la Cruz Roja en el Año 2014.  Especialmente grave es esta carencia para los niños: "cerca de 8.000  mueren cada día debido a la falta de agua, saneamiento e higiene". Se comprende muy bien por qué en África Subsahariana, y en otras países con carestía de este líquido elemento, se le llama el "oro azul". Y en el futuro jugará un papel fundamental en la geoestrategia mundial. Según un informe de la ONU las amenazas de guerras entre las naciones no se darán en un futuro por el petroleo, sino por el agua. 



La Iglesia católica no es ajena a la preocupación del abastecimiento de agua para todos los hombres. El 22 de marzo de 2015,  celebración del Día Mundial del Agua, el Papa Francisco, durante el rezo del Angelus en la Plaza de San Pedro, subrayaba que el futuro de la humanidad dependía de la capacidad del hombre para "cuidar y compartir este elemento esencia para la vida" y hacía una invitación "a la Comunidad internacional a vigilar hasta que las aguas del planeta sean protegidas adecuadamente y nadie sea excluido o discriminado en el uso de este bien, que es un bien común por excelencia".

 Los cristianos, por tanto, debemos tener también un compromiso ecológico. Y esa responsabilidad con el medio ambiente debemos asumirla dentro de nuestras casas y entornos. Reduciendo el consumo de agua en nuestros hogares podemos solidarizarnos con quienes pasan sed, y contribuimos a racionalizar más su uso.  La encíclica Laudato Si es una buena referencia para implicarnos más en el cuidado de la casa común, como el Papa Francisco hadado en llamar a nuestro planeta.


El agua en la historia del cristianismo ha sido y es materia importante. En la Biblia  aparece 582 veces en el Antiguo Testamento y unas 80 en el Nuevo Testamento. Adquiere una relevancia trascendental en el Sacramento del Bautismo para borrar el pecado original y otorgar Dios la gracia sacramental en las almas.


Hay un pasaje del Nuevo Testamento que habrás leído y escuchado en varias ocasiones. Lo recordamos: Estamos en el primer Viernes Santo de la historia. El Señor clavado en la Cruz agoniza y exclama: ¡Tengo sed! (Jn. 19, 28-29). Le dieron a beber un vino mezclado con hiel; pero después de haberlo probado no quiso beberlo (Mt. 27,34). Resulta contradictorio que el Señor se queje de sed y no beba el líquido para calmar la sed. ¿Podría referirse a otra sed? ¿Fue solo para que se cumpliese la Escritura?


El 10 de septiembre de 1946, la entonces hermana María Teresa, perteneciente a las Hermanas de Loreto, durante un viaje en tren de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, vivió lo que ella denominó "la llamada dentro de la llamada": ¡I´m thirst! (¡Tengo sed!),  escuchaba interiormente repetidas veces a lo largo del trayecto.  Ese día fue un hito en la vida espiritual de esta mujer. El 17 de agosto de 1948 se  vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul para vivir en el mundo de los pobres, y fundó lo que el Señor le pedía: una congregación religiosa al servicio de los más pobres. En 1950 oficialmente se establece la Congregación de las Misioneras de la Caridad. La hermana María Teresa se convierte en la madre Teresa de Calcuta


Esa es la sed que padece Dios en su ternura por los hombres; y que está dispuesto a derramar: el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna (Jn. 4, 1-42). Sabe que la sequedad del ser humano, la intrínseca y profunda sed que padece, no se sacia  en esos avances científicos y tecnológicos, en un afán de erigirse en dador y recibidor de la felicidad imperecedera. No. Quien no conoce el sentido de su existencia es como quien se pierde en el desierto. Cree encontrar oasis para paliar la sed y lo que sufre son espejismos que le hacen beber de aguas contaminadas.  La respuesta al destino es la que dio Jesús a Tomás cuando le pregunta cómo saber el camino: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí (Jn. 14, 1-6). 


Estamos en el ecuador del Año de la Misericordia. Jesucristo sigue sediento de almas para derrochar su infinita misericordia. Tal vez es el momento de hacerte algunas serias preguntas: ¿de dónde procede tu sed?, ¿con qué agua tratas de saciarte?, ¿tienes tú sed de almas como Jesucristo? Porque puede que todavía no hayas descubierto que el Señor necesita de ti, para ser ese canal donde verter el agua que sacia a los que te rodean. Y un vaso de agua ofrecido a un sediento puede transformar una vida.