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domingo, 5 de agosto de 2018

Ismael de Tomelloso, un referente actual





No podemos negar que estamos inmersos en una situación un tanto convulsa en España.  Rememorar el cercano pasado trágico sufrido en España  sensibiliza los sentimientos, exteriorizando inclinaciones  entre partidarios de olvidar y no reavivar viejas heridas y los que sostienen que es el momento de resarcir  los diferentes daños ocasionados.   El final de la II República, la Guerra Civil y el anterior régimen en España es tema delicado, propenso a debates que en ocasiones conduce al desprecio y a la descalificación personal. Demasiado apasionamiento que a veces es difícil detener.

Hay un joven que puede ser un referente para ayudarnos a recapacitar sobre conductas de este pasado que ya es historia,  un joven que como tantos otros de su tiempo sufrió las consecuencias del enfrentamiento entre españoles. Es Ismael Molinero Novillo, conocido por Ismael de Tomelloso. El 18 de julio de 1936 contaba con 19 años, tres años antes había conocido gracias a un amigo, Acción Católica. Vivió, y consiguientemente sufrió, el asesinato de su párroco y de dos coadjutores de su parroquia. Ocho días después, el día de san Joaquín y Santa Ana, vió, y consiguientemente sufrió, cómo en la plaza Mayor quemaban imágenes de la parroquia junto con otros objetos de valor artístico y de devoción. El día 6 de septiembre, en una carretera local próxima a Tomelloso era asesinado el consiliario local de Acción Católica, don Bernabé Huertas Molina, director espiritual de Ismael.

El 18 de septiembre de 1937 Ismael era movilizado por el ejército republicano. Se va rumbo al frente con una medalla de la Virgen Milagrosa que él mismo cose al chaleco. Se abraza a un amigo y se despide: Hasta que termine la guerra o hasta el Cielo ¡Adiós!.  Y después, de su madre: Rezad por mí; adiós, hasta la eternidad.

En las trincheras lo que más le hizo sufrir fue escuchar las blasfemias y palabras indecentes. Llamado fascista y beato el silencio que ofrecía no le evitó ser insultado, abofeteado. Nada de odio, él lo achacaba todo al desconocimiento de la religión.

Prisionero en la batalla de Alfambra y gravemente enfermo de tuberculosis no desveló su identidad cristiana para evitar recibir privilegios entre los prisioneros: Serviré a España en el anónimo, ofreceré a Dios todas las molestias de mi enfermedad y lo penoso de mi sacrificio. Murió el 5 de mayo de 1938, a la edad de 21 años. Fue enterrado en el cementerio de Torrero. Doña Pilar, su madre, y Aurora, la enfermera que le atendió en el Hospital Clinico de Zaragoza, fue el único duelo que tuvo.



En 1940 se organizó una peregrinación al Pilar de Zaragoza, más de 20.000 flores llenaron la Basílica del Pilar. Ni vencedores ni vencidos en el acto, jóvenes de Acción Católica fueron los que se congregaron para rendir homenaje póstumo. El 13 de mayo de 1950, festividad de la Virgen de Fátima, se trasladaron los restos de Ismael a Tomelloso. Entre los miles de jóvenes que acompañaron el féretro ni vencedores ni vencidos, almas tocadas por el sacrificio y virtudes de este tomellosero, un modelo de joven cristiano. La delegación de Zaragoza de la Asociación para la Causa de Canonización de Ismael de Tomelloso, peregrinó los días 23 y 24 de mayo de 2017 para llevar una imagen de la Virgen del Pilar y depositarla junto a su tumba. Ni vencedores ni vencidos, peregrinos maños para ofrecer ese detalle en el año del centenario de su nacimiento.


En la exhortación apostólica Gaudete et exsultate el Papa Francisco refiere la importancia de los santos: "Así, cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo". Si bien Ismael de Tomelloso hasta la fecha es reconocido  por la Iglesia como Siervo de Dios, las palabras del Papa en torno a los santos bien merecen aplicarlas a la vida de Ismael, para que tú y yo seamos hombres y mujeres dispuestos a vivir sin odios y sin apasionamientos que empañan las relaciones con los demás. 

Este mes el Papa Francisco habla de un tesoro, muy al alcance de la mano. 



martes, 1 de mayo de 2018

La importancia de un milagro




Es día 1 de mayo. Hoy es el ciento un aniversario del nacimiento de Ismael Molinero Novillo, conocido por Ismael de Tomelloso. Se da por concluido el año que se inauguró el 1 de mayo de 2017, para conmemorar el centenario de su nacimiento. Cabe destacar como actos más significativos la peregrinación que la delegación de Zaragoza realizó los días 23 y 24 de mayo a la tumba de Ismael, para depositar una imagen de la Virgen del Pilar junta a la Cruz que la acompaña, y la exposición que tuvo lugar en Madrid, del 22 al 27 de septiembre, en la Basílica de la Milagrosa, y que concluyó con la Misa presidida por el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro.


El Señor nos ha regalado en estos trescientos sesenta y cinco días pasados la ilusión de ver en los altares  a este Siervo de Dios. El proceso de beatificación se acelelaría con el reconocimiento de un milagro ocurrido por su intercesión. Ese hecho extraordinario que da pie a la instrucción de un procedimiento para investigación y estudio está ya formalizado. Un prestigioso ginecólogo tomellosero se ha ofrecido voluntariamente para verificar y rubricar una vez revisada toda la información médica recopilada. Este es requisito previo para elevar todo el procedimiento a la Congregación para la Causa de los Santos. Dos peritos médicos, designados por la Congregación, hacen estudio detallado del caso, se discute por la Consulta médica (cinco médicos peritos) y posteriormente ocho teólogos estudian el nexo elaborado por la Consulta médica y la intercesión atribuida al Siervo de Dios. De continuar el procedimiento se llega a la siguiente fase, en la  que se designa un ponente entre los cardenales que componen la Congregación, y en sesión solemne los cardenales y obispos dan su veredicto. Caso de ser favorable, el Santo Padre aprueba el Decreto de Beatificación.

El hecho en sí, muchos lo conocéis, ocurrió aproximadamente hace un año y medio. Inesperadamente una joven madre sufrió un grave percance al final de su embarazo, donde su vida y la del bebé corrieron muy serio peligro. Se temió por sus vidas. Enterados los padres de la futura madre se desplazaron desde Albacete –lugar de residencia- hasta Tomelloso. Durante el trayecto el matrimonio rezó una estampa a Ismael para su curación. La madre y el niño percibieron una inesperada mejoría, se recuperaron sin secuelas, a pesar de que el bebé estuvo varios minutos sin recibir oxigeno al cerebro, circunstancia que suele ocasionar lesiones irreversibles.

En agosto del año pasado tuve ocasión de conocer personalmente a la madre y al niño, evidenciando un buen estado de salud. Vidas normales, como si nada hubiera pasado. En enero de este año, al término de la Asamblea General Ordinaria de la Asociación para la Causa de Canonización celebrada en Tomelloso, me acerqué a saludar a los abuelos. Antonio -así se llama el abuelo- tuvo el detalle de enseñarme una reciente foto del chaval en la que se le ve en perfecto estado. El niño sigue sometido a controles y revisiones periódicas con resultados positivos.

Con todo, lo más relevante para un cristiano no está en el reconocimiento público de un milagro, que ya es mucho, sino en la circunstancia más profunda de descubrir la cercanía de Dios, nada ajeno a las situaciones más dramáticas de sus criaturas. Dios es un Padre que se preocupa de sus hijos; la pena es que los hijos tienden a  no relacionarse con el Padre, pero no por ello nos desampara. La Providencia siempre está en todos los acontecimientos de la vida, grandes y pequeños, gozosos y tristes. Dios está presente en la vida cotidiana, en la tuya y en la mía. Es cuestión de pedirle discernimiento, querer tratarle para amarle.

Independientemente al pronunciamiento que con todo rigor establezca la Iglesia respecto a lo acontecido a esta madre y a su bebé, en cuestión de fe  nada deberá cambiar. Ni para esta familia ni para quienes guardamos devoción  al Siervo de Dios. Que la Iglesia no tenga la absoluta certeza de que el hecho ocurrido sea merecedor de considerarlo milagro, resalta el rigor con el que se estudian los casos, y la importancia que supone afirmar pública y oficialmente que una persona haya vivido ejemplarmente las virtudes cristianas entre los de su tiempo, dejando una huella imperecedera en esas generaciones y en las sucesivas, y pueda afirmar categoricamente que su alma goza ya en el Cielo. Dios marca los tiempos. Solo Él sabe cuando el joven tomellosero subirá a los altares, cuando podrá tenerse devoción pública y formar parte del elenco de santos. 


Lo que es una realidad admirable, es que los santos  son un regalo de Dios para pedir favores a través de ellos; y lo que es más importante, para que tratandóles e imitándoles  tengamos el convencimiento de que también nosotros estamos llamados a vivir la santidad. Así vivió Ismael. Este debe ser nuestro anhelo. El Papa Francisco nos invita a ello en su reciente Exhortación Apostólica Gaudete  et exultate

A todo esto: ¡felicidades, paisano!

Empezamos mayo, dedicado a María. Este video es una buena introducción para estar cerca de la Virgen, como estuvo Ismael.


domingo, 15 de octubre de 2017

Ismael de Tomelloso y la Virgen del Pilar



“¡Madre mía del Pilar, sálvame!”. Encomendándose a la maternal intercesión de la Virgen, Ismael Molinero Novillo, conocido por Ismael de Tomelloso, murió el 5 de mayo de 1928, a la edad de 21 años, en el Hospital Clínico de Zaragoza, prisionero por el ejército nacional en la batalla de Alfambra. No apretó el gatillo para disparar una sola bala, cuando entró en combate tiró el fusil, se quedó de pie, apretó entre sus manos una medalla de la Milagrosa que llevaba cosida al chaleco y comenzó a rezar hasta que tuvo que entregarse a la voz de ¡manos arriba!

¡La Santísima Virgen del Pilar! -le decía al capellán del campo de prisioneros en San Juan de Mozarrifar-. ¡Dos meses en la España de Franco, en la España de la Virgen sin besar el santo Pilar!. Es horrible. Hábleme del Pilar, ya que no puedo ir yo, visítela en mi nombre…”.

Presagiando el final de su vida, en el Hospital Clínico de Zaragoza le confesaba a José Ballesteros, estudiante de filosofía y sacerdote años más tarde a quien conoció en 1935 en el Seminario de Ciudad Real, en los únicos Ejercicios Espirituales que hizo en su vida: “Estoy seguro que la Santísima Virgen del Pilar a quien amo con todas las ansias de mi corazón, me ayudará a presentarme ante el Tribunal de su Hijo y por eso nada temo”. Hasta aquí las referencias a la Virgen del Pilar que conocemos de Ismael de Tomelloso, recogidas en la biografía que lleva por título "In silentio" (Blas Camacho Zancada, tercera edición). 


La fe de Ismael de Tomelloso despertó a la edad de diecisiete años en una España convulsa, crispada política y socialmente, abocada a una contienda civil que originó una trágica guerra entre españoles. No murió mártir, pero afrontó calladamente, sin quejas ni lamentos, la enfermedad hasta el último suspiro de vida   “porque quería sufrir por Dios, por las almas y por España”.

Este año se celebra el centenario de su nacimiento. Nació doce días antes de la primera aparición de la Virgen en Fátima. Año importante. El último acto organizado por la Asociación para la Causa de Beatificación y Canonización ha sido en Madrid, del 21 al 27 de septiembre, en el salón de actos de la Basílica de la Milagrosa, con una exposición sobre su vida, clausurada por el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro. La Positio está actualmente en la Comisión Teologal, a la espera de que se aprueben las virtudes heroicas y pueda ser declarado Venerable. Si visitas la página web tendrás información mucho más detallada sobre este muchacho cuya devoción traspasa fronteras regionales y nacionales.

Posiblemente estemos viviendo en España el periodo más inestable desde que terminó la guerra civil, debido a la situación generada en Cataluña. Hay una fragmentación ostensible en la sociedad entre partidarios de la independencia y de la unidad de España, especialmente en la catalana, que afecta también a obispos, sacerdotes y cristianos. Los seguidores de Cristo erraríamos si el posicionamiento a favor o en contra de esta proclama condujese a levantar odios y rencores. Serían malas consecuencias para la fe que compartimos y para la sociedad en la que convivimos.


No sé, ni tampoco me interesa saberlo, cual es tu posicionamiento al respecto. Solamente quiero proponerte a Ismael como intercesor y modelo  para afrontar esta trascendental situación que vivimos en España. También a él se le hizo incontenible la rabia por cuanto acaecía en su pueblo, hasta el punto de disponer su padre su marcha con un tío suyo a un caserío, después de ser amenazado por los milicianos. Pero superó la semilla del odio que provocan estas situaciones dramáticas y violentas, gracias a Dios. El testimonio de un cristiano, y más en ambientes crispados como el que padecemos, debe ser siempre el que proviene de un corazón enamorado de Jesucristo. Por supuesto que no debemos mantenernos impertérritos, ajenos a unos sentimientos que brotan del corazón; pero para amar no hace falta odiar, para reivindicar no es necesario descalificar, para vivir no se hace preciso destruir.

Le pedimos a la Virgen del Pilar que nos conceda un corazón joven y misericordioso como el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso;  así queremos tenerlo para ser incansables sembradores de paz.


lunes, 12 de octubre de 2015

Mi querida España




Festividad  de la Virgen del Pilar, Patrona de España y de la Hispanidad (también de Zaragoza y de la Guardia Civil). Aparente normalidad en los actos oficiales. He llegado a casa y he presenciado el final del desfile militar. Los Reyes montados en coche saludan a los madrileños que se han convocado en una céntrica avenida de Madrid para saludar a los monarcas. Sin embargo, este año es distinto, detrás de la aparente normalidad se cierne la ventisca de ruptura de la unidad de España. Una entente de partidos secesionistas van a gobernar Cataluña, con el apoyo de otro partido que exige la declaración de independencia a cambio de apoyo parlamentario. Atravesamos posiblemente el momento histórico más convulsivo de la historia de España, desde que en 1978 fuera aprobada la Constitución. La unidad de España promovida por los Reyes Católicos, al constituir un Estado moderno está seriamente amenazada. Cientos de miles de españoles en Cataluña pueden convertirse en rehenes de unos dirigentes autonómicos empeñados en separarse de España para formar un estado aparte.

A lo largo de estas cincuenta y siete entradas publicadas la cuestión política ha sido escasa. No escribo para orientar políticamente a nadie. El afán es únicamente apostólico. Únicamente el 13 de octubre de 2012 publiqué una entrada refiriéndome a la situación de España, con el título Me duele España, que por cierto ha sido la más visitada. Cuando me refiero a España, lo hago con la preocupación profunda de quien se siente español, solamente priorizado por mi sentimiento católico. No puedo evitar mi preocupación por el futuro de mi nación, donde tanta sangre se ha derramado a lo largo de los siglos para vivir constituidos en patria común e indisoluble como expone el art. 2 de la Constitución.

Os diré que amo a España porque es la tierra donde Dios ha querido que nazca. Me ha dado una familia, un pueblo, una ciudad dentro de una nación a la que me siento orgulloso de pertenecer, y de la cual han nacido importantes figuras para el mundo de la cultura, de las ciencias, del arte, de las letras, de la pintura, de la escultura, de la religión... que tanto han contribuido a engrandecer a España y al mundo. Amo a España por la riqueza de sus costumbres, por el rico folclore en tantas regiones,  por la variedad y belleza de su geografía, por compartir un idioma con casi quinientos millones de hispano-parlantes, por abrazar sus costas dos océanos, por el sol radiante que durante gran parte del año ilumina desde el cielo, por la idiosincrasia propia de un pueblo que a lo largo de su historia ha dado cabida a diferentes civilizaciones. Amo a España porque es la tierra donde llegó Santiago el Mayor desde Judea a evangelizar, y en el que la Virgen María, allá por el año 40 después del nacimiento de su hijo, Jesucristo, se le apareció sobre un pilar de mármol, en un lugar donde a petición de la Madre de Dios se edificaría la actual basílica en Zaragoza, junto al río Ebro. Amo a España porque fue descubridora del Nuevo Mundo, en el que muchos compatriotas  llevados por el ambiente misionero de la época no dudaron en partir hacia tierras lejanas, exponiendo sus vidas para dar cumplimiento al mandato de Jesucristo de ir al mundo entero a proclamar el Evangelio a toda la creación. Precisamente, el pasado día 23 de septiembre, fue canonizado por el Papa Francisco  Miguel José Serra, franciscano que vivió en el siglo XVIII, quien cambió su nombre de pila por el de Junípero, a ejemplo de uno de los primeros compañeros de san Francisco: Junípero de Asís. Es conocido por el "apóstol de California", a quien Su Santidad ha llamado "santo de la catolicidad y especial protector de los hispano de América del Norte"  destacando que "la vida de fray Junípero evidencia tres aspectos: el empuje misionero, su devoción mariana y su testimonio de santidad". Amo a España, y siento profundo respeto por el himno nacional, por la bandera y por las instituciones que la representan, sin poder decir desgraciadamente que al igual que un francés, un ecuatoriano, un norteamericano o un australiano, porque aquí hay compatriotas que no solamente no se sienten españoles, sino que descalifican, agravian, ofenden, insultan y menosprecian unos símbolos propios que identifican la historia e identidad de cualquier estado moderno.
Pero te diré que no es momento de desalientos. Anteriormente citaba la aparición de la Virgen a Santiago. María aún vivía en la tierra donde nació, y donde Jesús vivió. Pero quiso presentarse milagrosamente a Santiago, porque según cuenta la tradición estaba desalentado por el infructuoso resultado que él y sus ocho acompañantes estaban obteniendo. Parece ser que la evangelización no arraigaba en los corazones de nuestros antepasados. Los resultados, veintiún siglos después, ya los sabemos.  San Juan Pablo II, en su quinto viaje apostólico a España se despidió con un "¡Hasta siempre, tierra de María!", dejándonos el compromiso a los católicos de preservar la España evangelizada y evangelizadora. Somos una nación eminentemente mariana. Basta repasar con cuantas advocaciones se le reconoce veneración a la Virgen María. Las festividades en honor de su nombre. Las raíces intrínsecas de cada pueblo y ciudad para ponerla como patrona. Somos, repito, una nación mariana. La Virgen se fijó en España. Jesucristo nos obsequió con el particular amor que un hijo deposita en su madre. La Madre de Dios, ¡es nuestra madre!

Amigo mío, amiga mía,  deseo que este día, festividad de la Virgen del Pilar, pueda ser el punto de partida para iniciar una andadura evangélica de la mano de María.  Ella prometió ayudar a todos quienes pidan su intercesión en ese lugar de la aparición, hasta el final de los tiempos. Y tú y yo, que tan a mano tenemos una imagen de la Virgen del Pilar, o cualquier otra imagen de la Virgen con distinta advocación, que la queremos llevar en el corazón como a una madre se lleva, ¿no vamos a intentar, al menos, hacer el firme propósito de levantar el ánimo para acercar el Reino de Dios a tantos compatriotas que andan descaminados? Con Santiago y ocho más fue posible. Se lo pedimos a María, pidiendo la intercesión de san Juan Pablo II, y de un alma más que está en el Cielo, la de mi paisano Ismael de Tomelloso, prisionero en la guerra civil, que murió ofreciendo su vida por Dios, por la paz en España y por todas las almas, en el Hospital Clínico de Zaragoza, pidiendo en las postrimerias de su vida lo que debiéramos pedir como hijos a una Madre Misericordiosa: ¡Madre mía del Pilar, sálvame!

Virgen del Pilar, haznos fuertes en la fe, seguros en la esperanza, generosos en el amor.

Te dejo con este video y esta canción que ha dado  título a este comentario. Me quedo con el estribillo y la ilusión de que sea una realidad para todos los españoles.



sábado, 13 de octubre de 2012

Me duele España

El título que da entrada a este post se corresponde al comienzo de una famosa frase que pronunció el gran literato don Miguel de Unamuno (1864-1936); intelectual preocupado por las inestables situaciones socio-políticas que se produjeron en España en el convulso periodo de tiempo que le tocó vivir. La frase completa es ésta: “Me duele España; ¡soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo!”. Mi identificación con esta frase es plena, a excepción del último punto y coma: sustituiría español por cristiano. La rectificación no es por desdecir al inquieto don Miguel, sino por priorizar. Lo entiendes ¿no?
Hecha esta puntualización, surge una pregunta para razonar el sentido de esta entrada: ¿puede un cristiano vivir al margen de los problemas que acechan en su territorio nacional? Sin entrar en consideraciones partidistas, la respuesta es no. Por tanto, como cristiano español estoy en condiciones de repetir la frase de don Miguel de Unamuno: ¡me duele España!
Un repaso al panorama político, social y económico da cumplida muestra: un gobierno autónomo, el catalán, dispuesto a independizar a toda una región del resto de España; las medidas del gobierno de la Nación a pesar de esquilmar la economía de millones de españoles no dan el resultado esperado; resoluciones judiciales ponen en libertad a terroristas sin cumplir con la legalidad vigente y aprovechan para acusar a la clase política de estar en “convenida decadencia”; según la Organización Internacional del Trabajo, España es el líder en cuanto a paro mundial se refiere; desde una red social se incitó para ocupar el Congreso de Diputados el pasado día 25 de septiembre “…para conseguir la disolución de las Cortes y la apertura de un proceso constituyente para la redacción de una nueva Constitución, esta vez sí, la de un estado democrático”; y según el Instituto de Política Familiar, en el último año se han producido más de 113.000 abortos, bajo el supuesto de riesgo psicológico o físico de la madre, en el 96,8% de los casos.
Recurro a ti, amigo, amiga, de Estados Unidos, de México, de Alemanía, Argentina o Perú –por hacer mención de vuestra nacionalidad a algunos de los que os habéis asomado a este blog- para preguntaros: ¿os avergonzáis, o sabéis de compatriotas vuestros que sean mal mirados por llevar a la vista una bandera de vuestra nación? ¿conocéis alguna región de vuestros países en los que la autoridad política  multe por roturar en sus tiendas el idioma propio junto con la lengua autóctona? ¿sabéis de familias que tengan problemas para que a sus hijos los profesores puedan impartirles las clases en castellano a pesar de que un Alto Tribunal haya dictaminado la obligación de dar cumplimiento a la Constitución? ¿Qué os enorgullece más, amigos, amigas, de Rusia, Colombia o Chile, que a la hora de mencionar vuestra nación se le llame entre vuestros compatriotas “este país” o aludan directamente al nombre de la nación en la que habéis nacido?
No te sorprendas, es una lamentable realidad: hechos así, ocurren en España. ¿Dónde quedan esas gestas de nuestros antepasados en Sagunto contra los cartagineses, los hombres de Numancia contra los romanos, la batalla de las Navas de Tolosa (de la cual se cumplen ochocientos años) derrotando al invasor musulmán, las empresas en Europa y América, la sublevación de un puñado de españoles en Móstoles para combatir y expulsar a las tropas napoleónicas?... Y ¿sabes dónde se encuentra la diferencia? En la falta de ideales, en la ausencia de objetivos comunes, de metas ilusionantes. Éste es uno de los grandes males de España, extensibles, eso sí, al resto del mundo. Más bien cada cual estamos dispuestos a construir una torre de Babel para alcanzar con su cúspide el cielo; pero no para estar más cerca de Dios, sino para hacernos dioses enormemente egoístas y deseosos de vanagloriarnos en nuestras propias complacencias. No importa derribar los resortes que han emergido y sostenido una civilización milenaria si es menester para afirmarnos en intenciones partidistas y sectarias. Mientras utilicemos la ignorancia y buena fe de muchas personas, y las cifras avalen un determinado poder de convocatoria es suficiente argumento para justificar nuestras intenciones, por desaforadas, ilegítimas o inmorales que sean.
Por segunda vez estoy leyendo “In silentio…”, la biografía de mi paisano Ismael de Tomelloso. Y una salvedad: te confieso con una gran satisfacción producto de mis raíces tomelloseras, que de todos los posts publicados en este que es tu blog, el segundo más visitado es el que publiqué el 19/7/2011 refiriéndome a mi paisano. Sigo: los sucesos trágicos y despiadados previos a la guerra civil, la experiencia en el frente, el asesinato de personas conocidas y queridas, especialmente, el consiliario de Acción Católica en Tomelloso, don Bernabé Huertas, le hicieron sufrir mucho, incluso tuvo que esconderse para no ser detenido por los milicianos; pero un sufrimiento callado, edificante, sin sentido revanchista y desesperado, de hondo calado sobrenatural. En los últimos días de su vida, prisionero y enfermo aceptó el sufrimiento “porque quería sufrir –son palabras suyas- por Dios, por las almas y por España”. No era un soñador ni un romántico empedernido; era un joven cristiano, alegre y generoso, que lejos de desesperar, de albergar odio en su corazón,  quiso entregar su vida siendo hecho prisionero por el ejército vencedor.
Dios, almas, España. ¿No  te parecen valores por los que levantarse cada día con el afán de mejorar el entorno en el que vivimos? No puede quererse aquello en lo que no se cree. Es así. Si nos consideramos apátrida de una ciudad eterna, difícilmente podemos considerar que somos hijos de un país (España), que nos ha aportado poder vivir en una tierra, dentro de una familia, formando parte de una ciudad o municipio, por la que muchos compatriotas entregaron sus vidas.  
Debemos sentirnos, sí, ciudadanos del mundo, miembros de un continente europeo, pero poseedores de un idioma, una cultura, una idiosincrasia que solamente adquirimos por ser españoles, por haber nacido en España. Y si queremos edificar en un mismo proyecto, con elementos comunes que nos identifiquen unos de otros,  pero que a la vez esa variedad nos enriquezca a todos, tenemos que hacerlo considerando que somos unos modestos albañilitos dirigidos por un arquitecto universal: Dios. Tu Padre, el mío.
Y un consejo: si sientes el anhelo, el deseo ardiente de llamar patria cada vez que te acuerdes o hables de España, no te cortes, ni te acomplejes porque puedan llamarte lo que tú y yo sabemos qué nos pueden llamar; el art. 2 de la Constitución, que parte de la clase política quieren cargarse con el eufemismo de reformarlo, dice así: "La Constitución se fundamente en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles…”
¡Y nada de pesimismos! No incurramos en ese tizne pesimista que rodeó a la Generación del 98 de la que formaba parte don Miguel de Unamuno, en torno al desastre de 1898. ¿Vamos a ser pesimistas en la fiesta de la Virgen del Pilar, que se presentó a Santiago cuando más abatido estaba en tierras gallegas para alentar su ánimo apostólico? De ninguna manera; para los españoles María tiene que ser el pilar de nuestra esperanza. Una España con hondas raíces marianas no puede dejarse arrastrar por el desánimo. Máxime teniendo por delante todo un reciente Año de la Fe proclamado por Benedicto XVI ayer mismo.
Y como es el día de la Hispanidad, concluyo con esta frase que dirijo especialmente a los Hugos, Evos, Castros y Cristinas que proliferan por el continente iberoamericano, que escribió un escritor ecuatoriano, liberal y anticlerical –todo hay que decirlo-, llamado Juan Montalvo (1832-1889): “España, España. Lo que hay de puro en nuestra sangre, de noble en nuestro corazón, de claro en nuestro entendimiento, de ti lo tenemos, a ti te lo debemos”.

martes, 19 de julio de 2011

Ismael de Tomelloso

Llevas toda la razón si has vuelto a meterte en este blog y dudas de mi formalidad. ¡Sin publicar  desde el día 30 de mayo! Pensarás que fue un efímero proyecto que un mes después ya ha dejado de tener sentido; y que ahí ha quedado colgado en internet como si de un artilugio de la NASA se tratara abandonado en el Universo. Lo siento. Te pido una segunda oportunidad. Me propongo ser más habitual y menos extenso en las entradas. Precisamente la razón de esta demora ha estado en culminar un proyecto al que tenía que dedicarle tiempo. Añádele también circunstancias familiares y profesionales -¡y que el tiempo pasa muy deprisa, caramba!- y te habré expuesto las razones para que seas capaz de poner en práctica la virtud de la comprensión hacia mí.  Gracias anticipadas.
Para limar asperezas te voy a presentar a un amigo que se llama  Ismael Molinero Novillo, conocido como Ismael de Tomelloso. Desde hoy mismo tienes a tu disposición en este blog –que también es tuyo- la página web para que indagues más sobre su corta vida. No fue un héroe,  ni un personaje, ni un superhombre; era un muchacho más, un tomellosero de los años treinta, un poco “calavera”, hasta que con 17 años Dios le revolucionó el corazón. Entregó su vida a Dios con 21 años. Destaco tres detalles ya después de muerto para avivar el interés por conocer más su excepcional modelo de vida: conociendo el papa Pio XII su vida ejemplar hizo exclamar: “…esto es sublime…esto es heroico…!”; la Cruz Peregrina regalada por el beato Juan Pablo II a los jóvenes de todo el mundo ya conoce desde el 29 de noviembre del pasado año la tumba donde reposan sus restos en el cementerio de Tomelloso  y  el 10 de diciembre del mismo año fueron entregados en Roma, en el Registro de la Congregación para la Causa de los Santos,  los seis tomos lacrados conteniendo toda la documentación recabada en torno a la vida del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso.  El proceso de canonización ya ha comenzado.
Puedes decirme que tanto gusto en conocerlo, pero que prefieres a alguien que no haya fallecido, con el que puedas hablar, estrecharle la mano cuando le veas, chatear con él cuando sea posible, tomarte una copa y fumarte un cigarrillo, eso sí, ya sabes respetando en todo momento la Ley Antitabaco.  Pero conviene decirte que tener un amigo en el Cielo –dejo para otro día esa frase tan carente de sentido  que dice que “hay que tener amigos hasta en el infierno”- es un regalo que Dios nos proporciona, ya que tenemos la oportunidad de pedirle ayuda en aquéllas ocasiones que más nos vemos superados por determinadas situaciones, bien afecte a nuestra salud o la de los seres queridos, a problemas económicos, familiares, laborales, afectivos o de cualquier otra índole. Y si no que se lo pregunten a sor Marie-Simon Pierre y sus hermanas de la congregación: pidieron la curación de la monja enferma de Parkinson  -cansada y oprimida ya por los dolores- a través de la intercesión de Juan Pablo II y el resultado ya lo conocemos: la monja francesa curada sin explicación científica alguna y el papa polaco elevado a los altares. Efectivamente, estamos refiriéndonos a un milagro, una situación personal extrema; pero hay multitud de favores concedidos por Dios por la intercesión de los santos que no han tenido trascendencia en la sociedad,  y que sin embargo han cambiado conductas. Sin incurrir en experiencias personales, puedo decirte que siempre que voy a Tomelloso y visito su tumba, encuentro flores como muestra de agradecimiento por favores recibidos. Digamos que Dios se vale de éstas triquiñuelas divinas para llegar al corazón de hombres y mujeres; es una manera de llamar a la puerta de nuestras vidas y pedir entrar en ellas. De paso, muestra que el camino del Cielo no está reservado para vidas impolutas, sino que cualquier bautizado está invitado a alcanzar la meta, en la que Dios te espera para levantar la bandera a cuadros en el último día de tu vida y darte el premio imperecedero.
También los santos nos dan ejemplo con su vida y nos sirven para imitar sus comportamientos y aplicarlos a nuestras vidas. Ismael de Tomelloso superó el trágico contratiempo de una guerra civil con alegría, optimismo y fortaleza que supo transmitir a los demás. Podría haberse derrumbado, o haber pospuesto sus inquietudes para una época más tranquila justificando su decisión por el periodo bélico que vivió.  No fue así. Me hago esta pregunta y te invito a que te la hagas tú: ¿cuántas veces hemos  dejado parado un propósito, una buena intención, por el simple hecho subjetivo de no vernos capaces  o con suficientes ganas de afrontarlo? ¿Verdad que muchas? Pues la vida de este muchacho puede servirte de ejemplo a ti y a mí que andamos justos de espíritu de acción para superar las barreras que nosotros mismos nos creamos. No vale que digas que los santos tienen una ventaja extraordinaria por, -valga la expresión-, estar más en sintonía con Dios, porque sin virtudes humanas no puede haber virtudes sobrenaturales. Y las virtudes, por ser humanas, las tenemos todos. Es momento de reflexionar. En la sociedad actual que vivimos, donde parece que la juventud está formada solamente por perroflautas, indignados sin dignidad, adolescentes que deambulan sin sentido formando parte de lo que cursilonamente se ha dado en llamar “generación ni, ni”, necesitamos ni más ni menos que ejemplos, testimonios de vida de hombres y mujeres contemporáneos.
Es justo advertir que esta situación no se llega por generación espontánea. Ya en los años veinte del pasado siglo José Ortega y Gasset destacaba un preocupante rasgo en la juventud de aquéllos tiempos, y escribía en La Rebelión de las Masas: “Esta es la horrible situación íntima en que se encuentran ya las juventudes mejores del mundo. De puro sentirse libres, exentas de trabas, se sienten vacías”.  Y el problema no es solamente en la etapa de juventud, sino cuando la persona va quemando etapas de su vida sin más aliciente que vivir el día a día. Triste realidad que suele conducir a crisis crónicas de dramáticas consecuencias. Ismael de Tomelloso supo aprovechar esas cualidades humanas en un propósito concreto. Su ejemplo, está transformando vidas. ¿Vas a conformarte con ser un mediocre si puedes atravesar montañas?
El video que quiero obsequiarte en esta ocasión, -a la vez que presumo de reseñar un record ya inscrito en el Libro Guinness de los récords por un tomellosero,  en su pueblo que es el mío-, tiene que hacernos pensar que los objetivos que a veces vemos inalcanzables, pueden ser posibles si somos capaces de dar el primer paso: vencer los miedos al fracaso, e ir a por ello.  ¡Adelante, con optimismo!