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domingo, 7 de abril de 2019

La Cuaresma, un despertador para el alma



Dicen los expertos que los sueños se dan cuando estamos profundamente dormidos, en la etapa REM (Rapid Eye Movement, movimiento ocular rápido), es en ese momento cuando hay una paralización muscular; sin embargo el ritmo cardíaco y la presión arterial aumenta, las ondas cerebrales actúan como si estuviéramos despiertos. Comparando este estudio a nuestra vida espiritual podríamos asegurar que no son pocos los cristianos que viven en una permanente fase REM, los ojos buscan, los sentidos, mandan, pero los músculos (¡el alma!) está adormilada. El Papa Francisco en la homilía del Miércoles de Ceniza, pone énfasis en que la Cuaresma nos debe revitalizar espiritualmente, debe ser "un despertador para el alma". Ahora ya sabes el por qué del título de este post.

Pedro, Santiago y Juan fueron presa de ese sueño paralizador en Getsemaní, y perdieron la ocasión de acompañar al Señor en los momentos de tristeza y angustia. “Volvió junto a los discípulos y los encontró dormidos; y dice a Pedro: ¿Con qué no habéis podido  velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación; pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil" (1). Qué pena que tú y yo estemos transitando por esta Cuaresma con más aletargamiento que presteza, qué lástima que Jesús venga a buscarte, precise de tu compañía y te encuentre aletargado, embebido en unos quehaceres rutinarios sin afanes de despertar a un horizonte con Él, por Él y para Él. Sí, posiblemente el Miércoles de Ceniza fuera un día en el que te plantearas propósitos,  y ahora, a falta de una semana para comenzar la Semana Santa, te das cuenta que estás en el mismo estado que otras. 

Aún así, nada de bajar la guardia, de darte por vencido. Todavía ésta puede ser tu mejor Cuaresma. “La Cuaresma es un tiempo de gracia -nos alecciona el Papa Francisco- para liberar el corazón de las vanidades. Es hora de recuperarnos de las adicciones que nos seducen. Es hora de fijar la mirada en lo que permanece”.  Con el Apóstol Pablo vamos "olvidando lo que queda atrás, persigo lo que está delante", la  meta es llegar al Domingo de Ramos acompañando al Señor en su entrada a Jerusalén, junto a la Virgen, de las santas mujeres, cerca de los Apóstoles, de los discípulos y de todos quienes se unen a esa comitiva de esperanza. Llega para entregarse por ti, como si fueses la única persona en el mundo que merece derramar su sangre. Y cuando le veas clavado a la Cruz,  dile en voz baja esa oración que repetía San Nicolás de Flüe: “Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de ti. Señor mío y Dios mío, dame todo lo que me acerca a ti. Señor mío y Dios mío, despójame de mí mismo para darme todo a ti”. Tendrás la recompensa el Domingo de Resurrección.

El Papa Francisco no se olvida de estos profesionales que derrochan generosidad hacia tantos y tantos necesitados.

(1) Mt. 26, 40-41


domingo, 25 de febrero de 2018

Cuaresma: dos muros a derribar



Decía san Doroteo que “un muro de separación entre el hombre y Dios” solo puede ser destruido con la humildad. El principio de la Cuaresma siempre  hace plantearnos la relación con Dios. Los Miércoles de Ceniza se comprueba fácilmente la mayor asistencia de fieles en las Misas para recibir la imposición de la ceniza. Ponerse delante de un sacerdote, inclinar la cabeza y escuchar mientras se nos hace la señal de la cruz  “convertíos y creed en el Evangelio” o “acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”, es ya una manera humilde de reconocer nuestras miserias. Es una buena acción no obligatoria, pero sí recomendada para plantearnos que la conversión es el principal objetivo de este tiempo litúrgico en el que la Iglesia nos invita a participar plenamente. 

La Cuaresma pretende prepararnos para vivir con hondo sentido participativo, sobre todo espiritualmente, el significado de la Semana Santa. Un texto que te puede ayudar mucho  es el Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma de este año. Con el tema “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría” (Mt. 24,12) el Santo Padre enfatiza sobre los falsos profetas a los que llama “encantadores de serpientes”, “charlatanes”, “estafadores”, entendiendo por falsos profetas quienes propugnan por diferentes medios y métodos  unos modos de vida con nocivos efectos secundarios. Porque no hay peor efecto que hacer creer a una sociedad que el bienestar humano y espiritual se consigue alcanzando bienes materiales o por placeres momentáneos. La felicidad, aquella que colma todas las necesidades del corazón del hombre, es la que trajo Jesucristo con el ofrecimiento de su vida para la salvación del mundo.

Desarraigados de Dios, hay otro muro que construimos que conduce a un aislamiento del prójimo, a fomentar indiferencias, generando animadversiones que abren la puerta a odios que ponen en peligro la convivencia pacífica con los demás. Todo a consecuencia de abandonar la fuente del amor que es Dios, a creer que nuestras conductas siempre son acertadas, y que la responsabilidad  de todo el mal que acontece es siempre del otro. Recuerda el título del mensaje del Papa, es más, te diría que lo pienses y lo repitas las veces que puedas a lo largo de los días que restan de Cuaresma: “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”. No cedas a la tentación que el mundo ofrece de formar parte de esa mayoría. Dios es quien calienta tu corazón, quien lo puede llenar de caridad para darla a los demás. Si Cristo padeció,  si crucificado perdonó a sus verdugos e intercedió por ellos ante el Padre, es para que tu corazón y el mío sea capaz de perdonar, de querer incluso a quienes nos hacen daño, y no porque se hagan dignos de ser queridos, sino porque tú yo seremos los principales beneficiados al cerrar el corazón al odio y al rencor.

Para derribar muros se necesita del instrumental adecuado. Por nosotros mismos no podemos destrozar la dura piedra, es preciso acometer el derribo con la herramienta adecuada.  En el Sacramento de la Confesión tenemos el principal arma. Si queremos perdonar tenemos que reconocer que también ofendemos. Con la Confesión no solo limpiamos el alma sino que la fortalecemos para luchar por no caer en lo que más nos cuesta.

Y siempre busca a la mejor aliada, como en todos los casos, la Virgen. Ella supo estar cerca de Jesús con un corazón abierto al perdón. Pídele todos los días salir de casa con una buena dosis de Avemarías o Acordaos en la hendidura de tu corazón,  para que cuando surja el sentimiento de la antipatía o animadversión  hacia el prójimo, las reces para librarte del mal y de paso hacer una obra de misericordia con el ofensor. Así estarás más cerca de Jesucristo en la Semana Santa  y esperarás con mayor gozo el Domingo de Resurrección. Y de paso habrás ganado la batalla al enemigo, del que daremos cuenta en el próximo post.

Este video te da unas cuantas recomendaciones para la Cuaresma. Muy útil para los aficionados a coger el coche y ponerse en ruta. 



domingo, 2 de abril de 2017

Cuaresma, maratón hacia la Pascua


Fue en los Juegos Olímpicos de Atenas en 1896, inaugurados por el barón Pierre de Coubertin, la primera vez que se disputó la prueba del maratón, en recuerdo al mito de la batalla de Maratón, que tuvo lugar en el año 490 antes de Cristo, en el que un tal Fidípides recorrió más de 246 kilómetros para avisar a los espartanos del desembarco persa en este municipio de la costa noreste del Ática, periferia de la antigua Grecia. No había otro medio de transmitir comunicaciones. La distancia se fijó en 40 kilómetros y ésta se mantuvo hasta los Juegos Olímpicos de Londres en 1908, donde se determinó que el recorrido fuese de 42 kilómetros y 195 metros, que es la distancia que separa Windsor del estadio White City.  El vencedor fue un griego llamado Spiridon Louisun vendedor de agua que se llenó de todos los honores no solamente por ganar esta prueba, sino por ser también el único campeón ateniense en esos Juegos. Dos días antes permaneció en oración y ayuno para disputar la novedosa competición. Una manera muy espiritual de prepararse para un evento deportivo. Aquí es donde quería llegar a parar.

Como muy bien sabes, cuarenta días son los que separan la Cuaresma del Domingo de Ramos, que nos introduce en la semana de la Pasión del Señor y que culmina en el Domingo de Resurrección. Es otro maratón que los católicos recorremos con la intención de que nuestra alma esté en sintonía con el misterio central en que creemos: Jesuscristo entrega y da su vida “pro multis”, por muchos, que, como también posiblemente sabrás, reemplaza en la Consagración a “por todos”, a raíz de la 3ª Edición revisada del Misal Romano, publicado por la Conferencia Episcopal Española, para ganar la riqueza original de los textos. 

Para un deportista de competición la Cuaresma es muy fácil de entender. Ellos adoptan una preparación exigente con vistas a conseguir el mejor resultado posible; y para ello tienen que renunciar a pequeñas y grandes apetencias. El objetivo a batir está ahí, a corto o medio plazo. Para los cristianos el horizonte no es programable, es Dios quien decidirá cuando parará el cronómetro de nuestra existencia para concedernos el premio por el que nos hemos preparado con la ayuda de su gracia. Otra diferencia está en el sistema de premios. En las competiciones suele haber un solo ganador, como mucho tres se ven recompensados en los Juegos Olímpicos subiendo al pódium para recibir las medallas, el resto, valga la expresión, muere en el anonimato. Y, sin embargo, a Dios no le importa tanto la posición en la que acabes tu periplo por este mundo, sino la preparación para llegar al último día de competición. El premio sabemos cual es: la Pascua, el triunfo del alma y, por tanto, también del cuerpo, para subir al mayor pódium posible: el Cielo.


Al igual que existen aparatos en el ámbito deportivo para medir la frecuencia cardíaca o la distancia recorrida para saber cómo nuestro cuerpo responde al esfuerzo, el tiempo de Cuaresma es muy propicio dotarnos de un medidor para saber el estado de forma de nuestro espíritu, que se llama caridad. Es esa virtud teologal por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, por amor a Dios. Se presentan no pocos obstáculos, lo sabes tan bien como yo, para encontrar ese equilibrio Dios-hombre, porque algunos son propensos a poner zancadillas, voluntarias o involuntarias, pero se pueden superar con la fortaleza de la gracia de Dios; y si nos hacen caer y provocar heridas o lesiones, ahí tenemos ese masaje reparador llamado Confesión.

En estos días que restan de periodo cuaresmal te sugiero que estés muy pendiente de este indicador.  Es el principal medidor para saber si está siendo efectiva esa puesta a punto para celebrar con las debidas disposiciones las fiestas que se avecinan. Te propongo una buena piedra de toque: reparar los ultrajes e indiferencias provocados por los enemigos de la fe, los ignorantes y los propios católicos -que de todo hay en la viña del Señor-, contra los valores y sacramentos que administra la Iglesia por mandato de Jesucristo. Y cuando participes en los oficios, reces el Via Crucis, contemples un paso en las procesiones que vas a ver, o visites un monumento, reza con especial fe y devoción. ¿Que no tienes pensado asistir? Piénsalo bien, el Señor en esta Semana Santa quiere pasar por tu vida. Tú y yo necesitamos ser coherentes con nuestra fe, porque la Iglesia necesita hijos e hijas congruentes para regalar al mundo el misterio de salvación de Dios por los hombres.

Este video es uno de los que más reproducciones tiene en You Tube. Escúchalo y sabrás por qué.

¡Nos vemos en Pascua!


domingo, 14 de febrero de 2016

Cuaresma y Misericordia

Dos meses después de inaugurado el Jubileo de la Misericordia llega la Cuaresma. Recordarás que el día 8 de diciembre pasado, fiesta de la Inmaculada Concepción,  se procedió por el Papa Francisco a la apertura de la Puerta Santa, comenzando el Año Santo de la MisericordiaConcluirá el 20 de noviembre, domingo de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. La fecha tiene un importante recuerdo para la Iglesia católica: hace cincuenta años tuvo lugar la clausura del Concilio Vaticano II

Fue el Papa Paulo II, en el año 1470, quien estableció que en adelante el Año Santo Jubilar tuviera lugar cada veinticinco años, para que cada generación pudiera participar de los beneficios espirituales de un Jubileo. El último fue convocado por san Juan Pablo II en el año 2000 para conmemorar la entrada en el nuevo milenio. 

Recientemente se ha publicado el libro El nombre de Dios es Misericordia,  que recoge una conversación del periodista Andrea Tornielli con el  Papa Francisco. Preguntado sobre que es la misericordia, el Papa contesta que es la aptitud divina que abraza, es la entrega de Dios que acoge, que se presta a perdonarCuando el 13 de marzo de 2013 Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa, a la pregunta según el ritual ¿Aceptas?, contestó: Soy un gran pecador. Confiando en la paciencia y en la misericordia de Dios, en el sufrimiento, acepto. Reconocimiento de las miserias propias de un hombre llamado para ser el sucesor de Pedro. El 19 de abril de 2005, el antecesor del Papa Francisco, Benedicto XVI, en su discurso inaugural desde el balcón de la Basílica de San Pedro afirmó: Me consuela que el Señor sepa trabajar con instrumentos insuficientes y me entrego  a vuestras oraciones. Humildad de otro hombre de Dios.

Desde que Pedro reconoció la condición de pecador después de la pesca milagrosa: Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador (Lc. 5,8), el corazón del hombre sucumbe ante el descubrimiento del amor que Dios le tiene. Santa María Faustina Kowalska percibía así la misericordia del Señor: El conocimiento de mi miseria me permite conocer al mismo tiempo el abismo de Tu misericordia(1). Todos los santos han experimentado este profundo reconocimiento de la pobreza del hombre;  así quiere Dios el alma. Sentirnos pecadores es la cualidad primordial para recibir la misericordia de Dios, para abrazarnos a su benevolencia.

La crisis actual de hombre con Dios se debe, fundamentalmente, a esa falta de humildad que no quiere reconocer que una vida apartada del Creador le convierte en una criatura presa de sus instintos, en perjuicio propio, del prójimo y de la sociedad a la que pertenece.  Fíjate el elenco de pecados que relaciona san Pablo en la Carta a los Romanos en aquellos que no guardan el verdadero conocimiento de Dios, y descubre si alguno de ellos no tiene actualidad: repletos de toda injusticiaperversidad, codicia, maldad, envidia, homicidio, contienda, engaño, malignidad; chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, soberbios, vanidosos, inventores de maldades, desobedientes a sus padres, insensatos, desleales, sin compasión y sin piedad(v. 29-31). El hombre prescinde de Dios, se cree capaz de ordenar las leyes y los comportamientos y, sin embargo, llega incluso a convertirse en el propio y principal enemigo.

 La Cuaresma es tiempo propicio para la conversión. Tú y yo tenemos cuarenta días para profundizar en el alma y pedir al Señor gracia para ser valientes y humildes, para reconocer que estamos necesitados de misericordia, esa vía que hace unirnos a Dios: Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz(2).

Todos estamos necesitados de conversión para alcanzar una fe alegre, motivadora. No solamente necesitan conversión los que están alejados de la Iglesia; también los católicos comprometidos. Jubileo tiene una raíz latina que significa grito de alegría.  La parábola del hijo pródigo nos debe interpelar: ¿cual es mi trato con Dios?  Porque podemos tener una fe triste, distante, rígida, como la relación del hijo mayor con su padre, que a pesar de tenerlo cerca no aprecia los bienes que recibe. Dios quiere llenarnos de la misericordia, la necesitamos, es fundamental para sentirnos "cristóforos", portadores de Cristo. El mundo necesita del protagonismo de los cristianos. Se nos exige dar un sentido más humano al hombre y a su historia(3). Tenemos una misión perentoria: llevar a Cristo al mundo. Los corazones de los hombres están fríos, gélidos, porque les falta el amor de Dios, ¡carecen de júbilo! El Señor tiene "designios de misericordia" como revelaba el Ángel de Fátima a los pastorcitos. Debemos asumir el reto del evangelista: Sed misericordiosos como el Padre vuestro es misericordioso(Lc. 6,36). 




¿Qué tal si empezamos por repasar las obras de misericordia, las corporales y las espirituales? Se ha dicho que son los apellidos de Dios. En los próximos posts puedes repasarlas conmigo. Repasarlas, eso sí, para ponerlas en práctica. Para empezar de cero o recomenzar, tómate en serio un sacramento: la Confesión.

Te dejo con el video del Papa Francisco con la intención para este mes de febrero. Habla de tu casa y de la mía.

(1) La Divina Misericordia en mi alma, Diario de Santa María Faustina Kowalska, pág. 50.

(2) Bula del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, Papa Francisco, pág. 1

(3) Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes. n 40.



domingo, 23 de marzo de 2014

Cuaresma, tiempo para poner cachas el alma


Desde el pasado día 5 de este mes, la Iglesia Católica nos ofrece cuarenta días para prepararnos a celebrar el Triduo Pascual de la Semana Santa. Es tiempo de Cuaresma.

 A una gran cantidad de cristianos si le preguntaran sobre el sentido de la Cuaresma posiblemente le costaría contestar acertadamente, o lo que es lo mismo, con el sentido verdadero que la Iglesia quiere que pongamos en práctica. Vivir las exigencias de la Cuaresma no supone únicamente abstenerse de comer carne los viernes, y guardar ayuno el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo; es más, podríamos decir que este es solo el aspecto externo del verdadero sentido de estos cuarenta días. Ciertamente que donde se fragua la profundidad de la Cuaresma es en otra profundidad,  en la del ser humano.

Sin embargo, la mejor explicación que puede darse de la Cuaresma –al menos así quiero intentarlo- es meterse en la mentalidad de quien tanto valor da al estado del cuerpo, para explicar el cuidado del alma que debemos alcanzar quienes así nos lo proponemos, con la gracia, por supuesto, de Dios. Es un tiempo, por tanto, para robustecer el alma, para ponerla cachas.

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua nos dice que cachas es una adjetivo que se emplea coloquialmente para definir a una persona que está musculosa, fornida. Hoy día el culto al cuerpo está muy extendido, lo sabes. Para conseguirlo se busca un buen consejero, un preparador físico para asesorarse e instruirse en consejos y pasos a seguir para gustarse cuando nos miramos al espejo o se acerca la época veraniego de exhibir cuerpos esbeltos y atléticos. Para ello hay que apelar al sacrificio, consistente en muchos casos en abstenerse de tomar alimentos o bebidas que provoquen aumento de grasas en el organismo, horas fijas de ejercicio físico, etc. Indudablemente, hay un coste económico por asistir a sesiones en un gimnasio, pagar a un profesor de padel, comprar aparatos para hacer ejercicios en casa o, incluso si nos introducimos ya en terrenos de gran desarrollo muscular, tenemos ya productos para llenarse el organismo de proteínas, aminoácidos, creatinina, vitaminas… Resumimos estos tres elementos indispensables para un cuerpo rebosante de felicidad: consejos, abnegación y desprendimiento (económico).

Pues los tres pilares de la Cuaresma para fortalecer el alma son muy similares a los que sirven de fortalecimiento muscular: oración, ayuno y limosna.

Oración. La Iglesia invita a profundizar en la vida interior. Necesitamos ese trato más íntimo con Dios, que nos aconseje, que nos instruya para no desviarnos de la estrategia a seguir, de entrenarnos con pequeños actos para hacer su voluntad, si queremos ser obedientes a sus mandatos. El es el guía que nos orienta, que nos corrige, que nos encauza, sin gritos ni aspavientos; en el silencio de la oración es donde mejor podemos escuchar sus instrucciones.

En la oración conversamos de tú a tú con  Dios;  es un don extraordinario que los cristianos deberíamos frecuentar con más insistencia. Dios es un Padre, y como hijos podemos dirigirnos a Él con sentido filial. San Juan lo destaca en una de sus cartas: “Ved qué amor nos ha mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios y lo seamos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a Él”(1). Y no solamente podemos dirigirnos a Dios como Padre, mediante el trato con Jesucristo también encontramos sintonía divina, e invocando al gran Desconocido, el Espíritu Santo, recibimos en nuestra alma el amor de Dios. Y si queremos hacerlo a través de una madre, ahí tenemos a María, madre de Dios y madre nuestra, y a su castísimo esposo san José, o a los ángeles custodios o a lo santos del Cielo. Un gran elenco de intercesores que conducen nuestros pensamientos y nuestras vidas hacia Dios.

Ayuno. Así nos despojamos de ataduras, apetencias, de nudos que nos aferran a nosotros mismos, olvidando nuestra relación con Dios y con el prójimo. Son pequeñas renuncias, que no tienen que ser únicamente en los día que la Iglesia nos propone, ni únicamente alimentarios; podríamos decir que es un mínimo que nos exige, pero los cristianos podemos diariamente con pequeños actos de desprendimiento eludir esas apetencias, esas comodidades “Porque el fuego del amor de Dios necesita ser alimentado, crecer cada día, arraigándose en el alma; y el fuego se mantiene vivo quemando cosas nuevas”(2). Es una íntima y hermosa manera de tener pequeños detalles para fortalecer una gran amor, no grande por la inmensidad de nuestros afectos, que siempre serán muy limitados; sino por a quien lo dirigimos.

Plenus venter non studet libenter es una frase que repetían los paganos en una época en donde lo superfluo no era útil, lo útil necesario y lo necesario indispensable: no estaban cautivados por el materialismo contemporáneo, sino que buscaban discurrir para profundizar en el propio hombre. De ahí que el significado de la frase más o menos  traducida al castellano dice así: cuando uno come demasiado su capacidad contemplativa disminuye. Nos entra sueño y vamos buscando el sofá o la cama para dar una cabezacita o echarnos una buena siesta. Es una manera de identificar la aptitud del hombre moderno: estamos tan llenos de materialidad, rodeados los sentidos de tanto gusto por lo apetente que somos hombres y mujeres adormilados espiritualmente. La Cuaresma es un tiempo adecuado, para ocuparnos más de vaciar la despensa de los apetitos, para mesurar las reservas del alma.

El escritor africano Tertuliano tenía esta diáfana razón para practicar el ayuno. Así lo expresaba, a finales del siglo II: "Hay un hecho que demuestra mejor que ningún otro el deber de ayunar. Y es este: que el mismo Señor ayunó.". Poderosa razón.

Limosna. La generosidad es una virtud que muestra la predisposición a ayudar a quien lo necesita. Que de nuestro bolsillo o cuenta corriente salga un dinero destinado a paliar las necesidades de tantos hermanos, es muestra del grado de altruismo con el que  vivimos. A nuestro alrededor hay mucha pobreza, y el tiempo de Cuaresma es un tiempo propicio a pensar más en los demás.



El Santo Padre Francisco en el mensaje para la Cuaresma de este año se refiere a la pobreza, y la distingue de la miseria: “La miseria no coincide con la pobreza, la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza”. Y diferencia tres clases de miserias: la miseria material, llamada habitualmente pobreza; la moral, cuando nos corrompemos por el vicio y el pecado y la espiritual, cuando nos privamos de Dios en nuestras vidas, y nos fiamos únicamente de nosotros mismos.

Sentir a los pobres y sentirnos pobres. Podríamos resumir así la virtud de la limosna para esta Cuaresma. Generosidad hacia los demás y humildad hacia nosotros mismos. Porque, y son palabras del Papa Francisco en el mismo documento, “Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L.Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo”.

Hay otra generosidad que podemos poner en práctica con el prójimo en la Cuaresma de este año: la crítica, la murmuración, los juicios despiadados, la inquina y el enojo hacia quien nos ofende. Es una buena manera de hacer bien al prójimo, evitando el daño de palabra y, por supuesto, de obra.

Éstas serían las similitudes entre un cristiano, especialmente en el tiempo de Cuaresma y un amante de un cuerpo perfecto, sano y deportista, de un cachas, vamos.  Pero, ¿cuáles son las diferencias? Aquí están las divergencias.  

El fin del cachas corporalmente se encuentra en sí mismo, en su propio cuerpo, en gustarse así mismo para exhibirse ante los demás.  Para quien busca poner cachas su alma, lo importante es dedicarse menos tiempo a sí mismo, más a Dios, e ir en busca del prójimo no para presumir, sino  para encontrar en él a Jesucristo. 

Existe otra diferencia más apreciable: la meta. Mientras que el cachas corporal con el paso de los años encontrará flacidez en sus músculos,  con la desesperanza de que todo el esfuerzo ha redundado en ser superado por la edad o la enfermedad,  el cachas espiritual encontrará más fortalecida la esperanza de alcanzar  la recompensa por el esfuerzo personal derrochado y la gracia de Dios recibida; esa corona incorruptible a la que hacía referencia san Pablo:  “¿No sabéis que los que corren en el estadio todos corren, pero uno solo alcanza el premio? Corred, pues, de modo que lo alcancéis. Y quien se prepara para la lucha, de todo se abstiene, y eso para alcanzar una corona corruptibles; mas nosotros para alcanzar una incorruptible”(3).

Y un consejo que te doy, amigo mío, amiga mía, sacado de la primera Exhortación Apostólica, Evangelii Gaudium, escrita por el Papa Francisco; no te digo como quiere a los cristianos, sino cómo no nos quiere: “Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”. No olvides, pues, que la alegría del Evangelio se encuentra en el Domingo de Resurrección.

En este video un grupo de universitarios nos invitan a participar hoy en el Día Internacional de la Vida en España,  previo a pasado mañana que la Iglesia celebra la Anunciación del Señor, justo nueve meses antes de su Nacimiento.  Estos chicos van a ser asiduos en este blog. Ya lo veréis.  Sin desmerecer ni mucho menos a los demás que intervienen, me quedo con la segunda joven que sale. Explico la razón: es mi hija mayor, Elena. Es una manera de presentártela. Tanto gusto. El gusto no, el gustazo, desde luego, es mío.

(1) 1 Jn. 3,1.
(2) San Josemaría Escrivá, Es Cristo que Pasa, pág. 128
(3) 1 Cor. 9, 24-25