domingo, 5 de mayo de 2019

Catorce días después del atentado en Sri Lanka


Si repasamos con cierto rigor analista, desde tejas para abajo como suele decirse, podemos descubrir que detrás de la pasión y muerte de Cristo, se dieron dos condicionantes humanos, uno religioso y otro civil. El religioso motivado por preservar  la integridad y la religión de toda una nación. En nombre de una religión se sacrificaba a una persona. El otro hecho sucedió al día siguiente de la detención de Jesús, delante del procurador romano Poncio Pilato, máxima autoridad representativa de Roma en la  región de Judea. Ante el caríz que tomaba el proceso acusatorio contra quien se declaró  Hijo de Dios, se exculpó de  su responsabilidad lavándose las manos en público. En sus manos estaba la vida de un inocente, pero prefirió, o no fue capaz, de evitar la condena a un justo. Pedro, poco tiempo después de la resurrección del Señor, exculpó a los dirigentes religiosos por esa determinación: “Ahora bien, hermanos, sé que procedisteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes. Pero Dios cumplió así lo que había anunciado de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo padecería” (Hc. 3, 17-18). 

También para perpetrarse los terribles atentados en Sri Lanka el Domingo de Resurrección, se tuvieron que concatenar dos hechos, uno religioso y otro civil.  En nombre de una religión, unos yihadistas embebidos en la más absoluta radicalidad del Islam, atentan en tres iglesias católicas y en tres hoteles con el resultado de 359 víctimas mortales y más de 500 heridos, la mayor tragedia terrorista en Asía. Entre las víctimas mortales una española, María, que había ido a pasar unos días con la otra víctima española, Alberto, residente en la India por motivos profesionales


La autoridad civil de Sri Lanka según se desprende de las palabras del primer ministro Ranil Wickremesinghe, elude asumir responsabilidad, se lava las manos ante los medios informativos: Los incidentes –curiosa manera de llamar a los atentados, salvo que la traducción no sea todo los correcta que se deba-  se vaticinaron el 4 de abril”, y que cinco días después “el jefe de los servicios de Inteligencia escribió una carta en la que detallaba los nombres de los terroristas y de la organización a la que pertenecían”. Esos informes parece que no llegaron a su mesa, ya poco importan las razones. En este caso también la máxima responsabilidad al frente de un país no ha sido capaz de evitar el derramamiento de sangre inocente.

Dos mil años después , en realidad desde los primeros tiempos del cristianismo, Jesucristo sigue estando perseguido. Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”(Hc. 9, 4-5), le dice el Señor a Pablo de Tarso, fiel cumplidor de la estricta  ley judía, en el momento que se le aparece camino de Damasco en busca de cristianos a los que encarcelar o ejecutar. Cada cristiano perseguido por su fe, cada cristiano apresado por su fe, cada cristiano asesinado por su fe, es otro Cristo crucificado. Todos son testigos de la Resurrección.

¡Cristo vive!, no lo olvides. Es una afirmación gozosa. A pesar de ese condicionante religioso y civil que ha provocado la tragedia en Sri Lanka el Domingo de Resurrección, los cristianos debemos sentirnos con el suficiente júbilo para decir al mundo que hay esperanza, que todo tiene un sentido, que Jesucristo está vivo, que existe Dios. No es un mensaje mío el que acabo de escribir. Lo he escuchado en el  vídeo que quiero compartir contigo.

¡Feliz Pascua de Resurrección!




domingo, 7 de abril de 2019

La Cuaresma, un despertador para el alma



Dicen los expertos que los sueños se dan cuando estamos profundamente dormidos, en la etapa REM (Rapid Eye Movement, movimiento ocular rápido), es en ese momento cuando hay una paralización muscular; sin embargo el ritmo cardíaco y la presión arterial aumenta, las ondas cerebrales actúan como si estuviéramos despiertos. Comparando este estudio a nuestra vida espiritual podríamos asegurar que no son pocos los cristianos que viven en una permanente fase REM, los ojos buscan, los sentidos, mandan, pero los músculos (¡el alma!) está adormilada. El Papa Francisco en la homilía del Miércoles de Ceniza, pone énfasis en que la Cuaresma nos debe revitalizar espiritualmente, debe ser "un despertador para el alma". Ahora ya sabes el por qué del título de este post.

Pedro, Santiago y Juan fueron presa de ese sueño paralizador en Getsemaní, y perdieron la ocasión de acompañar al Señor en los momentos de tristeza y angustia. “Volvió junto a los discípulos y los encontró dormidos; y dice a Pedro: ¿Con qué no habéis podido  velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación; pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil" (1). Qué pena que tú y yo estemos transitando por esta Cuaresma con más aletargamiento que presteza, qué lástima que Jesús venga a buscarte, precise de tu compañía y te encuentre aletargado, embebido en unos quehaceres rutinarios sin afanes de despertar a un horizonte con Él, por Él y para Él. Sí, posiblemente el Miércoles de Ceniza fuera un día en el que te plantearas propósitos,  y ahora, a falta de una semana para comenzar la Semana Santa, te das cuenta que estás en el mismo estado que otras. 

Aún así, nada de bajar la guardia, de darte por vencido. Todavía ésta puede ser tu mejor Cuaresma. “La Cuaresma es un tiempo de gracia -nos alecciona el Papa Francisco- para liberar el corazón de las vanidades. Es hora de recuperarnos de las adicciones que nos seducen. Es hora de fijar la mirada en lo que permanece”.  Con el Apóstol Pablo vamos "olvidando lo que queda atrás, persigo lo que está delante", la  meta es llegar al Domingo de Ramos acompañando al Señor en su entrada a Jerusalén, junto a la Virgen, de las santas mujeres, cerca de los Apóstoles, de los discípulos y de todos quienes se unen a esa comitiva de esperanza. Llega para entregarse por ti, como si fueses la única persona en el mundo que merece derramar su sangre. Y cuando le veas clavado a la Cruz,  dile en voz baja esa oración que repetía San Nicolás de Flüe: “Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de ti. Señor mío y Dios mío, dame todo lo que me acerca a ti. Señor mío y Dios mío, despójame de mí mismo para darme todo a ti”. Tendrás la recompensa el Domingo de Resurrección.

El Papa Francisco no se olvida de estos profesionales que derrochan generosidad hacia tantos y tantos necesitados.

(1) Mt. 26, 40-41


domingo, 24 de marzo de 2019

Pederastia, una plaga que asola el mundo



Reiniciar los post dos meses después con un tema como son los casos de pederastia en la Iglesia, puede resultar un plato demasiado fuerte. Podría haber elegido otro un poco menos complicado de reflexionar y desarrollar. La decisión está tomada. El silencio sobre estas lamentables noticias que hemos ido conociendo, no puede ser el mejor consejero. Parece que los vientos se van calmando y la arremetida de ciertos medios contra la Iglesia por la publicación de diversos casos de pederastia van dejando de ser noticia. La tormenta informativa ha causado estragos. No hay motivos para que los católicos nos escondamos, adoptemos un silencio para que otros vociferen. Es cierto que los escándalos de abusos sexuales son muy graves, tanto los hechos en sí como el ocultamiento por parte de las autoridades eclesiásticas responsables. Pero de ahí a dar la impresión que es desde dentro de la Iglesia católica donde se crea y se promueven estos delitos contra niños media un abismo. La inoculación de este virus viene de otras partes, de una sociedad degradada por el uso y abuso del consumismo sexual. Nos amparamos en datos aún a riesgo de extendernos más de lo deseado.

La pederastia puede considerarse una plaga que asola el mundo, siendo millones de niños las principales víctimas. Según UNICEF se estima que 120 millones de niños han sufrido las consecuencias de las perversiones sexuales de sus agresores, estimando que en el 90% de los casos son hombres. Son actos delictivos en la mayor parte de países, si bien en algunos asiáticos hay un turismo pedófilo reconocido y no perseguido. Según datos de Interpol, en Europa se estima que hay unos 18 millones de niños (año 2013) que sufren abusos. Desde 2015 España cuenta con un Registro Central de Delincuentes Sexuales. Según el diario El País, en informe publicado el 3 de octubre de 2018, 45.155 personas no pueden trabajar con niños por sus antecedentes penales, de ellos, 2574 son menores. En España una decena de sacerdotes han sido condenados por pederastas, y a finales de 2018 sólo cinco estaban cumpliendo condena.

Que se sepa, solamente la Iglesia a nivel institucional ha reconocido públicamente el mal infringido  a consecuencia del comportamiento de sacerdotes pederastas. Seguimos aportando datos. Según cifras oficiales que recoge el Anuario Pontificio de 2017, en el mundo hay 1.285 millones de católicos, el 17% de la población mundial, el total de clérigos es de 466.215. Teniendo en cuenta que los principales abusadores son familiares, profesores, educadores, trabajadores en centros deportivos de ONG, monitores, voluntarios en trabajo con niños, sin contar a los proxenetas y traficantes de niños, el índice de casos en estos estratos sociales es superior si establecemos una comparativa con la Iglesia católica, sin contar con casos que se han dado también en otras confesiones religiosas. La comparación no justifica la responsabilidad de la Iglesia, estamos de acuerdo; sí es un hecho objetivo  que el índice de casos es de los más bajos, en base al elemento humano que constituye la Iglesia.

Es muy difícil hacerse a la idea de que hombres que libremente decidieron entregarse a Dios cometan estos actos. ¿Trastornos psíquicos? ¿Pasiones irrefrenables? Solamente ellos pueden saberlo. Es bien conocida la frase pronunciada por el beato Papa Pablo VI durante la homilía en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, en 1972: “A través de alguna grieta ha entrado, el humo de Satanás en el templo de Dios”. Desde entonces nadie ha dicho que haya salido.  Es un misterio que el Papa Francisco lo ha recordado recientemente: “No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños. Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús”. 

Y ese mal, esas acciones malvadas e incontroladas cometidas,  son aireadas de distintas maneras por los detractores y enemigos de la Iglesia. Es el caso del escritor Frederic Martel, quien el 21 de febrero, justo el mismo día que se inauguraba en el Vaticano el Encuentro sobre Protección de Menores, publicaba un libro titulado ““Sodoma: poder y escándalo en el Vaticano”, del que dice haberle costado tres años de trabajo, pero sin desvelar las fuentes que han sufragado los viajes y entrevistas, donde quiere “mostrar la hipocresía de los miembros del Vaticano, por aquello de practicar la homosexualidad para luego condenarla”. Está dentro de una perfecta ingeniería social para concienciar a las gentes con el mismo argumento de un padre, respondiendo  a su hijo cuando en la mañana de un domingo, al pasar por la parroquia próxima a mi casa, le preguntó: “Papá, ¿qué hay ahí dentro?”. Y el padre, el joven padre, sin complejo alguno le miró y le dijo: “Es un sitio al que no se tiene que pasar porque hacen mal a los niños”. En el siglo XXI ya no se necesitan circos romanos, ni echar a los cristianos las fieras, basta  un ordenador, una imaginación desbordada  y, eso también, una oculta fuente de financiación, para desgarrar ferozmente a una creyente. Las redes sociales es el público que asiste enfervorizado pidiendo más y más sangre, más y más humillación; no para distracción, sino para el aniquilamiento del enemigo. Son dos mil años en permanente estado de acoso.


Aludía antes al Encuentro sobre Protección de Menores, que se celebró del 21 al 24 de febrero en el Vaticano, y que reunió a cardenales, obispos y superiores de órdenes religiosas, entre otros participantes. Fue a iniciativa del Papa Francisco, principal valedor no solamente en la Iglesia católica, sino en todo el mundo, para luchar con decidido empeño contra esta lacra mundial. En el discurso al final del encuentro hizo un agradecimiento: “Agradezco, en nombre de toda la Iglesia, a la gran mayoría de sacerdotes que no solo son fieles a su celibato, sino que se gastan en un ministerio que es hoy más difícil por los escándalos de unos pocos -pero siempre demasiados- hermanos suyos. Y gracias también a los laicos que conocen bien a sus buenos pastores y siguen rezando por ellos y sosteniéndolos”.

Uno de esos sacerdotes fieles fue don Rodrigo Fernández Salas, conocido por “Don Rodri”, fallecido precisamente durante la celebración de ese Encuentro, el día 22 de febrero. Fue el primer sacerdote que traté a mi llegada a Madrid. Un hombre que dedicó la mayor parte de su ministerio sacerdotal a atender a profesores, alumnos, padres del colegio Tajamar y cualquier persona que queríamos tratarle. La puerta de su despacho siempre estaba abierta para recibir a quienes queríamos verle y charlar con él; sus consejos, siempre sencillos y claros. Hombre fiel a su vocación y a sus amigos, y por amigos nos tenía a todos sin importar las veces que nos acercábamos a él. ¡A cuántos niños y a cuántos jóvenes trató y ayudó? Porque a todos nos veía como lo que somos, hijos de Dios.


Y como él, muchos, muchos, ¡miles y miles de sacerdotes que emplean su vida en servicio a las almas! Que no nos intenten engañar ni bajar el ánimo. Eso sí, tal vez tú y yo, debiéramos plantearnos rezar más por ellos. Por otro lado, tengo el pleno convencimiento que no habrá más casos de pederastia en la Iglesia. Espero que en Europa y en el mundo, tampoco.

Video del Papa Francisco en este mes de marzo. Aunque queden pocos días de mes, es  una realidad la que denuncia que se da a lo largo de todo el año, de toda la historia.

lunes, 21 de enero de 2019

El desconsuelo de la Navidad



La Navidad ya es recuerdo. Volvemos al vivir cotidiano. No son pocos los que se sienten aliviados por diversas razones al terminar estas entrañables fechas. Si queremos ver un lado negativo lo encontramos fácilmente: añoranza de seres queridos que ya no están, jolgorio excesivo por los lugares céntricos sobre todo en grandes ciudades, desenfreno consumista, pérdida del sentido cristiano, desafecto institucional por una fiesta de gran arraigo popular… Es el desalentador panorama que ven quienes respetablemente no encuentran alicientes en unas fiestas, insisto, que para otros muchos, entre los que me encuentro, sí son significativas por cuanto celebramos el trascendental acontecimiento histórico que ha tenido la humanidad: el nacimiento de Cristo.


Nada tiene que extrañarnos de estos descorazonadores planteamientos. En Belén, no tengo la menor duda, también existirían, ¿no te parece? ¿Acaso no habría gentes que se desilusionarían visitando un establo para conocer al Mesías envuelto entre pañales? ¿No se tomarían a broma que unos pastores difundieran la aparición de un ejército de ángeles para anunciar la llegada del Salvador? Pronto se correría la voz de que José era un forastero con el oficio de carpintero y María una joven sin distinción alguna. Sí, llegaron unos Magos de tierras lejanas, con todo un séquito de acompañamiento…, pero ¿y qué pasó después? Pues que cuando aún seguía el revuelo, la aldea volvió a conmoverse: María y José y el Niño huyen porque José en sueños tiene una revelación: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate allí hasta que te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt. 2,13).  ¿Cómo? ¿El Ungido de Dios, el liberador del pueblo judío, huye porque el reyezuelo Herodes quiere matarlo?  ¿Dónde está su poder?  No puede ser verdad, es un entramado sentimental destinado a los más ingenuos. Incluso muchos de los que creerían, de los que le visitaron y le adoraron cambiarían de semblante y de opinión. De haber vivido tú y yo en esa época tal vez hubiéramos caído en las redes del desaliento.



Percátate de una realidad. Para vivir la Navidad de manera alegre, con esperanza e ilusión hay que verla con los ojos de la fe. El desaliento es fácilmente alcanzable con el paso de los años. “Me gustaría acostarme y despertarme al día siguiente de terminar la Navidad”. Es un comentario vacío de esperanza que muchas personas, sobre todo mayores, han repetido año tras año. Y, sin embargo, la Navidad es la fiesta de la ilusión, pero no solo para los niños que esperan regalos el 24 de diciembre y/o el 6 de enero, no; es la mayor fiesta para disfrutarla hombre y mujer, joven o anciano, rico o pobre, el vecino o quien viva en las antípodas. Da igual. Porque la Navidad no es un cuento. Es una historia divinamente trenzada por Dios con final feliz. ¿Cuál? Lo hablamos el Domingo de Resurrección.

Un deseo para este nuevo año que acabamos de comenzar. Que de ti y de mí puedan decir lo que dijeron de Jesús: pasó haciendo el bien. Para ello te invito a trazar el plan BETA, sugerido por el ocurrente sacerdote con el que suelo conversar, te puede sorprender tanto como a mí, pero, ¡ah!, vaya si tiene sentido. Ahí va: que busques a Cristo, que encuentres a Cristo, que trates a Cristo y que ames a Cristo. ¿Entiendes, no? ¡Ánimo!

Te dejo el vídeo oficial de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará desde el 22 al 27 de enero en Panamá. Cuenta con un asistente especial, un joven que el 17 de diciembre pasado cumplió ochenta y dos años, ya sabes, el Papa Francisco, que propone un reto, especialmente a los jóvenes: "La JMJ es para los valientes, no para jóvenes que solo buscan comodidad y que retroceden ante las dificultades. Aceptáis el desafio?". 

domingo, 30 de diciembre de 2018

De la cueva al Portal de Belén



Esta Navidad el belén de mi casa se ha visto ampliado con una cueva y unos pastores recibiendo de los ángeles la noticia  del Nacimiento de Jesús. Acierto pleno por parte de mi mujer gracias a su gran destreza, con la colaboración de mis hijas, para convertir una caja de cartón en un lugar cubierto para albergar a los pastores y al ángel -con puchero al fuego incluido-  y recordar este tradicional pasaje evangélico.

Indudablemente que la centralidad del mensaje navideño no puede ser otra que ese portal donde la Virgen y San José contemplan al Niño acostado en una cuna. Es el Misterio que nos adentra en la infinita ternura de Dios, como nos recuerda el Papa Francisco. Pero ¿te has parado a pensar la importancia de ese encuentro de los ángeles con los pastores? ¡Qué bien lo relata san Lucas! Unos pastores velan por sus rebaños, hombres enjutos, de piel curtida por sus muchas horas al aire libre, de escaso bagaje intelectual, se asustan cuando un ángel del Señor les anuncia el nacimiento del Mesias. Reacción humana normal, a tí y a mí nos pasaría igual. Luego  el hecho adquiere una superior dimensión emocional: una multitud del ejército celestial alabando a Dios. A continuación presurosos se disponen a comprobar el mensaje recibido: “No temáis; mirad que os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy os ha nacido un salvador, que es el Cristo Señor, en la ciudad de David” (Lc. 2. 10-11). Llegan y encuentran la señal: “ Y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre” (Lc. 2,12). Lejos de amilanarse, de guardarse para sí lo vivido, el miedo se transforma en alegría, y emprenden la labor evangelizadora para admiración de quienes les escuchan: “Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según les fue dicho” (Lc. 2,20).


A primera vista puede pensarse que no eran las personas idóneas para emprender esa labor encomendada por los ángeles, -ángel en hebreo y griego significa lo mismo, “uno que va” o “enviado”, mensajero-. No era muy buena época para el pueblo judío en los tiempos de Jesús acometer esta empresa. Estaba bajo dominio romano, sometido a sus leyes, sujeto a costumbres y normas de convivencia ajenas a la tradición hebrea, además del deber de contribuir económicamente a base de impuestos desmedidos para mantener el imperio instaurado. ¿Quién iba a creer a un puñado de hombres de tan bajo relieve social? Pues bien, a pesar de los inconvenientes políticos, sociales y culturales, los pastores se convierten en impulsores de la transmisión del mensaje cristiano para toda la humanidad. Llevan la alegría, un torrente de alegría que desde Belén transformará el mundo. ¡Han conocido al Hijo de Dios envuelto en pañales! ¡Y han visto a María y a José!

El panorama para los cristianos de nuestro tiempo no es más alentador que el de los pastores de Belén. Precisamente en estas determinadas fechas se desata a nivel institucional campañas de todo tipo para imponer costumbres ajenas al significado de la fiesta que celebramos, con nuestros propios impuestos se sufragan  actividades y puestas en escena de marcado sentido irreverente.  Tampoco los cristianos estamos exentos de asumir  responsabilidades propias cuando somos presa del consumismo en lugar de anteponer el sentido de la Navidad. Pues bien, veintiún siglos después también somos llamados a salir de esa vida monótona, resignada a vivir en cuevas acomodadas a nuestros egoísmos, para comunicar a este mundo un mensaje de paz y esperanza. Tu vida y la mía, la de las personas que componen nuestro entorno, tiene sentido si emprendemos el camino apresurados a recibir la Luz de Belén. Cada misterio que contemples, cada imagen de la Sagrada Familia a la que te acerques, cada villancico que escuches, deber se una llamada como la de los ángeles a los pastores para comunicar al mundo que “el Hijo de Dios se hace hombre para que el hombre pueda ser hijo de Dios”, como dijeron los primeros autores cristianos. 



La alegría de la Navidad no puede ser otra; y el compromiso ya sabes cual es: convertirte en pastor de Belén para el mundo. Pídeselo a la Sagrada Familia cuya fiesta celebramos hoy. Transmitir la fe, esa es nuestra llamada, y es la intención del Papa Francisco para este mes de diciembre que se va; pero que bien puede servirnos como empeño para todo el año próximo, ¡para toda la vida!

¡Feliz Navidad, Feliz Año Nuevo!


domingo, 25 de noviembre de 2018

Andanzas tomelloseras (y VI): Breve historia de un nombramiento


Termino estas andanzas tomelloseras que comencé el 26 de agosto con la visita al santuario de Pinilla. No es referente a una vivencia en mi pueblo en las vacaciones de verano. Fue el 29 de julio, en el salón de exposiciones de la Casa Regional de Castilla La Mancha, en pleno centro de Madrid, muy cerca de la Puerta del Sol. Como delegado de Madrid de la Causa de Canonización de nuestro paisano Ismael de Tomelloso, participaba en la clausura de la celebración del centenario de su nacimiento cuando terminado el acto recibí la propuesta de asumir la presidencia de la Peña de Tomelloso en Madrid. Por delante todo el mes de agosto y primera quincena de septiembre para decidir. Uno que presume de tomellosero se vio en la tesitura de seguir hablando y escribiendo bien de Tomelloso o ponerse en acción al frente de una Peña tomellosera de reconocido prestigio, pero con grandes problemas para renovar la Junta Directiva propiciada por el paso de los años y el desgaste de buenos tomelloseros afincados en Madrid.


Sin encontrar motivos para negarme al reto decidí presentar candidatura siendo elegido presidente en Asamblea Ordinaria el pasado día 17 de septiembre. Por lo poco que he experimentado en tan solo dos meses he podido descubrir que la Peña de Tomelloso en Madrid tiene una amplia tradición de actividad cultural. En octubre se expusieron las obras de los participantes en la 22ª Edición del Certamen Nacional de Pintura  “Francisco Carretero”, con participación de 17 autores.  El día 13 de octubre se entregó el premio recayendo en una pintora profesional, que días después tuve la sorpresa de conocer que había presentado cuatro obras en la Casa de Vacas del Retiro madrileño, en la primera muestra colectiva del Grupo de Realismo Español Contemporáneo (GRECO), del que forma parte el bueno de Fermín García Sevilla. Resalto este dato para destacar el prestigio de este certamen nacido gracias a la familia de Francisco Carretero.

No menos importante ha sido la exposición de la Asociación de Acuarelistas de Tomelloso y Comarca que tuve la satisfacción de inaugurar hace apenas diez días, agradeciendo especialmente  que hayan querido darse a conocer en la capital de España a través de la Peña. A los que vivís en Madrid o tenéis pensado escaparos un fin de semana os recomiendo que la visitéis, estará expuesta hasta el día 9 de diciembre en la Casa Regional de Castilla La Mancha, calle De la Paz, nº 4. Dieciséis acuarelistas, con edades comprendidas entre los diez y sesenta y ocho años, teniendo como referente al maestro acuarelista Manuel Buendía, dan a conocer sus obras merecedoras de ser vistas para apreciar el valor artístico que contienen.

La decisión más importante adoptada por parte de la nueva Junta Directiva, aprobada en Asamblea Extraordinaria celebrada el mismo día 17 de septiembre, y ya propuesta por la anterior Junta Directiva,  ha sido la de sustituir la denominación de la entidad. Queremos que pase a ser llamada Asociación Cultural de Tomelloso en Madrid. El término Peña creo que no define actualmente la actividad de carácter predominantemente cultural que viene desarrollando. No obstante, el espíritu con el que se creó  la Peña hace ya décadas por ese grupo de tomelloseros residentes en Madrid, seguirá siendo el mismo: por encima de todo, amor a Tomelloso. Una vez que el Registro de Asociaciones del Ministerio del Interior nos notifique la aprobación de la reforma de estatutos, ya podremos llamarnos a todos los efectos Asociación Cultural de Tomelloso en Madrid, donde, para teneros bien informados, Facebook será una de las prioridades en las redes sociales.

Me tenéis para lo que necesitéis como tomellosero residente en Madrid. Las puertas de la Peña están abiertas de par en par a cada uno de vosotros, así como el salón de actos  para cuantas propuestas podáis plantear y queráis  darlas a conocer en Madrid.

Un abrazo de vuestro paisano.

José Vicente Cepeda Plaza



domingo, 18 de noviembre de 2018

Andanzas tomelloseras (V): el maestro quesero


Por el tiempo en el que estamos, con la vendimia recién terminada, sería más propio aprovechar esta entrada para reseñar un tema relacionado con la uva, el vino, hacer referencia a cooperativas vinícolas o bodegas. Pero no, el asunto va de quesos.

Fue en esta pasada Semana Santa cuando concertamos para este verano una visita a la Sociedad Cooperativa de Ganaderos Manchegos, gracias al encuentro con un buen amigo, al que llevaba bastantes años sin ver. Una mañana de agosto, después de atender los quehaceres propios del cargo,  tras recibirnos con la cortesía que le caracteriza y propia de un tomellosero, nos revestimos mi familia y yo con la indumentaria higiénica debida, dispuestos a recorrer las instalaciones de la Cooperativa donde se elaboran los conocidos quesos de nuestro pueblo. Todo un proceso con un control exhaustivo desde que se recibe la leche de oveja manchega el mismo día que se ordeña, hasta que queda a disposición del mercado. Otra particularidad que caracteriza a estos quesos es que no están recubiertos de parafina, tienen corteza sin más, para asegurar que entre el queso y la parafina no hay la más mínima alteración ni desperfecto natural posible.

Las explicaciones de nuestro excepcional guía fueron de lo más interesante. Quedó claro que Tomelloso se distingue también por ser un pueblo de buenos y premiados quesos. Indudablemente que la alta tecnología aporta una garantía esencial para la elaboración de buenos quesos, es una afirmación propia cuando se conoce desde dentro una instalación como la de la Cooperativa. Pero si me tuviera que quedar con un descubrimiento dentro de mi ignorado conocimiento, sería para destacar la de una persona por encima del producto y medios empleados, el maestro quesero. Toda la cadena del proceso de elaboración del queso termina en un profesional, que dictamina la calidad. En la Cooperativa de Ganaderos de nuestro pueblo el maestro quesero no ha cursado estudios en centros de formación, nada de aprendizaje teórico, más de treinta años en la profesión avalan la responsabilidad en sus decisiones sobre la calidad y estado del queso elaborado. 

La visita concluyó gratamente sorprendido por la experiencia vivida y explicada, merced a este gran profesional, excelente persona y tomellosero de pro. Y quedé cavilando sobre la figura del maestro quesero. Y surgió la reflexión: ¡qué importancia en la vida tener un maestro quesero! No profesionales del queso, porque salvo algunas excepciones como la de mi buen amigo, pocos vivimos de la industria quesera,  sino de aquellas personas capaces de orientan a lo largo de la vida. 

No podemos negar que la sociedad que nos envuelve es altamente individualista, hombres y mujeres nos creemos en condiciones de afrontar retos sin contar con el consejo de nadie. Nos creemos dueños de nuestras propias decisiones, y así debe ser, pero, también es verdad, que en la vida el consejo se hace necesario, porque no siempre la decisión se ve clara. En una palabra, podemos equivocarnos. Y si contamos con una persona que nos oriente, que nos muestre que tenemos demasiada parafina, lo cual implica reconocer los propios defectos que nos impide mejorar en lo que más podemos fallar, las posibilidades de acertar y evitar un testarazo, suben.

Fue también en un verano de hace algunos años cuando de regreso a casa en una rotonda se paró un vehículo de pequeña cilindrada. Surgieron los nervios propios de quien tiene delante un coche que no termina de arrancar. Se bajó del coche un hombre entrado en años, y me pidió que por favor empujara su coche con el mío hasta la gasolinera que distaba pocos metros. Se había quedado sin gasolina. Así lo hice. El hombre quedó agradecido. Esto puede pasarle a cualquiera pensé, a cualquiera que sea un tanto descuidado apostillé para mis adentros.


Este buen hombre, más ocupado de otros pormenores propios con su labor, se convirtió poco tiempo después en mi "maestro quesero" hasta que en vísperas de la Asunción de la Virgen falleció. Se llamaba Adriano Casado, bien entrado en los ochenta años, sacerdote. Años y años dentro de un confesonario, en la parroquia de San Alberto Magno, en el barrio de Vallecas, encargado por su dilatada experiencia de orientar a tantos y tantos que buscamos no estar como un queso, sino en dar buen olor y mejor sabor a cada momento de nuestra vida. Un gran recuerdo me queda de este excepcional "maestro quesero", quien por cierto, y con más motivo para recordarle, conoció Tomelloso y fue muy amigo de otro "maestro quesero" que tuve en mi pueblo años antes de venirme a Madrid.

Y como queda el regustillo de hacer referencia a la vendimia, aquí dejo este video.