miércoles, 20 de marzo de 2013

¡Habemus Papam!


Miércoles, 13 de marzo, siete de la tarde, aproximadamente. En la Capilla Sixtina, bajo El Juicio Final de Miguel Ángel, se concluye el recuento de las papeletas en las que los cardenales asistentes al Cónclave han propuesto por mayoría de 2/3 al cardenal Jorge Mario Bergoglio, como 266 sucesor de San Pedro. El cardenal Re, en nombre de todos los cardenales electores le pregunta en latín: “¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice?”. Una vez dada la respuesta afirmativa le pide que con qué nombre. Contesta: “Me llamaré Francisco”. El cardenal elegido pasa a una pequeña habitación existente a la izquierda del altar mayor de la Capilla Sixtina,  conocida como la “sala de las lágrimas” por las muchas que han derramado los papas elegidos. De esa sala el cardenal Bergoglio sale con sotana blanca,  investido como nuevo Papa: ¡Habemus Papam! ¡Papam Francesco! La elección de Francisco se debe a San Francisco de Asis, “santo de la pobreza, de la paz y de la defensa de la Creación”. La cristiandad huérfana desde el 28 de febrero celebra jubilosamente la llegada del nuevo Sucesor de Pedro. La primera oración es por el Papa Emérito Benedicto XVI y por él, antes de impartir la bendición Urbi et Orbi para todo el mundo.
El impacto de la elección ha sido grande. No estaba dentro de los “papables”, que según los “entendidos”, se barajaban para un posible sucesor del Papa Emérito Benedicto XVI. Era reconfortable ver la Plaza de San Pedro en la tarde noche del miércoles, llena, esperando conocer al nuevo Papa. Y la emoción cuando todos supimos que la Iglesia tenía a un nuevo Sucesor de Pedro: el cardenal  Bergoglio. Esa Plaza de San Pedro volvió a llenarse el domingo para rezar con el Papa Francisco el primer Ángelus de su pontificado. Es el Papa que Dios ha querido para la Iglesia actualmente. Un siervo de los siervos. Esta definición proviene de una carta que escribió el entonces Papa Gregorio I al patriarca de Constantinopla Juan, conocido como “El ayunador”, por sus muchos ayunos que hacía, aunque el hombre se dejaba arrastrar por el orgullo. No entendía que siendo Constantinopla más grande que Roma, no fuera él el jefe de la Iglesia. Así se lo hizo ver en una carta al Papa. Y la firmó como “Juan, obispo de toda la tierra, es decir, jefe de toda la Iglesia”. En contestación el Papa Gregorio I, sin entrar en lucha con los egos, le escribió una carta con la humildad  propia de un santo: “Los jefes de la Iglesia no son como los reyes de las naciones, que reclaman grandes honores y fomentan los celos de los orgullosos. Lo que dice el Evangelio es que el jefe de la Iglesia, más que ningún obispo, es el servidor de los cristianos”. El Papa firmó aquella carta como “Gregorio, siervo de los siervos de Dios”.
Con setenta y seis años de edad difícilmente puede presumir un hombre de buscar el poder para enaltecer una ambición. Es una edad tardía para atesorar fama y riqueza. El enaltecimiento de la persona se consigue en décadas anteriores para luego cosechar y disfrutar del buen nombre alcanzado. El Papa Francisco regirá la Iglesia católica a una edad donde se piensa más en el retiro que en el activismo, en el descanso que en el cumplimiento de agendas del día con poco tiempo para pensar en uno mismo. Cristo quiere a sus Vicarios en el declinar de la vida, donde la sabiduría no deja paso a la avidez de propósitos que no tienen que ser malos por naturaleza pero sí inapropiados. Jesucristo eligió a Pedro como roca para gobernar la Iglesia. Según la tradición posiblemente era el de más edad. Así lo reconocemos en las representaciones artísticas. Pudo elegir a Juan, el más joven. Pero fue a Pedro. Era el Maestro y dejó una enseñanza: sin madurez la humildad es menos propicia para destacar.
En la misma noche de la elección pensé en una consecuencia del nombramiento: el cardenal Bergoglio no volverá a su tierra salvo en visita pastoral. Salió de Buenos Aires para participar en el Cónclave y si regresa será como Sumo Pontífice. No podrá despedirse de sus familiares, amigos, feligreses, compañeros en el ejercicio del ministerio sacerdotal, de su ciudad, de su patria. Desde el primer momento en que es investido Papa asume que la entrega a la Iglesia es total. Una muestra más de la total disponibilidad de la persona elegida para dirigir la barca de Pedro.  ¿Te imaginas tú si vas a elegir con tu voto al Decano del Colegio de Abogados, si eres letrado, o al rector de la Facultad donde ejerces tu docencia, o si vas a designar a un representante sindical para la defensa de tus intereses y resulta que eres tú el elegido, o la elegida, y te dicen después del recuento: lo sentimos, pero este cargo supone que no  vas a poder volver a ver a tu familia, regresar a tu casa, despedirte de tu familia? Por muy preparado que esté un cardenal para ser designado Papa el aspecto humano no puede disgregarlo de su personalidad. Por eso, no es de extrañar que a la habitación donde pasan después de la aceptación del cargo se le denomine “sala de las lágrimas”. El peso de la Iglesia, sin posibilidad de prepararte emocionalmente, recae en ese preciso momento en los hombros de un hombre, que por muy acompañado que esté, asume una responsabilidad personal impresionante. Jefe de la Iglesia universal. Humanamente es insoportable; pero con la gracia de Dios el hombre lo puede todo.
Benedicto XVI en el libro Luz del Mundo expresa muy gráficamente la sensación que tuvo cuando en el recuento de las papeletas percibía que el Espíritu Santo estaba disponiéndolo para una aventura inesperada. “Sí, -decía- me vino a la cabeza la idea de la guillotina: ¡ahora cae y te da! Yo había estado totalmente seguro de que ese ministerio no era mi destino, sino que entonces, después de años de gran esfuerzo, Dios me iba a conceder algo de paz y tranquilidad. En ese momento sólo pude decirme y ponerme en claro: al parecer, la voluntad de Dios es otra, y comienza algo totalmente distinto, nuevo para mí. Él estará conmigo”.
Todos estamos expectantes e ilusionados con el pontificado del Papa Francisco. Por sus gestos externos se denota que será un Papa más en sintonía en el ejercicio petrino con el beato Papa Juan Pablo II que con Benedicto XVI. Creo que va a dar mucho que hablar –y muy claro, para que lo entendamos todos los cristianos- y mucho para escribir. Espera de él más que transformaciones internas de la Iglesia palabras para transformar tu corazón. La mayor radicalidad está en superar la raíz de todos los males –como decía la Madre Teresa de Calcuta-, el egoísmo; y diciendo un claro sí a Dios, como un día se lo dijo la Virgen María, y no hace muchos se lo ha dado Jorge Mario Bergoglio. Siéntete un navegante más en la barca de Pedro, con el Papa Francisco al timón pero con las velas desplegadas en la dirección que el viento marque: dónde quiera llevarnos el Espíritu Santo. ¿Te atreves a emprender la ruta? Estamos en un puerto muy oportuno para embarcar: se llama Cuaresma. Se parte con los pies en la tierra y se concluye con el alma en el Cielo. Sé un humilde marinero.

Te regalo esta preciosidad de video. Es un poquito largo pero vale la pena contemplarlo; en pantalla grande y con la luz apagada. Desde tierras gallegas es una manera de agradecer la inmensidad de la Iglesia, gracias a una catedral y a la labor del hombre por realzarla.

lunes, 4 de marzo de 2013

¡Gracias, Benedicto XVI!



El jueves 28 de febrero de 2013 ha pasado a engrosar una fecha determinante en la Historia de la Iglesia: se ha hecho efectivo el anuncio que Benedicto XVI efectuó en el Consistorio del día 11: desde las ocho de la tarde del último día de febrero, Benedicto XVI se ha convertido en Papa Emérito. Misas de acción de gracias, repicar de campanas a las cinco de la tarde en catedrales de todo el mundo, muestran el agradecimiento de millones de cristianos por el abnegado pontificado del cardenal Ratzinger. En la última audiencia general,  27 de febrero, exponía con sinceridad la razón humana y espiritual de su renuncia:  En éstos últimos meses, he sentido que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia en la oración que me iluminase con su luz para que me hiciera tomar la decisión más justa no para mi bien, sino para el bien de la Iglesia.” No se siente ajeno al servicio de la Iglesia, a una vida privada y más plácida: “No abandono la cruz, sigo de un nuevo modo junto al Señor Crucificado”. El beato Juan Pablo II llevó la cruz que el Señor le asignó, más visible, mas notoria; pero Benedicto XVI como servidor de Jesucristo, también carga con una decisión difícil, valiente y humilde: antepone el sacrificio de su vida oculta y de plegaria a la potestad del gobierno de la Iglesia.
Gracias a una valiosísima información aportada por una de mis seguidoras puedo precisar, por si tú lo desconoces, que no es la primera renuncia papal. Con anterioridad se produjeron las  de Clemente I, Ponciano,  Benedicto IX, Celestino V y Gregorio XII. Todas se produjeron en periodos muy turbulentos dentro de la Iglesia, a excepción de la de Celestino V, el “Papa Angélico”, un anciano de 80 años, que fue elegido el 5 de julio de 1294 y renunció el 13 de diciembre del mismo año al declararse inexperto para afrontar asuntos de la Iglesia, regresando a una vida de oración y sacrificio. Esta renuncia es la que más puede guardar un cierto parecido con la de Benedicto XVI, por la edad y el propósito de dedicarse a una vida de plegaria.
Reconozco, amigo mío, amiga mía, que Benedicto XVI me ha cautivado. En términos coloquiales diría que gustosamente me he “empapado”. He leído sus 3 Encíclicas –Deus Caritas est (Dios es amor), Spe Salvi (Salvados en la esperanza) y Caritas in veritate (Caridad en la verdad)- las  exhortaciones apostólicas, las audiencias generales de los miércoles, los discursos pronunciados en sus 24 viajes apostólicos, siguiendo de un modo muy cercano todos los actos  efectuados en sus visita a Valencia, los días 8 y 9 de julio de 2006 para presidir el V Encuentro Mundial de las Familias; el viaje a Santiago de Compostela el día 6  de noviembre de 2010 con motivo del Año Santo Compostelano; el del día siguiente, 7 de noviembre  a  Barcelona a consagrar el templo de la Sagrada Familia y, especialmente, la última visita a España, del día 18 al 21 de agosto de 2011 a Madrid para presidir la XXVII Jornada Mundial de la Juventud. He descubierto su talla intelectual, su manera fina y elocuente de profundizar en las verdades de la fe. He dedicado cuatro entradas en este blog a su figura, con la satisfacción personal de que La sonrisa de Benedicto XVI, publicada el 5/9/2011 (en referencia al aplomo y valentía que adoptó en el aeródromo de Cuatro Vientos durante la tormenta caída esa noche, el momento estelar de la JMJ en  el encuentro con los jóvenes de todo el mundo)  es la segunda más visitada.
No puede entenderse la decisión adoptada sin conocer detalladamente la personalidad de Jospeh Ratzinger. Hace pocos días leía una entrevista en la revista Palabra que se hacía a Monseñor Gerhard L. Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cargo que Joseph Ratzinger desempeñó desde 1981 hasta su elección para la Sede de Pedro en 2005. Lo definía así uno de sus estrechos colaboradores: “Quien conoce a Joseph Ratzinger experimenta enseguida su mansedumbre, humildad, bondad y afabilidad….Él se entiende al servicio de la verdad. Es un hombre manso que se expresa con ideas fuertes. Hay una fuerza humilde que emerge en su persona y en sus palabras. Es la fuerza de la verdad, que no tiene necesidad de gritar para afirmarse, porque se impone por sí misma…”. El pontificado de Benedicto XVI ha marcado un hito en la Historia de la Iglesia. El ya Papa Emérito ha mostrado que el Sucesor de Pedro no ejerce con ambición, despotismo o prepotencia el misterio petrino. No solamente ha gobernado la Iglesia católica, sino que ha sido una referencia moral para otras religiones, realzando que razón y fe pueden convivir en la mentalidad de los hombres para engrandecer su dignidad, la dignidad que da saberse hijos queridos y amados por el Creador. Y siempre, desde la más absoluta humildad. En la bendición Urbi et Orbi el 19 de abril de 2005 marcó ya las líneas de su pontificado:  Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple  y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela  el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes,  y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones.”
El Papa, el eminente teólogo, el gran y humilde intelectual pidiendo oraciones. La tuya y la mía. Te pregunto y me pregunto: ¿cuánto hemos rezado por Benedicto XVI a lo largo de su pontificado? ¿O  hemos estado adormilados como los apóstoles que acompañaron al Señor en el Huerto de los Olivos cuando más intenso era el deseo de estar acompañado por sus amigos? Porque sabrás que  no ha faltado el sufrimiento del Papa en estos casi ocho años de pontificado: el escándalo de abusos sexuales cometidos por hombres ejerciendo el ministerio sacerdotal, la interpretación sesgada por el mundo musulmán que se hizo a su discurso en Ratisbona, las críticas despiadadas por poner en duda que el uso del preservativo en los países del llamado Tercer Mundo sea la solución al problema de la superpoblación –cuando en realidad la cuestión del hambre en el mundo no es consecuencia del nacimiento de seres humanos, sino de la mala distribución de la riqueza-,  el Caso Vatileaks y el conocimiento, por qué no decirlo, de que no todos los mil doscientos millones de cristianos dispersos por el mundo actuamos conforme a las enseñanzas de Cristo.
Pero no te desanimes ni te desalientes. Es el momento de pedir para que los cardenales que se reunirán  en el próximo Cónclave acierten a elegir al Sucesor de Pedro con la ayuda del Espíritu Santo. Dios no abandona nunca a su Iglesia, y menos en este Año de la Fe en donde tanta gracia podemos conseguir los cristianos. Sin olvidar, por otro, lado que de aquí a cuatro meses se reunirá en Río de Janeiro una multitud de jóvenes para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud, la XXVIII. Otra prueba más de que la Iglesia está viva, es joven y mira al futuro con optimismo.  Porque si Dios está con nosotros ¡qué tememos! Si conocemos y tratamos a la Persona más influyente del mundo, ¡Jesucristo!, ¡qué complejo de inferioridad vamos a tener con el mundo que nos rodea! Y si el mundo ha entablado una guerra con Dios, ¿vamos a escondernos o vamos a ser guerreros de una Luz que no se apaga nunca? Eso sí, siempre muy unidos al Papa, guía de la barca de Pedro, para que a pesar de navegar por aguas turbulentas, podamos decir con él: non timebit cor meum, no flaqueará mi corazón. Qué mejor conclusión de este emotivo post que regalarte estas palabras de esperanza, las últimas palabras que pronunció Benedicto XVI como Santo Padre: “En nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, haya siempre la gozosa certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, está cerca de nosotros y nos envuelve con su amor. ¡Gracias!
Gracias a ti Joseph Ratzinger, por tu humildad, por tu sonrisa y por tu pontificado. ¡Gracias, Benedicto XVI!


domingo, 10 de febrero de 2013

En recuerdo de Whitney Houston

Gracias a una compañera de trabajo he podido conocer el contenido traducido al castellano de uno de los éxitos de Whitney Houston: One Moment in Time (Un momento en el tiempo) . El acceso a internet facilita enormemente conocer aquellas canciones que hace décadas escuchábamos sin más opción que quedarnos con la música y no así con la letra por ser cantadas en inglés. Ahora, por ejemplo, podemos descubrir que The winner takes it all (El campeón se lo llevó todo), interpretada por Abba, trata de unos dioses que juegan a los dados, y deciden en una relación de una mujer y dos hombres, quién es el ganador para convertirse uno en amante dejando en segundo lugar al otro, como amigo; que en la última canción grabada por Los Beatles antes de su separación, cuyo título es Let It Be, (Déjalo ser…), mencionan a la Madre María como ayuda ante los obstáculos y luz en horas de oscuridad; o que Phil Collins en Can´t stop loving you hace un canto de ese amor que marcha,  pero dejando tal huella en el corazón que se niega a dejar de amar. A lo largo de nuestra vida siempre existen momentos y situaciones que nos identifica con una canción determinada por su contenido. Si te das cuenta la mayoría de las canciones que entran por los oídos y se quedan en el corazón se refieren a despedidas, desamores, frustraciones sentimentales, amores imposibles… El corazón se recoge en sentimientos cuando anhela el objetivo imposible, cuando no es correspondido, cuando entra en nostalgia al ver alejarse los felices momentos vividos. Y para aprender a amar, hay que aprender a sufrir. Así es la vida. Y como solo tenemos una, hay que amarrarnos bien a ella para sacarle todo el provecho posible.  Todas las ocasiones son propicias para fortalecer nuestras virtudes, para luchar contra las propias miserias.
Reconozco que One Moment in Time me ha calado. Por la composición musical, por la letra y la interpretación.  Desde un primer momento me surgió la duda: ¿A quién le pide Whitney un momento en el tiempo? ¿A su madre? ¿A su manager? ¿A su mejor amigo? ¿A quién puede pedir un momento para sentir la eternidad? Dos días antes de morir subió al escenario por última vez para ensayar la gala de los Premios Grammy 2012. Junto con Kelly Price cantó “Jesus loves Me”, en la que se repite ocho veces “Oh, si Jesús me ama…”, “Si Cristo me ama…” El título de la canción y el contenido de la letra dice mucho, casi todo, y puede dar contestación a la pregunta. En el cénit de su carrera profesional y en el ocaso de su vida Whitney muestra que fama y felicidad no es complemento inquebrantable, que el éxito personal no es ver colmados nuestros deseos materiales, sino saber para lo que se nace, para lo que se vive y para lo que se muere. 
Hace pocos días me quedé con una frase que se colgó en Facebook que decía: hay dos grandes días en la vida de una persona: el día en que nace y el día en que descubre para qué. El principal reto que tiene el ser humano en pleno siglo XXI es discernir el sentido que debe tener su vida. ¿Alguna vez te has preguntado seriamente si has descubierto el sentido de tu vida? Esa es la pregunta clave para encauzar una vida. Vivir para qué. No queremos plantearnos la pregunta pero no por eso deja de estar candente en nuestro pensamiento. ¿Vivir para qué? ¿Para morir? Triste meta. Derrota anunciada. Necesitamos ampliar nuestro horizonte, ser capaces de vislumbrar no solamente las raíces de nuestra existencia, sino el futuro de nuestras vidas. Benedicto XVI descubre que los límites del ser humano no se reducen a una existencia temporal: “El hombre ha sido creado para el infinito. Todo lo finito es demasiado poco”. Queremos ser libres, buscamos superar obstáculos, eliminar barreras, pero siempre nos topamos con los límites de una concepción del hombre que no sobrepasa el concepto del tiempo. A pesar de haber podido alargar la media de edad en la tierra, ¿somos más felices por vivir más años? Posiblemente no. ¿Es la humanidad más feliz por haber puesto los pies en la luna? ¿Somos más dichosos por vivir una vida más confortable que nuestros padres? Ta vez tampoco. Luego entonces, el desencanto ¿no será consecuencia de que todo lo fiamos a cuestiones materiales, sin plantearnos que la verdadera felicidad consiste como Whitney Houston nos canta en alcanzar la eternidad y ser libres de todas, absolutamente todas, las limitaciones humanas que nos impiden ser verdaderamente dichosos?
Y esa felicidad, rozar la eternidad, no es ni más ni menos que disfrutar de la presencia de Dios. Sí, disfrutar de la eternidad ya en la tierra. Los católicos tenemos un momento durante el día en que se para el tiempo. Podemos vivir ese tiempo de eternidad en una celebración que recorre diariamente los cinco continentes: la Santa Misa. En el altar de una basílica,  de una catedral, de tu parroquia o de la más humilde de las iglesias de África, Dios se hace presente, se ofrece por ti y por mí, no como acto simbólico y testimonial; sino como Ofrenda por tus pecados y por los míos, único obstáculo que nos separa de la Eternidad. Si ya es decir mucho, más es saber que si tú lo quieres, porque de ti únicamente depende la respuesta, puedes albergar en tu alma al Dios Eterno.  De haber conocido y participado Whitney Houston de este Misterio posiblemente su vida hubiera cambiado radicalmente. Este Año de la Fe es buen momento para que te impregnes más del contenido de esta celebración, que asistas no solamente en días de precepto, sino algún día entre semana, y que si lo haces diariamente no te acostumbres a una rutina piadosa: ¡vívela! Y la mejor manera es que con las debidas disposiciones recibas al Señor cada vez que asistas. Pide el auxilio de María, que fue la primera en albergar en su seno a Jesucristo. ¿Que no vas? Pues que sepas que también Dios te está esperando, porque el Cielo también ha sido creado para ti. Aunque estés distante, Él está muy cercano, muy próximo, como si fueras el único habitante de la tierra.
Finalmente, hablemos de la muerte de nuestra diva. El próximo día 11 será el aniversario de su fallecimiento en extrañas circunstancias.  El 18 de febrero de 2012 se celebró un funeral Gospel en la Iglesia New Hope Baptist en Newark, New Jersey, en una ceremonia multitudinaria. El día 19 fue enterrada junto a la tumba de su padre en Westfield, New Jersey. Practicada la autopsia se encontró agua en sus pulmones. Se especuló que quedó dormida por los efectos de un calmante y alcohol lo que hizo que muriera ahogada por asfixia. Tú y yo no vamos a especular por las circunstancias de su muerte. Nuestras inquietudes son otras.

No obstante, puedes pensar que ese final de vida sea poco ejemplar para alcanzar la gloria. No hay que estar tan seguro. Verás. La fama de santidad de San Juan María Vianney fue célebre en Francia. Son famosas sus muchas horas de confesionario en el pueblecito de Ars. Miles y miles de personas peregrinaban para confesarse con él. Además el Señor quiso darle el don de la intuición sobrenatural. Un día una mujer enlutada, entre los muchos peregrinos que esperaban de rodillas la llegada del santo cura al templo de la iglesia, se vio sorprendida al detenerse San Juan María Vianney e inclinarse al oído para decirle: “Se ha salvado”. Ante el sobresalto de la mujer le repitió: “Se ha salvado.” La desconfianza de la mujer hizo que el cura santo silabeando le repitiera: “Le digo a usted que se ha salvado. Está en el purgatorio y hay que rezar por él… Entre el parapeto del puente y el agua, tuvo tiempo para hacer un acto de contrición. La Santísima Virgen le alcanzó esta gracia… Algunas veces su esposo, aunque irreligioso, se unía a las oraciones de usted. Esto le mereció la gracia del arrepentimiento y el supremo perdón.” El marido de esta mujer murió de suicidio voluntario. La pobre viuda no podía imaginárselo sino condenado. Desesperanzada de no volver a verle más. La mujer no pudo contener la alegría: “¡Se ha salvado. Le veré, pues, en el Cielo…!”. “¡Señor cura, ya estoy curada!”.  Esta atormentada mujer no arrastraba otra enfermedad que el desconsuelo de no haber podido hacer más por llevarle por el buen camino, el de la salvación de su alma. Hablar de Dios, ya sabes, es hablar de misericordia, misericordia infinita. Y con el auxilio e intercesión de la Virgen más almas van al Cielo. Eso sí, no te acojas tú a la pillería de vivir una mala vida y reconciliarte con Dios en el último momento de tu vida. No es buena táctica incurrir en la temeridad; pero lo que es más desalentador es pensar que siendo posible en esta vida gozar de la presencia de Dios Eterno, la perdamos en cuestiones temporales que nos impedirá ser felices en la tierra y dichosos, por siempre, en el Cielo.
Nací el mismo año que Whitney Houston y comprenderás que no tengo edad para colgar posters en mi habitación. Descarto la idea. Pero después de haber escuchado muchas veces esta canción, confieso que la tengo dentro de mis voces preferidas y One Moment in Time entre mis canciones destacadas. Me ha aleccionado a partirme el corazón por las personas que Dios ha puesto en mi vida y aspirar a alcanzar la vida eterna con más empeño desde la tierra.
Gracias. Y disculpar la extensión de este post. Creo que ha superado records. Propongo para los siguientes ser más escueto. No quiero que os eternicéis leyendo.
No hace falta añadir cual es el cierre musical para esta entrada. Es un recuerdo y un pequeño homenaje. El día 11 la recordaré especialmente.




martes, 22 de enero de 2013

¿Quieres ser otro Rey Mago?

Cuando leas este post las fiestas navideñas habrán quedado atrás. El belén y el árbol ya estarán guardados para dentro de once meses; tu organismo ya habrá metabolizado los excesos gastronómicos; el acicalamiento amiga mía con  que te preparaste para recibir el nuevo año tendrá una inmediata continuidad, tal vez, en fechas próximas; ya es un hecho real poder disfrutar de los regalos de los Reyes Magos, después de que en la noche del día 5 de enero te acostaras esperando levantarte para descubrirlos… Sí, ya sé que esta nueva entrada llega un poco pasada de fecha, pero ya que has leído este párrafo engánchate a los que quedan, sin  mirar dónde está el final. Gracias.

Si me has seguido en los últimos posts posiblemente pensarás que debería tomarme un descanso en esto de escribir. Meter en la última entrada a un extraterrestre para explicar el misterio del Nacimiento de Cristo y ahora invitarte a ser un rey mago puede dar qué pensar. Acepto las reticencias. Pero como estamos a principios del nuevo año, y siempre se tienen renovados propósitos e intenciones  te ofrezco este reto por si te interesa.

Antes de entrar en pormenores conviene citar un libro al que ya me referí en el primer post navideño: La infancia de Jesús, de Benedicto XVI. A diferencia del buey y la mula, estos personajes sí se recogen en el Evangelio, concretamente en el de san Mateo. La principal salvedad que matiza el Papa es que el evangelista se refiere a magos, y no a reyes. La tradición ha recogido lo profetizado por Isaías y en el Salmo 72.10 para asociar la realeza de los Magos. El término por el que se les llama magos podría estar relacionado por ser estudiosos de la astronomía, o por ser personas sabias, eruditas. Pero tampoco quiero que le des excesiva importancia. El afán de este post no es ilustrarte, sino aleccionarte. Quedas advertido.

Si Melchor, Gaspar y Baltasar hubieran estado postrados en sus palacios  preocupados únicamente de sus haciendas y afanes terrenales, la ilusión de millones de niños en el mundo, y la tuya y la mía, -sé que esta fiesta te llena de especial ilusión- no estaría marcada  en el calendario. De haberse aferrado al modo de vida contemporáneo, se habrían anclado en una vida sujeta –¡y vaya si bien sujeta!- al bienestar, sin importarles buscar otros alicientes en la vida más sacrificados, sí, pero mejor recompensados. Encontraron en el firmamento la estrella, pero ellos tuvieron que ponerse en camino. No encuentro, por otro lado, ningún objetivo que no cueste conseguirlo. Da un repaso a tu vida, reconoce lo que tienes y verás que has apelado casi siempre al sacrificio para alcanzarlo. Las vidas de nuestros personajes ilusionantes cambiaron, regresaron a sus tierras, a sus haciendas con sus familias, con la satisfacción propia de ver cumplido un propósito y lo que es más importante: encontraron a Dios. Benedicto XVI reflexiona de esta manera sobre ellos en el libro citado: “Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro de Cristo.” Encontrarse con Cristo. En el siglo  XXI, en un mundo tan del que formamos parte tan interrelacionado, donde buscamos amistades en campos desconocidos hasta no hace muchos años como son las redes sociales, Dios sigue queriendo encontrarse contigo. ¿Qué te parece?
Y ahora viene la proposición. No hace falta que dejes volar la imaginación y te pongas en situación de lugar hace dos mil y algunos años. Olvídate de camellos, pajes y desiertos. Basta tener una cierta inquietud –similar a la de los Magos- para plantearte la vida un poco más arriba de tus cejas. Pregúntate si el trono en el que reinas no está demasiado enclaustrado en ti mismo, si te consideras un rey insaciable por aumentar haciendas y vasallos a tu servicio. Porque si te ves no del todo contento con tu reinado a lo mejor necesitas imitar a los tres Reyes de Oriente. Si es así, no hace falta hacer un viaje a Tierra Santa para visitar los Santos Lugares y vivir con conciencia sobrenatural una experiencia a recordar. Sería fantástico pero no imprescindible. Te sugiero un lugar más cercano. Seguramente estará muy próximo a tu casa, al centro de trabajo, a la facultad o al mercado del barrio. ¿Te doy una pista? Con muchas probabilidades has estado en su interior al menos una vez: cuando te bautizaron. Ya lo sabes ¿no?: una iglesia. No entres con recelo si nos eres persona practicante, olvídate de tus experiencias pasadas si no han sido de tu agrado; una vez que estés dentro fíjate en una lamparita encendida. Los Reyes Magos tuvieron la referencia de otra luz, la estrella, para descubrir donde se encontraba el Niño Dios. Tú tienes la referencia de la lámpara encendida para conocer que al lado hay una urna donde se encuentra el mismo Dios. Es llamativo, sí, que la Omnipotencia de Dios se encuentre en una urna. También les resultaría chocante a nuestros personajes hallar a Jesús en un pesebre junto a unos padres tan sencillos como María y José. Pero creyeron por la fe y se postraron para adorarle. Tú puedes hacer lo mismo. Ya sé que sería más espectacular encontrarte una zarza permanentemente encendida, o un continuo susurro de aire, o un espectacular juego de luces incandescentes para descubrir la presencia de Dios; pero el Señor quiso quedarse de esta manera entre nosotros. Se hizo alimento para tu alma y la mía, tan necesitada de fortaleza para no sucumbir.

Si ya estás delante del sagrario, ofrece como los Magos de Oriente el oro, incienso y la mirra que guardas en tu corazón. El oro puede ser todo lo bueno que hay en ti; sin considerarte una persona ejemplar en todos los aspectos, pero tampoco como un deshecho de miserias: Dios te quiere como eres. El incienso son tus ilusiones, los buenos propósitos concretos para este año; las metas por las  que estás en disposición de dejarte las pestañas para alcanzarlas. La mirra, -esa planta de sabor amargo pero utilizada para perfumes-, pueden ser tus tristezas, tus preocupaciones; lo que te desconsuela y te impide disfrutar de la vida como desearías. Entre ofrecimiento y ofrecimiento cuéntale lo que se te ocurra. Dile, por ejemplo, que para no ser esclavo de tus instintos y soberbias quieres tenerlo como Amo; sí, como Amo –así gustaba llamarle el Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, cuando le visitaba antes de comenzar su actividad laboral- para ser más libre; y no es un contrasentido: nos llenamos de grandeza cuando en realidad estamos sometidos a una esclavitud latente.

Con tan solo unos minutos te habrás convertido en adorador, como los Magos. Y todo ello sin tener que desplazarte kilómetros, sin abandonar tu ámbito de vida. Y cuando te despidas, dile con confianza que volverás; Él te seguirá esperando. No percibirás la sonrisa de un niño como les pudo ocurrir a los Magos, pero ten la completa seguridad de que tu compañía al Señor le habrá sido tan grata como la recibida siendo niño por sus majestades.

No sabemos en qué cambió la vida de los Magos al regresar a sus tierras. Quienes sí lo saben son aquéllos que se han convertido al pasar a una iglesia y encontrarse con Jesús en el sagrario. Después no han podido vivir sin Él. Y hay muchos casos, te lo garantizo.

Y a ti amigo mío, amiga mía, si ya practicas esta buena y sana costumbre para el alma y la mente de visitar al Señor Sacramentado habitualmente, quédate con mi nombre y cuando estés delante de Él pídele por mí. Sabes tan bien como yo que no necesitan  médico los sanos, sino los enfermos; porque Jesucristo no ha venido a llamar a justos, sino a pecadores (Mr. 2,17).

¡Feliz Año Nuevo a todos!

Y un último apunte: ¡por favor, no os perdáis el video!

jueves, 3 de enero de 2013

El Niño Dios y el extraterrestre

Puede resultarte chocante el título de este post; a mí también, no voy a esconderlo. Tal vez sea por un ápice de imaginación desmesurada, por dosis de ingenuidad infantil propiciada por estas fechas; pero se me ha ocurrido darle este título y lo plasmo tal cual. Dicho esto, no voy a dar pie a que te relajes. Te hago la pregunta que desarrollará esta entrada: ¿tú qué celebras desde el 24 de diciembre al 6 de enero? Y ahora sí, déjate llevar por la fantasía. Aprovechando esta época futurista, donde en lugar de recrearnos con la vista viendo la magnanimidad del sol, la belleza de la luna y la luminosidad de las estrellas, queremos encontrar lo que el futuro nos deparará a través de los astros, piensa, imagina, que dentro de este periodo de tiempo navideño aterriza una nave espacial con un simpático, feo, extraño y preguntón marciano, que entra en tu casa y te pide que le contestes para conocer mejor el planeta tierra la razón por la cual las calles aparecen adornadas con luces llamativas –y en algunas ciudades, de dudoso gusto-, el sentido de ver abetos curiosamente decorados en tiendas y escaparates, el desenfreno de gente entrando y saliendo de tiendas y centros comerciales; y la razón de que en algunos hogares y lugares públicos se vean unas figuritas que representan a un niño recién nacido, con su padre y su madre mirándolo con semblante sereno y recogido.

¿Qué le contestarías? Estoy seguro que si vas paseando con este supuesto extraterrestre y pasas cerca de una hamburguesería con un bullicio de niños comiendo tarta le dirás que están celebrando un cumpleaños. Si en lugar de aterrizar el inesperado visitante en estas fechas lo hace en los meses estivales cerca de un restaurante, y observa a un chico con un traje oscuro muy bien vestido y a una chica con un vestido blanco largo preciosa ella y precioso el vestido, le explicarás que son una pareja de novios que se han casado. Y si, por poner otro ejemplo, allá por el mes de mayo o junio se posa una noche en una plaza, y se encuentra a jóvenes y no tan jóvenes con iguales camisetas saltando, brincando y repitiendo a voz en grito “¡¡¡campeooones, campeooones, oeeé, oeeé, oeeé!!!” tendrás que decirle que celebran el triunfo importante y trascendental de su querido equipo de fútbol. Cualquier hijo de vecino dará fácilmente las oportunas referencias al extraterrestre para encontrar el sentido de estas celebraciones. Vale. Pero, volviendo a la pregunta concreta ¿qué estarías dispuestos a contestar al marcianito respecto al sentimiento de estas fechas navideñas? ¿Tienes, -tengo, tenemos los cristianos- las ideas claras sobre el sentido de estas fiestas? Es más: ¿tenemos sólida convicción de que en las fiestas navideñas celebramos el nacimiento del Hijo de Dios del vientre inmaculado de una joven desposada con un varón? ¿Las vivimos como si cada año en lugar de conmemorar el misterio de Dios hecho Hombre, es a nuestro corazón, a nuestra alma, a la que viene a morar? Aquí ya tengo serias dudas de que todos coincidamos. Porque puede que por no tener una firme convicción de su trascendental significado contestemos al interlocutor del espacio que Jesucristo fue un personaje histórico, que llevó una vida de entrega por los demás, que se batió el cobre con la autoridad política y religiosa de su época, y que no fueron suficientes las curaciones y milagros que hizo, la autoridad moral con la que habló a sus contemporáneos, para evitar morir crucificado, la muerte más ignominiosa con que los romanos ajusticiaban a los delincuentes. Pero nuestro hombre del espacio es inteligente, muy inteligente, y no entiende que para otros personajes históricos de los cuales se ha ilustrado convenientemente en su planeta de origen como Gandhi, Martín Luther King, Thomas Alva Edison o Alexander Fleming, que tanto han aportado a la civilización, no se reúnan las familias en el mismo día de su nacimiento para cantar canciones raras con un instrumento tan ramplón llamado pandereta, ni que la manera de computar el tiempo se haga a partir del nacimiento de este niño, y no a partir de la fecha del alumbramiento de estos célebres personajes. Hemos errado en la explicación: el extraterrestre no entiende que Jesucristo, el Niño Dios, sea un personaje histórico sin más. Nos hemos quedado solamente en su humanidad, Santísima humanidad, pero con un plano terrenal.

Esta es una perspectiva que muchos cristianos tienen del Mesias. Y así, difícilmente pueden convencer y explicar de la importancia que supone su nacimiento. No. Al pequeño extraterrestre hay que explicarle el sentido divino de nuestro recién nacido. Y decirle que la alegría transformadora de nuestras vidas se percibe con el Nacimiento de Cristo, pero que no alcanza su plenitud hasta llegado el Domingo de Resurrección. Si apreciamos a Jesús como un personaje histórico sin más estamos dejando vacío de contenido el mensaje de salvación que propugna. En otras palabras: hay que vivir con profunda devoción la Navidad, pero con la mirada puesta en el Cielo. Ahora las antenas del pequeño ser se levantan, sus ojos se agrandan ocupando casi toda la cara, y comenta ensimismado: ¡que el pequeño por el que se celebra la Navidad es inmortal! Así es. Y adquiriendo la condición humana no solo abre las puertas de la inmortalidad, que sería ya un anhelo sublime para el ser humano, sino ¡las puertas del Cielo! Dios mismo baja del Cielo para que el hombre pueda subir hasta él,  aún sabiendo que hasta el final de los tiempos recibirá indiferencia, odio y desprecio por parte de quienes no quieren reconocerle.

 En efecto, en este tiempo de descristianización conviene tener muy claro a ti y a mí que nuestra fe no se circunscribe a pensar y celebrar casi inconscientemente un acontecimiento histórico, como es el nacimiento de Cristo; sino a vivirlo con la trascendencia de recibir un mensaje. Y hablando de mensajes, el 21 de diciembre pasado Benedicto XVI lanzó el siguiente tweet -puedes encontrarlo ya en twitter por si no lo sabes- que reseño por si te sirve para reflexionar: “Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano.” ¿No te parece plan atractivo para tu vida que Jesucristo te lleve de la mano, y cuando ésta se acabe te de un tirón para llevarte con Él a la eternidad? Sí, puedes decirme que te falta fe; pero te recuerdo que estamos en el Año de la Fe convocado por Benedicto XVI. A ti y a mí nos falta fe para vivir con intensidad la Verdad. Por eso tenemos que pedirle a Dios que nos la conceda, que nos la aumente, que nos la fortalezca para descubrir la cercanía de un Dios tan accesible, y emprender la preciosa labor de comunicarlo a los demás.

Y ahora el final de la fantasía. El pequeñito ser del espacio agradeció la explicación. Se subió presuroso a su nave, despegó pensativo en dirección a la Vía Láctea, se despidió de nuestro planeta percibiendo la belleza en la lejanía; fijó la vista en el Universo y pensó en la inmortalidad del ser humano, mirando a un lado y otro del espacio quiso comparar la belleza del Universo con ese encuentro del hombre en la eternidad con su Dios. Le hizo pensar. Buscó una nueva ocasión de visitar la tierra y seguir adquiriendo información. Pero se dijo que por mucho más conocimientos que obtuviera ninguno sería tan fascinante como el mensaje de la Buena Nueva.

El video al que te invito que veas en este post, tiene nota incluida que te transmito: En www.sonrisasdulces.com encontrará el spot que la empresa de Golosinas Migueláñez ha realizado con fines benéficos. Si le gusta, por favor, recomiéndelo. Hay que verlo entero. No es "lo que parece".... Cada vez que alguien entra en ese link y ve el Spot, Migueláñez donará 5 centimos de € a la Asociación Pablo Ugarte, que se dedica a recaudar fondos para varios Estudios de Investigación de cáncer infantil. El tope que se han marcado es de 1.000.000 de visualizaciones. Va por cerca de 800.000, pero se acaba el plazo el 6 de enero.

viernes, 21 de diciembre de 2012

La mula, el buey y una historia real

Estas Navidades ya tienen su dosis de polémica con el tan traído y llevado comentario del Papa Benedicto XVI sobre el buey y la mula en el tradicional Belén navideño. La enjundia se encuentra en la página 77 del libro La Infancia de Jesús, en la que por esta frase “En el Evangelio no se habla en este caso de animales” la polémica está servida; servida por los instigadores que aprovechan cualquier ocasión siempre para arremeter contra la fe católica, la Iglesia y el Papa.
Desde que comenzó en 2005 su pontificado Benedicto XVI me he convertido en un asiduo lector de todas las audiencias que ha ofrecido, de los discursos pronunciados en sus viajes apostólicos, de homilías en diversas festividades litúrgicas;  tengo todas las encíclicas y libros publicados, y no por afán coleccionista, sino porque la talla y figura teológica de Joseph Ratzinger, la profundidad de sus textos,  creo que son necesarios desmenuzarlos para entender mejor la relación de Dios con los hombres. Pues bien, a pesar de lo dicho me veo incapaz -¡pobre de mí que no doy para más!- de discernir que en esta frase Benedicto XVI está dando el mensaje de que el buey y la mula no deben ponerse en los belenes. El Papa no está indicando que deba prescindirse de estos dos tradicionales animales. De hecho, en la Ciudad del Vaticano el Belén tendrá al buey y a la mula.  Benedicto XVI  quiere destacar en el libro lo que los Evangelios canónicos plasman con claridad: ninguno de los cuatro evangelistas hacen mención de que el buey y la mula, o el asno, fueran animales que estuvieran presente en el Nacimiento de Jesucristo. Puedes coger unos evangelios amigo mío, amiga mía, y repasar a Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y advertirás que el buey y la mula no se mencionan. De paso, aprovecho para aconsejarte si no lo haces todavía, que no te conformes con confirmar lo declarado por el Papa y dejarlo en su lugar de origen hasta próxima ocasión.  Te invito a  leer diariamente cinco minutos el Nuevo Testamento. Te aseguro que tendrás ocasión de conocer más y mejor la vida de Jesús. Vendrá bien para tu alma y para un mejor conocimiento de quien tanto puede cambiar tu vida, de manera que cuando surjan polémicas de este tipo no te dejarás  arrastrar por los embaucadores de turno.
Surge la pregunta, entonces: ¿y de qué nos viene esta tradición de colocar la mula y el buey en nuestros Belenes? San Francisco de Asís fue crucial. En la Nochebuena de 1209 organizó un Belén viviente en una cueva próxima al castillo de Greccio. Participaron campesinos de la comarca, y en esa iconografía humana no faltó la mula, el buey, el heno… Así daba una sensación de calidez, familiar y hogareña. Muchos artistas han pintado diversas natividades, unos sin las bestias (Leonardo Da Vinci, Zurbarán, El Greco, Murillo, y otros con ellas (Fra Angélico, Rogier Van der Weyden o Tintoretto). En cualquier caso, después de muchos siglos el buey y la mula forman parte de nuestros hogares a la hora de organizar nuestros belenes. Así de sencillo. La imaginación popular y la artística han discurrido para elucubrar con mucha lógica: si la Virgen dio a luz en un pesebre, tendría que haber animales de campo (el buey); y si la Madre de Dios llegó a Belén en un asno, tendría que estar dentro del establo. Los belenistas se encargaron de recoger estas “deducciones” y tallaron junto al resto de figuras las del asno o mula y el buey.
Hecha esta aclaración para lo que pueda aportarte, viene una segunda parte. Sabrás que en lo que respecta a Belenes, a la Sagrada Familia se le llama Misterio. Misterio es aquello que no se puede explicar, comprender o descubrir. No sé a ti, pero siempre me ha resultado un misterio que en estas fechas proliferen en los corazones de las personas, de cualquier edad y condición social un mayor deseo de alegría, de darse más al prójimo. Es como si el corazón se ensanchara para dar cabida a los demás, para tener mejores sentimientos. Para una mayor entrega.
A propósito de esta reflexión te invito a compartir una historia. Nos situamos. Una oficina judicial en la que el trabajo diario consiste en hacer todos los trámites necesarios para que lo que los jueces dictan en las sentencias se lleve a efecto. En esa oficina, una funcionaria simpática y “echá palante” pregunta una mañana si alguien tiene impedimento de que se ponga un Belén. Ninguno de los otros funcionarios objetan nada. Ayudada de otra funcionaria, en unas horas montan –nunca mejor dicho-, el Belén. Al lado del Misterio se deja una canastilla para posibles aguinaldos. Y se decide poner unas “tasas judiciales”. Quien deposite unas monedas se le canta un villancico por todos los funcionarios que se atrevan a formar un coro; si el aguinaldo es o supera el euro se canta el Adeste Fideles en latín. Difícil reto. Aquéllos funcionarios que no lo hacen, respetan y asumen que cuando se produce el donativo hay otros que dejan sus funciones por unos minutos y se dedican a gratificar al generoso, que pueden ser otros funcionarios de distinta oficina, procuradores, abogados, jueces, etc... Los superiores inmediatos de esos funcionarios, respetan que por momentos a lo largo de la mañana pueda perder la seriedad que una oficina judicial debe dar, y se dé paso a un lugar eminentemente navideño. Al principio se piensa que lo recaudado será para comprar unos roscones de Reyes tan propios de estas fechas y comerlos. Todos de acuerdo. Pero surge una idea más solidaria: los donativos recaudados irán destinados a Cáritas. Perfecto. Hay que informar a todos, y se pone en la puerta de la oficina la existencia del Belén y el destino de la recaudación. Otro aspecto más de la historia: quien toma la iniciativa para “captar” a los posibles contribuyentes a esa causa generosa es una funcionaria, la más veterana, atea ella, que presume de que el nombre que lleva no se debe a una advocación mariana, sino a que sus padres quisieron ponerle el mismo nombre que el de una dirigente comunista española de gran protagonismo en los años treinta. Viendo su aptitud unos compañeros le dicen que de atea no tiene nada; otros, más ingeniosos, ya le llaman sor… (y su nombre). Para concluir, imagínate que en una semana se han conseguido unos setenta euros de aguinaldo. Se ha puesto fecha a la iniciativa: 31 de diciembre. Otra característica más de esta historia: cuando los funcionarios se reúnen, se olvidan del mucho trabajo pendiente, de sinsabores,  de rencillas personales, y todos a una (aunque desentonando, claro está) se unen para cantar y recordar un Misterio: el del Nacimiento de Jesucristo.
Bonita historia para ser verdad ¿no? Pues no, no es un cuento. Esta es la historia real de lo que viene ocurriendo en la oficina judicial donde desarrollo mi trabajo. En Navidad todo es posible.
Y ahora te pregunto: ¿verdad que la Navidad encierra un misterio? Y si es así, ¿no será que desde hace más de dos mil años, Dios nos está  queriendo mostrar que el amor es el cauce por el que se encapricha diariamente de nosotros, pero más aún en estas fiestas navideñas, cuando el mundo en sus cinco continentes celebra el Nacimiento de su Hijo?
Piénsale si te apetece. A lo mejor cambias el concepto que has tenido hasta ahora de las Navidades y del sentido de tu vida. Por probar que no quede. No tienes nada que perder. Y sí mucho que ganar.

De todo corazón, te deseo una muy ¡Feliz Navidad!`

Os dejo este villancico con los principales protagonistas de estas fiestas: El Niño Jesús y los niños.

miércoles, 24 de octubre de 2012

La perla del amor: el matrimonio

Este post va dedicado a vosotros, Vanesa y Jorge, que dentro de pocos días vais a contraer matrimonio. El título no me diréis que no es precioso. Sin embargo, con total sinceridad, os anticipo que no se me ha ocurrido a mí, está sacado de un artículo de José Manuel Mañú Noain, profesor navarro. La mayoría de las citas están obtenidas de esas reflexiones, que me han llegado a través del colegio de vuestras primas.
Empiezo recordando una primera fecha: sábado, 25 de febrero de 2012. Primer día de un fin de semana aparentemente intrascendente, uno más en los comienzos de este año. Sin embargo, para vosotros no lo es tanto: anunciáis que os vais a casar. Una grandísima noticia. A mí, novia, ya me das un encargo: tengo que prepararte un discurso para hablar delante de los invitados el día de la boda. Me huele a boda de las modernas, por aquello de dirigirse la novia a la concurrencia; pero no, inmediatamente desaparecen los temores: te vas a casar, os queréis, casar en la Iglesia.  Desde ese momento, la mirada se fija en ti. No te quito ojo de encima. No es para menos. Pero no por el hecho de que os caséis, que ya es significativo en los tiempos que corremos, sino por la alegría desbordante y contagiosa que transmites. Dan ganas de grabarte para colgar el video en You Tube como ejemplo a seguir para las novias casaderas.
Diez meses después, el sábado, 27 de octubre de 2012, cinco de la tarde, en la Parroquia de la Concepción de Nuestra Señora, calle Goya 26, Madrid: ¡os casáis! Cuando tengamos que cambiar la hora en la madrugada del sábado a domingo, ¡ya seréis marido y mujer! ¡Sincronizar bien vuestros relojes, porque empieza una nueva andadura en vuestras vidas! ¡Fenomenal!
Como habéis hecho ya el cursillo prematrimonial no seré yo quien os adoctrine sobre la importancia del matrimonio. ¿Me veis capaz? Claro que no. Pero siempre viene bien reflexionar sobre el sentido del matrimonio, no solamente para quienes estáis en puertas, sino también para los que ya la hemos atravesado. Hay dos definiciones que quiero que conozcáis. La primera, es en base a la Constitución francesa de 1791: “La ley no considera el matrimonio más que como un contrato civil”. Un poco fría resulta la definición ¿no? Suena como a un acuerdo entre dos partes, como un contrato de compra-venta, o como un compromiso de permanencia con una compañía de telefonía móvil. Ésta no creo que os convenza. Y ahora, la segunda: “El matrimonio es una comunión de amor indisoluble”.  Suena mejor ¿verdad? Es más bonita, más comprometida tal vez, por cuanto se refiere a un lazo de amor para siempre. La pronunció el beato Juan Pablo II en su homilía a los esposos el 2 de noviembre de 1982, en Madrid. Uno de vosotros aún no habíais nacido, según mis cuentas, y el otro estaría todavía con los dientes de leche. Yo, estaba con la mili recién terminada.
Por consiguiente, os doy la enhorabuena por darle un sentido cristiano a vuestro enlace. Habéis acertado. Os casáis en la Iglesia, y no por la Iglesia. Porque casarse como suele decirse por la Iglesia supone mencionar el lugar físico en el que se contrae matrimonio, al igual que puede ser un ayuntamiento, un juzgado o un restaurante mínimamente acondicionado para el acto. Pero casarse en, no se refiere únicamente a hacerlo dentro de, sino  ajustándose a unas condiciones en este caso establecidas por Dios a través de la Iglesia. ¿Para qué? Para que seáis felices el resto de vuestras vidas. Sí, digo bien: ¡para el resto de vuestras vidas! Os vais a casar en la presencia de Dios, delante de uno de sus ministros,  porque  queréis uniros para el resto de vuestras vidas,  con plena libertad y teniéndonos por testigos a nosotros, vuestros familiares y amigos para así hacerlo público. ¡Cómo debe ser!
Sabéis que no son tiempos de uniones permanentes, que las parejas prefieren uniones temporales porque desconfían desde el primer momento uno de otro. Con estas premisas difícilmente puede lograrse el objetivo de unidad e indisolubilidad.  Se piensa más en cuando podrá romperse el vínculo que en llegar a mayores unidos por el objetivo que un día se marcaron. ¿Quién no conoce matrimonios que se han roto o que están a punto de hacerlo? Pero os digo con tono tomellosero: ¡no tengáis miedo de perpetuar vuestra relación! Mirar vuestros padres, vuestros hermanos, vuestros tíos. Repasar en las celebraciones familiares cuando nos juntamos los matrimonios que somos, y los hijos que tenemos fruto de ese amor. ¿Sería lo mismo si en lugar de juntarnos seis matrimonios lo hiciéramos seis personas? ¿Verdad que no? ¡Pensar que para la próxima celebración familiar ya seremos siete matrimonios! ¡Qué gozada! ¡Bienvenidos al club los nuevos esposos!
Es cierto que hay momentos de oscuridad, de zozobra, donde aparecen dudas, desánimos; tampoco es nada nuevo lo que os cuento después de cinco años de noviazgo que lleváis. Sin embargo, la fuerza del amor puede más. Para los tibios, los que dan por perdida la batalla de la entrega por el otro, está frase -desconozco quien es el autor- puede escandalizarles; a vosotros, no obstante, os tiene que hacer pensar: Quiéreme más cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite. Ser felices no consiste en no asumir riesgos, sino en querer a personas, en tener un corazón enamorado y entregado al cónyuge. Discusiones, enfados y regañinas, sí; son inevitables; pero que no termine el día sin pedir perdón; de lo contrario puede correrse el riesgo de incurrir en esa advertencia de Gandhi: “Ojo por ojo y el mundo acabará ciego”.
 Cuesta encontrar la llave que abre la puerta de la felicidad, y es una pena que la dejemos entreabierta para que se cuele por una rendija el aire sucio y maloliente del egoísmo. Además, ya sabéis que contraer matrimonio en la Iglesia tiene una gran ventaja: puesto que el matrimonio es un Sacramento (signo visible –os recuerdo- instituido por nuestro Señor Jesucristo, que produce la gracia), se hace posible que Dios entre en vuestra vida. Seréis tres. Pero tranquilos, no tendréis que ponerle plato para comer ni cama para dormir. No aumentará el presupuesto en la casa. No os penséis que es como tener una suegra (mala) en casa; al contrario, es una garantía de amor, porque, sencillamente, Él es Amor.
Fiarse de Dios es una elección metafísica, pero hay otra cuestión que vosotros tenéis que aplicar: la cuestión física; es decir, el empeño, la voluntad que empleéis  para el éxito. Porque en el matrimonio también se aplica una ley física como es la del  principio de causalidad (que no casualidad). Siempre hay un efecto provocado por una causa. El argumento más frecuente que se oye a una pareja divorciada es la de que el amor se ha acabado, como si tuviera fecha de caducidad. No, el amor no se acaba, se apaga. En la medida que se piensa más en el yo que en el tú la llama va siendo más tenue, hasta extinguirse. ¿Solución? Probar con el coche a no reponer gasolina –la incomunicación es el chivato que se enciende en el matrimonio para advertir que el combustible del cariño está bajo mínimos-; o dejar de comer día sí y día también y sabréis lo que es la inanición. Hasta una minúscula flor no se ve en el campo por casualidad, necesita del sol, la lluvia y el oxígeno para mantenerse aparente sobre la tierra. Pues en el amor, pasa lo mismo. Si no se cuida, si no se mima, si no se está pendiente de llenar el depósito (y esta labor para que fructifique atañe a los dos) se asfixia; pero no por casualidad o porque el destino lo quiera así; sino por la indiferencia. ¿Consecuencia? Que a los tres meses de contraer matrimonio, legalmente ya se puede solicitar la demanda de separación y, por consiguiente, divorcio a la vista. En vuestro caso, que sois una pareja de grandes objetivos, tenéis que tener bien grabada esta frase de San Agustín: “La medida del amor es amar sin medida”. ¡Hala, manos a la obra! ¡Sin complejos! Y si os tachan de inconsecuentes, vosotros a lo vuestro, haciendo caso a Jacinto Benavente, que comentaba: “El amor lo pintan ciego y con alas; ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlos”.
Y un último consejo: tener hijos. Si de unos padres altos, nacen hijos altos; de unos padres rubios, nacen hijos rubios; de unos padres guapos, nacen hijos guapos (no hay nada más que mirar a mis hijas, aunque en este caso lo único que he aportado por mi parte es el apellido; la belleza e inteligencia corre a cargo de la contribución a gran escala de vuestra tía); de unos padres simpáticos y sonrientes como vosotros, nacerán hijos simpáticos y sonrientes. El mundo necesita hombres y mujeres sonrientes. Y vosotros tenéis la semilla para aportar alegría al mundo. Hace unos días leía una frase que me llamó la atención. Es ésta: “una sonrisa significa mucho; enriquece a quien la recibe sin empobrecer a quien la ofrece”. Además, los hijos favorecen que si en algún recoveco de vuestros corazones habita cierta dosis de egoísmo desparezca aumentando el afán de servicio.
Finalmente, la tercera fecha: 5 de marzo de 2010. Recuerdas, Vanesa, que te entregué la estampa de un paisano amigo, Ismael de Tomelloso, para que te encomendarás a él. No hace falta recordar el momento y el lugar. Sé que  te hiciste amigo suyo. Él también era alegre y divertido. El día de vuestra boda será buen momento para agradecer –por mi parte así pienso hacerlo-, poder disfrutar de esta señalada fecha junto a tus familiares y a los de Jorge, especialmente los que han pasado por muy serios problemas de salud. Esa frase de que hay que tener amigos hasta en el infierno es tan absurda como temeraria.  Los amigos hay que tenerlos en el Cielo. Ellos son los que verdaderamente interceden por nuestro bien.
Y un último apunte: podéis entrar en el post de septiembre de 2011, por si queréis conocer más impresiones mías sobre el matrimonio.
Espero que me deis las gracias por esta entrada dedicada a vosotros. Ya veis que me la he currado de lo lindo con tanta cita. Bromas aparte: si en cada entrada pongo el mayor empeño por intentar calar en el corazón de algún internauta, en esta, por supuesto, que el afán es mayor. ¡Os lo merecéis!
¡Ah, claro!... el video, que creo que muy apropiado.