Fue en los Juegos Olímpicos de Atenas en 1896, inaugurados por el barón Pierre de Coubertin, la primera vez que se disputó la prueba del maratón, en recuerdo al mito de la batalla de Maratón, que tuvo lugar en el año 490 antes de Cristo, en el que un tal Fidípides recorrió más de 246 kilómetros para avisar a los espartanos del desembarco persa en este municipio de la costa noreste del Ática, periferia de la antigua Grecia. No había otro medio de transmitir comunicaciones. La distancia se fijó en 40 kilómetros y ésta se mantuvo hasta los Juegos Olímpicos de Londres en 1908,donde se determinó que el recorrido fuese de 42 kilómetros y 195 metros, que es la distancia que separa Windsor del estadio White City. El vencedor fue un griego llamado Spiridon Louis, un vendedor de agua que se llenó de todos los honores no solamente por ganar esta prueba, sino por ser también el único campeón ateniense en esos Juegos. Dos días antes permaneció en
oración y ayuno para disputar la novedosa competición. Una manera muy espiritual de prepararse para un evento deportivo. Aquí es donde quería llegar a parar.
Como muy bien sabes, cuarenta días
son los que separan la Cuaresma del Domingo de Ramos, que nos introduce en la semana de la Pasión del Señor y que culmina en el Domingo de Resurrección. Es otro maratón que los católicos recorremos con la intención
de que nuestra alma esté en sintonía con el misterio central en que creemos:
Jesuscristo entrega y da su vida “pro multis”, por muchos, que, como también posiblemente sabrás, reemplaza en la
Consagración a “por todos”, a raíz de la 3ª Edición revisada del Misal Romano, publicado por la Conferencia Episcopal Española, para ganar la
riqueza original de los textos.
Para un deportista de competición
la Cuaresma es muy fácil de entender. Ellos adoptan una preparación exigente
con vistas a conseguir el mejor resultado posible; y para ello tienen que
renunciar a pequeñas y grandes apetencias. El objetivo a batir está ahí, a
corto o medio plazo. Para los cristianos el horizonte no es programable, es
Dios quien decidirá cuando parará el cronómetro de nuestra existencia para
concedernos el premio por el que nos hemos preparado con la ayuda de su gracia. Otra diferencia está en el sistema de premios. En las competiciones suele haber un solo ganador, como mucho tres se ven
recompensados en los Juegos Olímpicos subiendo al pódium para recibir las medallas, el resto, valga la expresión, muere en el
anonimato. Y, sin embargo, a Dios no le importa tanto la posición en la que acabes tu periplo
por este mundo, sino la preparación para llegar al último día de competición.
El premio sabemos cual es: la Pascua, el triunfo del alma y, por tanto, también del cuerpo, para subir al mayor pódium posible: el Cielo.
Al igual que existen aparatos en el ámbito deportivo para
medir la frecuencia cardíaca o la distancia recorrida para saber cómo nuestro cuerpo responde al esfuerzo, el
tiempo de Cuaresma es muy propicio dotarnos de un medidor para saber el estado de forma de nuestro espíritu, que se
llama caridad. Es esa virtud teologal por la que amamos a Dios sobre todas
las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, por amor a Dios. Se presentan no
pocos obstáculos, lo sabes tan bien como yo, para encontrar ese equilibrio Dios-hombre, porque algunos son propensos a poner zancadillas, voluntarias o involuntarias, pero se pueden superar con la fortaleza de la gracia de Dios; y si nos hacen caer y provocar heridas o lesiones, ahí tenemos ese masaje
reparador llamado Confesión.
En estos días que restan de periodo cuaresmal te
sugiero que estés muy pendiente de este indicador. Es el principal medidor
para saber si está siendo efectiva esa puesta a punto para celebrar con las debidas disposiciones las fiestas que se avecinan. Te propongo una buena piedra de toque: reparar los ultrajes e indiferencias provocados por los enemigos de la fe, los ignorantes y los propios católicos -que de todo hay en la viña del Señor-, contra los valores y sacramentos que administra la Iglesia por mandato de Jesucristo. Y cuando participes en los oficios, reces el Via Crucis, contemples un paso en las procesiones que vas a ver, o visites un monumento, reza con especial fe y devoción. ¿Que no tienes pensado asistir? Piénsalo bien, el Señor en esta Semana Santa quiere pasar por tu vida. Tú y yo necesitamos ser coherentes con nuestra fe, porque la Iglesia necesita hijos e hijas congruentes para regalar al mundo el misterio de salvación de Dios por los hombres.
Este video es uno de los que más reproducciones tiene en You Tube. Escúchalo y sabrás por qué.
El periodo
cuaresmal hizo el pasado fin de semana un alto en el camino hacia la Semana Santa, para dar cabida a la celebración de la fiesta
de San José. Bien es verdad que se ha retrasado un día por tener prioridad el
tercer domingo de Cuaresma, pero la Iglesia ha sido fiel a la tradición
recordando al esposo de María como se merece. No obstante la esposa de Cristo en la tierra está bajo el patrocinio de este santo varón.
Muy pocas referencias tenemos de San José en las Sagradas Escrituras. No hay una sola
frase escrita que salga de sus labios. Ninguna. Sin embargo Dios se vale de su
silencio, de su entrega generosa, para culminar lo que los
profetas anunciaron desde antiguo. Un plan que nada tenía que asemejarse al que
tendría esbozado con María, con la que estaba desposado, aunque según
costumbres judías todavía no vivían juntos. Pero José era el elegido por Dios.
Y no le falló.
No fue tarea
cómoda para el bueno de José. Y es que la comodidad no va en sintonía con los
proyectos del Señor. Podríamos decir que más que cómoda fue exigente. Pero el
esposo de la Virgen María se fio del Señor. Conocer que su esposa estaba
encinta por obra del Espíritu Santo y recibirla (Mt. 1, 20-22) era un
compromiso de una alta responsabilidad. Las vicisitudes aparecieron poco tiempo
después. Para dar cumplimiento al edicto de César Augusto, como era de la casa
y familia de David, tuvo que trasladarse con María a Belén para empadronarse; y
allí le llegó la hora del parto, teniendo que dar a luz en un pesebre, porque
no había sitio en ningún aposento (Lc. 2, 1-8). Gran desasosiego en un
principio tuvo que provocar cuando en sueños se le aparece un ángel y le dice
que huya a Egipto porque Herodes quiere matar al niño (Mt. 2, 13, 14). En país
extranjero permanecieron hasta que vuelve a recibir de un ángel mandato de
abandonar Egipto y dirigirse a la región de Galilea, a una ciudad llamada
Nazaret, para evitar que Arquelao, el hijo de Herodes, pudiera enterarse de que
estaban en su jurisdicción (Mt. 2, 19-23).
San José, varón callado,
diligente, humilde, supo escuchar la voz del Señor. Así María tuvo por esposo a
un varón delicado, y dedicado a la custodia del hijo nacido de sus entrañas purísimas.
Nada era más importante para el santo patriarca que estar al lado de María, y
vivir en presencia del Hijo de Dios. Es esta buena ocasión, un momento
propicio, para pedirle sentirnos muy próximos a la Virgen María para estar muy unidos a Jesús. Nadie ha podido tener más dicha que san José. En vida y a la hora de
la muerte.
Los cristianos
estamos inmersos en una sociedad que quiere tenerlo todo bien atado, los
proyectos bien enderezados, los sinsabores y adversidades que sean para otros, el
éxito hay que obtenerlo en el momento propicio; en definitiva, tener un plan
hilvanado a la medida de nuestros intereses. No es
mala perspectiva, por otro lado. Pero, ¿y Dios? ¿Y si tiene otros planes? ¿Cómo reaccionamos?
¿Nos rebelamos? Mejor no, mejor acudir a san José para pedirle un temperamento
noble, implicado con la voluntad de Dios. El esposo de María tuvo una
colaboración fundamental en la obra de salvación que el Señor llevó a cabo. Obra para la que tú y yo también estamos llamados a colaborar. Porque tú y yo -¿lo sabes?- tenemos una tarea que cumplir y un modelo al que
imitar: “El ejemplo de san José es una
fuerte invitación para todos nosotros a realizar con fidelidad, sencillez y
modestia la tarea que la Providencia nos ha asignado” (1).
La fiesta de san
José es día oportuno propuesto por la Iglesia para pedir por las vocaciones
sacerdotales. Son necesarios hombres entregados también a custodiar a Jesús no
niño, sino hecho Eucaristía. Dios necesita, como cuando era niño, ser
tomado por manos delicadas, por hombres virtuosos, para ofrecerse en el altar
de tantas iglesias del mundo entero donde tiene su casa, ofrecerse por la
salvación de todos los hombres como hizo en el pesebre de Belén.
Y pedimos también
por los que ya ejercen el ministerio sacerdotal para “que san José obtenga a los sacerdotes, que ejercen la paternidad con
respeto a las comunidades eclesiales, amar a la Iglesia con afecto y entrega
plena, y sostenga a las personas consagradas en su observancia gozosa y fiel de
los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia” (2).
Este post tiene su
aparición hoy día 25 de marzo, otra fiesta dentro del tiempo cuaresmal, para
celebrar la Anunciación, día ideal para rezar con mucho sentido el Ángelus, y
recordar el sí de María a Dios.Sin el
sí de María no habría habido sí de José. Ella fue la primera que ofreció su
vida para que la humanidad recibiese el regalo de la entrega de Dios por el
hombre, la entrega por ti y por mí.
Si te das cuenta
dos personas, hombre y mujer, fueron los protagonistas más importantes en la
historia por decir sí al Señor. Salen las cuentas: tú y yo, dos personas, que con
nuestra disposición a cumplir la voluntad de Dios, podemos cumplir la misión que nos ha encargado: aspirar a reconciliar
al mundo con Dios (cfr. 2 Cor 5, 19).
Posiblemente estarás al tanto de la polémica surgida a raíz de la circulación por las calles de Madrid del autobús con el lema “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen”, promovido por la asociación Hazte Oir. Por resolución judicial del Juzgado de Instrucción nº 42 de Madrid, se ha prohibido la circulación de este autobús por entender que es un menosprecio al colectivo transexual. Hazte Oir fue creada en el año 2001 con unas marcadas directrices para “proponer en la vida pública la defensa de la vida humana, de la libertad de educación, de la familia y de la libertad religiosa”.
Para situar la polémica en su justa medida, conviene precisar que esta determinación viene en respuesta a la campaña publicitaria efectuada por la asociación de familias de menores transexuales Chrysallis Euskal Herria, constituida el 8 de marzo de 2015 en San Sebastian, con los objetivos de “atención, ayuda, asesoramiento y formación a las familias de menores transexuales como al establecimiento de una red de apoyo mutuo”. En las capitales de las provincias vascas y Navarra, se han aprovechado las marquesinas de autobuses, y con el lema “Ha niñas con pene y niños con vulva. Así de sencillo” se han colocado imágenes de cuatro niños cogidos de la mano en el que dos niños tienen los órganos genitales cambiados. Las redes sociales también han sido usadas para fomentar esta campaña, que ha podido llevarse a efecto gracias a una donación anónima de 30.000 dólares procedente de un mecenas neoyorkino.
Según información aportada en la página web de esta asociación vasca, “extrapolando los datos sobre prevalencia de los estudios científicos más mencionados en Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya habría 40 menores en situación de transexualidad; según los datos de estudios más recientes podrían ser 400". Esta anomalía está reconocida por la Organización Mundial de la Salud desde 1960 como una rara enfermedad llamada Harry Benjamin (lleva el nombre del médico descubridor). Se produce a consecuencia de la alteración de un gen en el feto en la etapa de diferenciación sexual, aproximadamente 1/30.000 bebés con genotipo XY y en 1/100000 con genotipo XX tienen disparidad neurológica y anatómica, que viene a suponer casi el 1% de la población.
La enfermedad "Harry Benjamín" es lo que llevó a Charlotte Goiar (así se identifica con la prensa y en internet) a ser la primera persona que cambió de sexo, una vez que el Tribunal Supremo autorizó para superar ese trastorno genético. Fue en 2015, a la edad de 42 años, con cargo a la sanidad pública. Ha tenido una larga batalla judicial para conseguir que se le reconociese mujer. Aconsejo leer íntegramente una entrevista que le efectúa Alfonso Vasallo en Actuall.com. Destaco esta contestación a la pregunta de si se considera transexual: “Prefiero no ser definida como transexual, sino como mujer… Sólo hay dos posibilidades en la biología humana demostradas científicamente: hombre o mujer, no hay término medio, ni cinco mil identidades sexuales más como quieren hacernos creer”.
La Universidad Vanderbild y la clínica Portman de Londres han dado a conocer que cerca del 80% de niños que padecen un supuesto problema de identidad, deja de padecerlo en el transcurso de los siguientes años antes de la pubertad y vuelven a recuperar su identidad sexual biológica. El doctor Paul R. McHaug, ex jefe de psiquiatría del hospital Johns Hopkins, primero en Estados Unidos en realizar operaciones de reasignación de sexos, en un artículo en el “Wall Street Journal”, titulado “Cirugía Transgénero no es la solución” califica los cambios de sexo “biológicamente imposibles”, valorando que la transexualidad en los niños son periodos transitorios.
El tema en cuestión encierra uno de los mayores debates que se pueden suscitar. ¿Trastorno mental transitorio tratable y recuperable u operación para cambio de sexo? ¿Reconocer como algunos estudios científicos lo avalan que es una enfermedad? ¿Optar por la operación de cambio de sexo como propugnan quienes defienden que la identidad sexual puede elegirse? Está en juego la identidad sexual de niños, da igual el número.
Un argumento válido para esta disyuntiva estaría en que los padres decidan qué alternativa aplicar, pero hay leyes que no permiten elegir libremente. Una de ellas la tenemos en Madrid. Tal es la ley de Protección Integral contra la LGTBIfobia, y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual, de 3/16 de 22 de julio, aprobada en el parlamente autonómico madrileño. Esta ley en su artículo 70, apartado 4c, califica como falta muy grave "La promoción y realización de terapias de aversión o conversión con la finalidad de modificar la orientación sexual o identidad de género de una persona. Para la comisión de esta infracción será irrelevante el consentimiento prestado por la persona sometida a tales terapias". Y el artículo 72 marca las sanciones a imponer:"serán sancionadas con multa de 20.001 hasta 45.000 euros". Es decir, que si padres o personas, ya sean hombres o mujeres, quieren confiar en profesionales para tratar y superar situaciones psicológicamente traumáticas por su orientación o identidad sexual, corren el riesgo que si se produce denuncia, el profesional puede ser altamente multado.
Podríamos seguir aportando datos. Nos quedamos con los aquí mostrados. Que cada cual saque sus propias conclusiones. Las mías, desde hace ya tiempo, las tengo meridianamente claras. El tema no está cerrado. Ni mucho menos. Hay mucho que escribir.
Como viene siendo habitual desde hace unos meses, te invito en este primer post de mes a conocer el video del Papa Francisco para marzo, por si te quieres unir a esta intención.
Bajo
el lema El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida, el
pasado 12 de febrero los católicos fuimos invitados por Manos Unidas a
participar en la campaña contra el hambre. Las colectas en cada una de las
parroquias de toda la geografía española estaban destinadas a los distintos
proyectos para “lograr un mundo en el que nadie pase hambre, donde el derecho a
la alimentación esté realmente garantizado y la creación no sufra un modelo de
desarrollo depredador que lo contamine y destruye”.
Manos
Unidas es una Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda,
promoción y desarrollo de los países en vías de desarrollo. Mantiene dos líneas
de trabajo: dar a conocer y denunciar la existencia del hambre y del
subdesarrollo, sus causas y sus posibles remedios; y reunir medios económicos
para financiar los programas, planes y proyectos de desarrollo integral
encaminados a atender estas necesidades. Está presente en toda España a través
de 71 delegaciones. El 87,7% de los ingresos tienen carácter privado (socios y
donantes, parroquias y entidades religiosas, herencias y legados, y otros
ingresos varios) y el 12,3% provienen de dinero público (Administración local y
autonómica y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo).
En el año 2015 se recaudaron 45.359.573 euros -la mitad del coste de compra de más de una estrella del fútbol contratada en España, para que te hagas una idea de las innumerables injusticias que
somos capaces de crear y sostener- que se emplearon en 595 proyectos de desarrollo en 58
países. Una
muestra, una grandísima muestra, de la aportación que la Iglesia Católica hace
al mundo para “escuchar y hacernos eco del grito de la tierra y del grito de
los pobres, que es un solo grito y que clama justicia”. Toda información y el
entrecomillado está extraído del folleto, que hemos podido encontrar días atrás
en las iglesias de nuestros pueblos y ciudades.
En
la portada de estos folletos hay unas cifras escalofriantes: 1/3 de nuestros
alimentos acaba en la basura, mientras 800 millones de personas siguen pasando
hambre en el mundo. Todo un dato que no necesita comentario alguno. Muchos piensan cuando ven a una madre sosteniendo en sus
brazos a su hijo de pocos meses desnutrido, que si Dios existe no debería
permitir estas tragedias humanas. Es bien demostrativo que no es culpa de Dios, el mundo querido por Dios es otro:“Y dijo Dios: he aquí que os he dado
todas las plantas portadoras de semilla que hay en toda la superficie de la
tierra, y todos los árboles que dan fruto con semilla; esto os servirá de
alimento (Gén. 1, 29-30). El culpable no es el Creador, sino la criatura, por no administrar con
justicia la riqueza de la tierra. Las palabras del Papa Francisco son una
acusación contra las desigualdades que provoca el mundo… ¿civilizado?: “Sabemos
que es insostenible el comportamiento de aquellos que consumen y destruyen más
y más, mientras otros no pueden vivir de acuerdo con su dignidad humana”
(1).
Como católico, permíteme que así lo exprese, me siento orgulloso de pertenecer a la Iglesia Católica, tan zarandeada, tan deleznablemente criticada por comportamientos muy concretos de unos débiles e inconsecuentes miembros, pero ejerciendo calladamente esa labor de amor al prójimo, de entrega por los pobres, mientras otros organismos internacionales dedican gran parte de sus presupuestos a aplicar en estos países pobres políticas antinatalistas y abortistas, única manera parece ser que tienen de solucionar los problemas del reparto equitativo de los bienes de la tierra, consecuencia,
es una realidad, de estar de espaldas al necesitado, inmersos en una dinámica consumista donde compramos con fecha de
caducidad aquello que anhelamos como si fuera para toda la vida. Es una
sociedad donde el usar y tirar marca la pauta de generaciones y generaciones,
sin importarnos que una gran parte sufre los excesos de nuestros egoísmos. En palabras del Papa Francisco, ésta es la "cultura del descarte".
Con
estos datos, con esta información aportada, es hora de que tú y yo nos preguntemos si esa segunda
parte del lema de Manos Unidas, no será para que nos comprometamos y nos ocupemos más de quien pasa hambre, una necesidad que el mundo no ha sido capaz de resolver. Si quieres saber más sobre Manos Unidas y los motivos del hambre en el mundo, te invito a ver este vídeo. No debes perdértelo.
Con esta entrada ponemos fin al repaso de obras de misericordia que comenzamos el día 15 de mayo de 2016, aprovechando la celebración del Año de la Misericordia, inaugurado por el Papa Francisco el 9 de diciembre de 2015 y terminado el 20 de noviembre de 2016. Siete obras corporales y siete espirituales, o lo que es lo mismo, cómo amar a Dios a través de acciones en beneficio del prójimo.
No creo que exista ningún
cristiano que no se haya dirigido nunca a Dios para pedir por alguna necesidad
física, material o espiritual de un familiar, amigo o conocido. Es una manera,
no la única, de unir el corazón de Dios con aquéllos por los que rezas. El apóstol
Santiago lo recomienda: “Rogad los unos por los otros para que seáis sanos;
pues la oración intensa del justo puede mucho”(St. 5,16).
Ahora bien, si rezar por los
vivos es costumbre usual entre los cristianos, ¿podríamos decir lo mismo por
los difuntos? Decía san Agustín que “una flor sobre su
tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su
alma la recibe Dios”. Quédate con este convencimiento: puedes hacer, y mucho,
por las almas de esas personas que has querido y que aún a pesar de su falta sigues
queriendo.
Vamos al fondo del asunto. Todo pecado mortal es una ofensa grave a Dios, que nos perdona mediante el sacramento de la Confesión, pero queda una pena temporal que por justicia divina debemos resarcir. Si no queda cancelada en vida, después de la muerte debemos expiarla porque el alma no queda suficientemente purificada para ir al encuentro del Padre.
El principal sufragio para la
salvación de un alma es la Santa Misa. Unidos al sacrificio de Jesucristo en el
altar, que hace de mediador entre los allí reunidos y Dios Padre, se ofrece
rememorando el sacrificio de la Cruz para obtener así los frutos de la
redención en beneficio del alma de la persona fallecida.
El modo en el que tú y yo podemos
aliviar esas penas temporales para los difuntos son las indulgencias, palabra
que procede del latín indulgentia, de indulgeo, “ser amable” o “compasivo”; en el
latín post-clásico remisión de un impuesto o deuda. Su regulación data del
decreto dogmático de 4 de diciembre de 1563, aprobado durante la celebración
del Concilio de Trento. Puedes preguntarme quién es la Iglesia para dirimir
sobre el futuro del alma, como si impusiera a Dios el momento en que está
capacitada para encontrarse con Él cara a cara. Te contesta el Señor: “Y yo
te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las
puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino
de los cielos, y cuanto ates en la tierra será atado en los cielos, y lo que
desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt. 16, 18-19).
Las indulgencias pueden ser
plenarias o temporales. Las primeras borran cualquier resto de pecado quedando
el alma dispuesta en el momento de alcanzarlas para entrar en el Cielo,
mientras que las segundas borran parcialmente parte de la pena temporal.
Para obtener indulgencias
plenarias se necesita recibir confesión sacramental, comunión eucarística,
oración por las intenciones del Papa y querer evitar cualquier pecado venial o
mortal. En las indulgencias parciales se requieren tres condiciones: estar en
gracia de Dios, realizar las obras que la Iglesia premia con esa indulgencia y
tener intención de ganarla. Las indulgencias plenarias solamente pueden
obtenerse una vez al día, no así en las temporales que se pueden ganar varias a
lo largo de un mismo día.
También tú estás en disposición
de acogerte a ellas. Las indulgencias no solo se aplican por los difuntos, sino
también por los vivos. Precisamente para evitar tiempo de purificación en el
Purgatorio, la Iglesia piensa en todos los hijos que aún peregrinamos por este
mundo; por tanto, podemos obtener los mismos beneficios para nuestra alma. No
podemos ofrecerlas por otra persona viva, el único beneficiario es uno mismo.
Espero haber contribuido a que conozcas mejor las obras de misericordia, que seguramente aprendiste de memoria en la escuela o en la parroquia y que tenías olvidadas. Siempre podrás pedir mejor explicación a un sacerdote o persona con formación cristiana, que seguro que conoces y tienes ocasión de tratarle. En los puntos 1471 hasta el 1484 del Catecismo de la Iglesia Católica se recogen. Como último recurso, que también es muy aconsejable, tienes páginas en internet para consultar tranquilamente. Te ofrezco un enlace a una de ellas que me parece de las más completas: http://infocatolica.com/blog/sarmientos.php/las_indulgencias_de_la_iglesia_catolica.
Por supuesto que conocerlas es
importante, pero ponerlas en práctica es el mejor modo para parecernos más a
Cristo. Tu fin y el mío, te lo recuerdo, no es otro que alcanzar el Cielo. Y
para ello tenemos a la Iglesia. La frase con la que concluyo es muy
determinante, y no creo que sea para no tenerla en cuenta: “Encontrar a Jesús fuera
de la Iglesia no es posible. El gran
Pablo VI decía que es una dicotomía absurda querer vivir con Jesús sin la
Iglesia, seguir a Jesús fuera de la Iglesia, amar a Jesús sin la Iglesia” (1).
(1)Papa
Francisco, 24/4/2013, homilía en la Capilla Paulina del Vaticano, con motivo de
la festividad de San Jorge.
Después del “parón” navideño que
siempre sugiere tratar temas relacionados con las fiestas que vivimos, volvemos
a las obras de misericordia con la penúltima de las catorce: sufrir con
paciencia los defectos del prójimo. No hablamos de ofensas, agravios o injurias
que nos pueden ocasionar un grave perjuicio; son esos roces cotidianos aparentemente insignificantes a los que no damos excesiva trascendencia, pero que pautan una relación que puede llegar a ser tensa, si no sabemos detener a tiempo ese espíritu crítico que todos llevamos dentro.
A lo largo de un día suele ser habitual
relacionarnos con muchas personas dentro de diferentes entornos: familiar,
universitario, profesional… y como es natural, la convivencia hace que tratemos
con personas que no siempre sus comportamientos se adaptan a nuestra manera de
pensar o de vivir. Todos hemos tenido experiencias que ahora recordamos con
sentido del humor, pero que en su momento nos contrariaban hasta el punto de
perder la paciencia y la caridad.
Recuerdo a un militante sindicalista que tuve por
compañero en la academia donde preparé las oposiciones, que en los descansos
entre clase y clase hacía su disertación sobre la lucha obrera, o el cinéfilo con
quien hacía patrulla en las guardias durante el periodo de milicia, que me
contaba con pelos y señales sus películas favoritas. Los más temidos suelen ser
los cuñados, que en reuniones familiares no paran de hablar y de entender de
todo, sin olvidar a los peluqueros -temidos por uno de mis compañeros de trabajo- que acostumbran a hablarnos de todo durante el tiempo que dedican a cortarnos el pelo. Quienes leáis este post seguro que se os vendrán a la cabeza varias
personas con las cuales tratáis y aguantáis, con más o menos acierto. Es cuestión de paciencia, que es una virtud que tenemos que pedir a Dios, especialista de primer orden en esta cualidad fundamental en las relaciones entre los seres humanos.
Anécdotas aparte, los roces diarios con
el prójimo no carecen de importancia porque pueden erosionar la relación hasta
llegar a agravar el trato con él. Como la gota que cae insistentemente sobre una
piedra termina por deteriorarla con el tiempo, no dar importancia a esos
pensamientos críticos puede llevarnos a adoptar sentimientos de desprecio,
antipatía o rencor, emitiendo juicios temerarios, paso previo a los prejuicios
que tanto daña la reputación de las personas.
Si la Iglesia tiene a bien considerar
misericordiosa la paciencia con los defectos del prójimo, es porque puede
hacerse mucho bien empezando por nosotros mismos. Con esta obra de misericordia cultivamos una virtud que, con la gracia de Dios, podemos poner en práctica frecuentemente. ¿O es que tú y yo no erramos
como el que más?, ¿O es que no tenemos defectos como tienen aquéllos a los que
criticamos? Seamos sinceros, valientemente sinceros: los demás también sufren tus
defectos y los míos. Hay que tomar de vez en cuando prestada las gafas del
prójimo para darnos cuenta que no estamos exentos de provocar en los demás
sentimientos contrarios a los que deseamos. Levantamos polvo en nuestro caminar
por la vida como el que más. Dicho en tono severo y apostólico, como san Pablo acostumbra: “Porque si alguno se imagina que es algo, sin ser nada, se engaña a sí mismo. Que cada uno examine su propia conducta, y entonces podrá gloriarse solamente en sí mismo y no en otro; porque cada uno tendrá que llevar su propia carga”. (Gal. 6, 3-5).
Llevar con paciencia esos defectos del
prójimo que tanto perturban nuestra paz, ayuda a pulir el alma a la vez que
proporciona un trato más afable, considerable y respetuoso con el prójimo; a
vivir, en definitiva, la caridad fraterna que se prueba realmente en las relaciones más estrechas con los demás. Os dejo con este artista de la pintura. Es admirable. Lo tendremos en más ocasiones para poner el punto y final a próximos posts.
Con
la fiesta de los Reyes Magos la celebración de la Navidad de 2016 concluyó el pasado día 6, aunque litúrgicamente terminó el domingo 8 con la fiesta del Bautismo
del Señor. Espero que hayan sido para ti días alegres, familiares, entrañables
y, de esto se trata principalmente, de profundo significado cristiano.
Es
posible que como último recuerdo de estas fiestas esté todavía presente la
tarde del día 5 -aunque en numerosos pueblos y ciudades llegan el 4, incluso en
algún que otro lugar, el día 3-, donde pudiste ver con renovada ilusión a sus
Majestades, y te despertaste muy temprano la mañana del día 6 para ir en busca
de los regalos que te dejaron de madrugada. Y no me digas que ya no tienes edad
para ilusionarte, porque no importan los años, la edad del corazón se mide por
la capacidad de ilusionarte cada día, y estarás conmigo que estas fechas son
las más propicias para “quitarnos” unos cuantos años de encima.
La
información que tus padres y los míos nos proporcionaron desde pequeños era que
los Magos cada año vienen desde países lejanos con su largo séquito, para
distribuir los regalos la noche del 5 de enero a niños y niñas, y mayores, que confían en
la generosidad de estos singulares personajes. Pues bien, en estas fiestas he
llegado a una profunda reflexión que puede echar por tierra el planteamiento de
nuestros padres. Si quieres conocerla sigue leyendo.
Observando
con detenimiento la alegría desbordante de Melchor, Gaspar y Baltasar por las
calles de nuestros pueblos y ciudades, descubriendo el afán desmedido de hacer
felices a niños y mayores, he llegado a la conclusión que tanto júbilo
exteriorizado se debe a que de dónde vienen realmente no son de sus palacios,
sino de una pequeña aldea llamada Belén, donde han encontrado en una cueva
acostado en un pesebre, junto a una joven de Nazaret y a su esposo, a un niño llamado Jesús, contemplando admirados el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento: “Mirad, la Virgen está encinta y dará a luz
un hijo, a quien pondrán por nombre Enmanuel".
Y
con la alegría desbordante de encontrar al Mesías, después de hacer entrega de oro, incienso y mirra,
tal y como se narra en el evangelio de san Mateo, Melchor Gaspar y Baltasar parten desde Belén para entregar con inusitado cariño esos regalos esperados
por millones de niños, niñas y mayores con corazón de niño, entre los que se esconde la sonrisa del Niño Dios. La raíz de ese deseo imperecedero de los Magos de Oriente de hacer felices a niños, niñas y mayores, nace de la aventura de encontrar a Dios en sus vidas. ¡Cómo no van a mostrar incalculable generosidad, si el mismo Dios es capaz de donar a la humanidad al Unigénito! ¡Cómo no van a mostrar desbordante felicidad si han visto con sus propios ojos al Salvador en un pesebre! Ninguna experiencia puede colmar tanto las ansias de felicidad del hombre que la de encontrarse con Dios.
Pero
no hay que olvidar un detalle: los Magos han sido capaces de abandonar
comodidades, no han bajado el ánimo a pesar de que durante el trayecto han
perdido la estrella que les guiaba, han sabido continuar el camino emprendido
con el firme propósito con el que salieron de sus palacios. La historia no es
fácil pero el final siempre es feliz.
Me
alegraría mucho que te formaras este propósito para el año que ha comenzado: “Que busques a Cristo: Que encuentres a
Cristo: Que ames a Cristo” (1). Es lo que hicieron los Magos. Dios ha nacido, para que tú y yo nos consideremos hijos de Dios, "de manera que ya no eres siervo, sino hijo; y como eres hijo, también heredero por gracia de Dios" (2). No hay mejor modo de emprender el camino por este nuevo año. Te dejo el primer vídeo de 2017 del Papa Francisco con las intenciones para este mes de enero. Si quieres conocerlas no tienes más que pinchar, ver y escuchar, dura menos de minuto y medio.